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DÉCIMOCUARTO CASO
Mensaje Publicado: Mie, 28 Jul 2010 12:20 pm    Asunto: DÉCIMOCUARTO CASO Responder citando
nedhel
espirita
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Registrado: 13 diciembre 2008
Mensajes: 381




DÉCIMOCUARTO CASO

Lo saco del libro titulado. Messages from the Unseen. Se trata de una santa madre que

se comunica por el intermedio de su hija. Adorna la cubierta el retrato de la muerta, cuyos trazos

angélicos se armonizan de modo muy sugestivo con el contenido de los mensajes, que exhalan el perfume

celeste de una bella alma, en suprema comunión de amor con todos los seres del Universo.

Es tan espontánea, tan natural la forma en que son dictados los mensajes, que sugiere a

los que los leen la intuitiva certeza del origen, auténticamente trascendental, de dónde emanan.

En el primero, la muerta expresa su viva alegría por sentirse, al fin, liberada del cuerpo.

Se dirige, después, al marido en los siguientes términos:

Me encuentro en este momento contigo, bien cerca de ti y de mis hijos. Aparta de la mente

esa idea de que estoy muy lejos del medio donde viví. Puedes consultarme sobre todo lo que te plazca con

más facilidad que antes. Estaré siempre en relación con todos vosotros; no os dejaré un solo instante,

hasta el día en que os dé la bienvenida tras el pasaje del gran río. Pueda este pasaje ser para todos tan

suave como lo fue para mi. No me acuerdo de cosa alguna concerniente a la travesía.

Debo haberme dormido largo tiempo, si bien no guardo de ello ningún recuerdo. Pero,

cuando abrí los ojos, me encontré curada milagrosamente. Me vi tal como era en los mejores años de mi

mocedad, sin embargo, todavía infinitamente más exuberante de vida, más lúcida de espíritu, más

dichosa. El largo período de mi enfermedad me pareció un mal sueño, del cual por fin despertaba, para

volver al afecto de las personas que me son queridas y que me asistieron con tanta abnegación. Me sentía

en la posesión de toda la rica experiencia adquirida durante mi paso a través de la existencia terrestre...

En el segundo mensaje vuelve a la circunstancia de la crisis de la muerte, diciendo:

Ignoro lo que experimentan otros en la gran travesía que separa el mundo espiritual del mundo

terreno; mi experiencia se resume en un despertar maravilloso que, todavía ahora, me llena de extática

alegría. No temáis a la muerte; no hay nada que temer; todas las penas, todos los dolores, todo lo que

hay de feo en la gran crisis, pertenece al lado físico; del otro lado está el Amor – el Divino Amorcombinado

con la gloria inexpresable del despertar espiritual. Cuando desperté, me vi rodeada por la

asamblea de todos los que amé en la Tierra. Vi en torno de mí, los semblantes de todas las personas

queridas que yo conocí en las diferentes épocas de mi vida, desde la más tierna infancia, personas que

habían sido en su mayoría, desde hacía muchos años, arrancadas a mi afecto. Al mismo tiempo

resonaban maravillosos acordes musicales, literalmente celestes, que yo escuchaba extasiada. En mi

traspaso no hubo cambios bruscos; me dormí y desperté, poco a poco, a una vida en la que se tiene una

conciencia más vasta de sí mismo y se sabe muy bien estar curado de todas las enfermedades y libre,

libre para siempre de mi pobre cuerpo envejecido, que durante tanto tiempo me pesara sobre el Espíritu

cual losa. ¿Cómo expresar con palabras lo que esto significaba para mí?

Sólo los que como yo sufrieron largamente, esperando con ansiedad la liberación, se encuentran

en condiciones de concebirlo. Me siento perfectamente bien, exuberante de vitalidad, rejuvenecida. En

cuanto al despertar, respondí a los saludos de bienvenida de tantas personas queridas, que me habían

venido a recibir, sabía que no soñaba, que efectivamente había entrado en el mundo espiritual; sabía que

estaba muerta.

" ¡Muerta!" ¡Esta palabra es un contrasentido! Nunca habléis de mí como una persona muerta.

Estoy viva, con una vitalidad que jamás había experimentado, ni soñado, en posesión de nuevas

facultades, de nuevas energías, con un poder de amar y de ser feliz, diez veces más fuerte que antes. Todo

esto me revela el gran hecho de que la existencia, en estas esferas, debe constituir una alegría

permanente. Para alcanzar tal meta, vale bien la pena de vivir una vida de luchas y sufrimientos. Ahora

me parece que viví en la Tierra una existencia de sueño; solamente es esta, efectivamente, la existencia

real; aquella era una sombra de la vida. Sólo vosotros continuáis a ser para mí una realidad de la

existencia terrena; el amado compañero de mi vida y mis hijos constituyen el lazo único que me ata

todavía al mundo de los vivos.

En el Paraíso, donde me encuentro, reinan el perfecto amor y la harmonía universal, que se

manifiestan en una gloria de luz radiante, vibrante de energías vitales, que llenan el alma de sentimientos

agradables y de suprema alegría. En nuestro medio, los pensamientos sustituyen a las palabras; ellos no

solamente vibran al unísono con las almas, sino que se revisten de colores admirables y se transforman

en sonidos muy armoniosos, lo que hace que oigamos resonar a nuestro alrededor una sinfonía de

acordes musicales, cada vez más y más maravillosos, de una belleza infinita.

... Deseo todavía hablaros de la maravillosa música que me recibió, a mi entrada en el mundo

espiritual, experiencia que sobrepasa todo lo que conocí en la Tierra. No era yo la única que la oía; la

mayoría de los espíritus que se habían reunido para recibirme la escucharon y gozaron de ella conmigo.

Era una serie gloriosa de acordes musicales que parecían venir de un instrumento central, de un órgano

gigantesco. Se expandían y vibraban en el espacio, en ondas de harmonías celestes, que parecían

elevarse hasta fundirse con Dios. Era tan potente esa sinfonía, tan grandiosa, tan penetrante, que se diría

que el Universo entero podría oírla. Y, sin embargo, al escucharla, yo tenía la intuición de que aquellos

acordes sonaban solo para mí, que ellos me llegaban como una voz que se dirigía a mi alma,

descubriéndome la naturaleza íntima y los secretos maravillosos de mi ser y enseñándome que, en el

mundo espiritual, la música es el vehículo revelador de las grandes verdades cósmicas... Si me

preguntaseis donde estaba el instrumento musical, del que procedía aquella música, quien era el músico,

no sabría responder. Se empezó a escuchar de repente, sin que nadie la hubiese pedido. Sé, apenas, que

representa, con respecto a mí, el primer paso para la iniciación en las maravillas de la esfera espiritual

que tuve la dicha de alcanzar...

Uno de los grandes atractivos de esta Esfera consiste en el hecho de que tiene algunos lados de su

configuración invariables, habiendo, sin embargo, al mismo tiempo, en ella, una especie de

configuración superpuesta –si así se puede decir- que es, por el contrario, muy variable. Es que todos

poseemos facultades creadoras, que actúan perpetuamente sobre el medio inmediato donde existimos. Se

sigue de ello que todo cambio en nuestra manera de sentir y de pensar acarrea la variación

correspondiente en el medio que nos rodea. Nuestros vestidos son también creaciones de nuestro

pensamiento y están constituidas de elementos sacados del medio donde habitamos. Todavía no aprendí

exactamente el proceso por el cual se opera este milagro, pero el hecho es que estas manifestaciones

exteriores de nuestro pensamiento traducen las disposiciones interiores de nuestro espíritu. Resultando

de ahí qué, para los Espíritus habitantes desde hace mucho tiempo en este medio, sus vestidos

constituyen un símbolo infalible, que les revela el valor moral intrínseco...

Aunque la naturaleza de este mundo difiera enormemente de la Tierra, los dos mundos se parecen,

con la diferencia de que el mundo espiritual es infinitamente más depurado, más sublime, más etéreo:

eso es todo.

¡Cosa singular! Aunque, a mi llegada al mundo espiritual, todo lo que encontré me pareció tan

maravilloso, experimenté enseguida la sensación de encontrarme en un medio familiar; o, más

exactamente, de encontrarme otra vez en un medio que no era nuevo para mí. Expresé está opinión a mis

compañeros espirituales y entonces me informaron de que yo recuperaría gradualmente los recuerdos de

acontecimientos personales que se extienden mucho más allá de mi existencia terrestre, alcanzando

recuerdos de un tiempo en que habité en el mundo espiritual, que es nuestra verdadera morada.

Efectivamente estoy comenzando a acordarme... No deseo entrar en una larga disertación sobre el tema,

pero es bueno que diga el resultado para mí a este respecto. Espíritus con los cuales he tenido

oportunidad de hablar de este asunto, me informaron que recordaban todas las existencias que habían

vivido en el planeta Tierra. Yo misma empiezo a acordarme de las fases de existencias encarnadas,

anteriores a la que acabé últimamente, Apenas, por lo que me toca, podría decir si esos recuerdos se

refieren a vidas pasadas en la Tierra, o en otros planetas del Universo. Pero si se con certeza que me

hallaba revestida de un cuerpo muy semejante al cuerpo viejo que acabo de dejar.

En el presente caso, asistimos al paso de una bella alma para el medio espiritual, alma que

por la "ley de afinidad", gravita hacia una esfera elevada del medio "astral". Se concibe entonces que las

circunstancias de su traspaso sean algo diferentes de aquellas que ocurren a otros Espíritus que

desencarnan.

Observamos que, en la presente narración no hay referencia a dos circunstancias

importantes en las precedentes experiencias análogas. La primera consiste en el detalle de que los

Espíritus no se perciben que están muertos; otra consiste en el fenómenos de la "visión panorámica" de

todos los acontecimientos por los cuales habían pasado –fenómeno o prueba casi infalible, en la crisis de

la muerte, para las almas que desencarnan en condiciones normales de espiritualidad. Vemos en el caso

que nos ocupa, que la personalidad comunicante refiere haberse despertando sabiendo perfectamente que

había muerto y que estaba en el mundo espiritual, a la vez que no habla de la irrupción general de

recuerdos en su conciencia, ni durante la agonía, ni después al despertar.

Aparte de eso, su descripción concuerda, en todos los detalles, con las otras narraciones del

mismo género. Se aprecia, en efecto, que ella pasa por una fase de sueño reparador que, por lo que dice al

respecto, se continúa tras el sueño de la muerte, de manera que le corta los estados de ansiedad o

confusión, inherentes a la crisis suprema. Observamos, aparte de eso, que es acogida en el mundo

espiritual por los Espíritus de los difuntos que amó, cuando viva. Finalmente, ella se encuentra de nuevo

en forma humana en el mundo espiritual.

Notemos también que ha dicho que, en ese mundo, los Espíritus conversan entre sí por medio de

la transmisión de pensamientos; que el pensamiento y la voluntad espirituales constituyen fuerzas

creadoras. A propósito de esta última circunstancia, debo señalar un detalle secundario, que concuerda

perfectamente con lo que relatan los otros Espíritus que se comunican con los vivos: es que el paisaje

"astral" se compone de dos series de objetivaciones del pensamiento, bien distinta una de la otra. La

primera es permanente e inmutable, por ser la objetivación del pensamiento y de la voluntad de entidades

espirituales muy elevadas, propuestas para el gobierno de las esferas espirituales inferiores; la otra es, al

contrario, transitoria y mutable; sería la objetivación del pensamiento y de la voluntad de cada entidad

desencarnada, creadora de su propio e inmediato medio.

Del punto de vista de las informaciones concernientes a detalles que solo se dan raramente en el

período inicial de la existencia espiritual, es remarcable cuando el Espíritu, autor del mensaje, nos habla

de dos circunstancias especiales: una la de haber percibido, al despertar, una onda de "música

trascendental" y por otro lado la de no haber tardado en experimentar la sensación de "ya visto", a

propósito del medio espiritual en el que se encontraba y en el que pensaba hallarse por primera vez.

El análisis comparado, aplicado a un número adecuado de "revelaciones" de esta especie,

demuestra que estas circunstancias constituyen una prueba de elevación espiritual del desencarnado que

las experimenta en el transcurso del período inicial que sigue a la crisis de la muerte.

En lo concerniente a la "música trascendental", haré notar, primeramente, que este fenómeno,

a veces se produce en el lecho de muerte de enfermos espiritualmente elevados. En estos casos, es

frecuente que algunos de los asistentes, perciban, al mismo tiempo que el moribundo, esta manifestación

paranormal; sin embargo, es poco frecuente que toda la gente lo oiga. Ahora, es considerable, en este

caso, que la personalidad comunicante dice que "la mayoría de los Espíritus, que se habían reunido para

recibirla, percibían la aludida música, de la cual gozaban deliciosamente al mismo tiempo que ella", lo

que da a entender que, entre todos los Espíritus en cuestión, algunos había que no la percibían, o, en otras

palabras, que había entre ellos Espíritus todavía poco evolucionados para llegar a percibirla. Forzoso es

que deduzcamos de ello que la tonalidad vibratoria de sus "cuerpos etéreos" no estaba suficientemente

depurada para sintonizarse con aquellos acordes musicales muy elevados. A este respecto, es importante

observar que los Espíritus comunicantes, se muestran unánimes al afirmar que, en el entorno espiritual,

los acordes musicales representan un valor psíquico-constructivo de primer orden, que corresponde, de

manera impresionante, a una de nuestras más importantes generalizaciones científicas, según la cual todo

lo que el Universo contiene puede reducirse a un múltiplo o submúltiplo de una gran ley misteriosa: la ley

del "ritmo" que, en último análisis, reduciría todo el Universo –materia y espíritu- a un fenómeno de

"vibraciones", de ahí la profunda intuición de los filósofos orientales, cuando dicen que, en el fenómeno

del "movimiento", asistimos a la manifestación inmanente de un atributo de Dios. Ahora, los acordes

musicales pueden ser reducidos a una combinación y a una sucesión de "vibraciones", que se armonizan

entre sí. Por otro lado, en el fenómeno "vibratorio" se dibuja un misterio primordial, destinado a regir el

Universo entero. Es así que llegamos fácilmente a concebir el gran interés espiritual y constructor que los

acordes deberían presentar, en un ciclo de existencia puramente mental, como es la de los Espíritus

desencarnados.

Voy ahora a analizar, en algunos renglones, la sensación de "ya visto", que la personalidad autora

del mensaje experimentó –sensación que insinúa la teoría de las "vidas sucesivas", es decir, la hipótesis

"reencarnacionista". Sabemos que es este el único punto importante de desacuerdo parcial que se

establece entre los mensajes de los Espíritus que se comunican entre los pueblos latinos, que afirman

continuamente la realidad de las vidas sucesivas, y los de los pueblos anglosajones que están en

desacuerdo en la proporción de dos tercios que niegan más o menos claramente esta forma evolutiva del

ser humano y un tercio que la afirma de una manera más o menos categórica. No olvidemos que los

pueblos anglosajones experimentan una "aversión de raza" –por así decir- contra la solución

reencarnacionista del misterio del ser. Sin embargo, como ya dije en otras obras, este contraste de

opiniones, relativo a un problema sin solución para los que lo discuten –es esencialmente metafísiconada

significa, ya que los propios Espíritus reconocen que todo lo ignoran al respecto y juzgan sobre el

asunto según sus propias aspiraciones personales. Algunos declaran que una especie de "segunda muerte"

se verifica en las esferas espirituales, de la misma manera que se muere en el mundo físico, es decir, que

cuando un Espíritu ha llegado a la madurez espiritual, se adormece y desaparece de su entorno, sin que

otros sepan lo que pasó con él. Son pues llevados, como nosotros, a hacer sobre ese punto todo tipo de

suposiciones diferentes. He aquí las palabras al respecto del Espíritu Jorge Dawson, en el libro de la Sra.

Dawson Scott, From Four who are Dead (pág. 126):

Nuestra existencia en la misma esfera espiritual puede prolongarse durante mucho tiempo. Pero,

mi padre y mi madre ya abandonaron el medio en que me encuentro y pienso que no tardaré en seguirlos.

Supongo que ellos se fueron porque la evolución espiritual de ambos alcanzó el grado máximo

conciliable con la existencia en nuestra esfera.

La Sra. Dawson Scott - ¿Ignoras para dónde fueron?

El Espíritu – Imagino que la razón por la que se nos volvieron invisibles es que sus cuerpos

espirituales habrán alcanzado el grado máximo de purificación en nuestra esfera de existencia. En otras

palabras: imagino que el hecho es debido a mis condiciones, que todavía no llegaron al grado necesario

de purificación...

La Sra. Dawson Scott - ¿Cuál sería la finalidad de esa larga y lenta evolución?

El Espíritu – Unos piensan a este respecto de una manera, otros de otra diferente. Por mi parte

renuncio a esas especulaciones y vivo dichoso entre las alegrías de la hora presente. (Págs. 126-127)

Tales son las declaraciones de las entidades que se comunican, acerca del estado de inseguridad en

que se encuentran, relativo al destino que les aguarda, después de la crisis de la "segunda muerte": estado

absolutamente análogo al de los vivos, con la diferencia de que en el medio espiritual, se tiene la certeza

de la supervivencia. Las opiniones preconcebidas de los Espíritus –pro o contra la teoría de las "vidas

sucesivas"- contribuyen, probablemente, a acentuar entre ellas el desacuerdo sobre este punto.

Efectivamente, los que experimentan aversión a la teoría impiden, por ello, que los recuerdos de sus vidas

anteriores surjan de la memoria latente; mientras que los que piensan positivamente favorecen que

emerjan a sus conciencias los recuerdos, volviéndose todavía más afirmativos a tal respecto. En suma,

forzoso es concluir que, si los Espíritus, en sus comunicaciones, manifiestan opiniones discordantes,

relativas a la reencarnación –que continúa a ser para ellos una cuestión metafísica – eso les concierne y

nada aporta de valor a las concordancias positivas, concretas, indudables, que se comprueban en las

informaciones que ellos nos aportan, con referencia al medio y a la existencia espirituales. Es muy de

notar, al mismo tiempo, que todo contribuye para demostrar que la verdad, acerca de las "vidas

sucesivas", debe estar reservada a entidades que existen en condiciones espirituales muy evolucionadas,

condiciones que favorecerían el emerger espontáneo de los recuerdos de esta naturaleza. Las condiciones

espirituales de la personalidad mediúmnica, de la que se trata en este caso, deben ser justamente tales, por

lo cual ella experimentó la sensación de "ya visto" nada más llegar al mundo espiritual, sensación que fue

seguida por los primeros recuerdos de existencias anteriormente vividas.

DÉCIMOQUINTO CASO

La Sra. Natacha Ramboya publicó recientemente un libro titulado Rudy, en el que narra la

vida de su marido, Rodolfo Valentino, el célebre artista cinematográfico, añadiéndole algunos mensajes

mediúmnicos obtenidos del difunto. Del punto de vista de las "revelaciones transcendentales" el libro es

muy interesante, constituyendo una síntesis admirable de lo que viene siendo invariablemente afirmado

por otros difuntos, en sus mensajes. Contiene, aparte de eso, ulteriores esclarecimientos relacionados a

temas importantes como, por ejemplo, "el poder creador de que dispone el pensamiento en el medio

espiritual y en el medio terrestre" y la "naturaleza íntima de la música", dos temas que en estas

comunicaciones son tratados a través de informaciones que pueden ser consideradas como relámpagos de

una nueva luz.

Por ese libro se consigue saber que Rodolfo Valentino, en vida, tenía experiencias

mediúmnicas, ya que él mismo era un medium muy notable, escribiente y vidente.

Los mensajes mediúmnicos, que vamos a reproducir, fueron obtenidos por la Sra. Rambova,

en la residencia de su padre, situada en los alrededores de Niza, con la ayuda del medium americano

Jorge Benjamim Wehner, que también servía frecuentemente para la fundadora de la Sociedad Teosófica,

Sra. H. P. Blavatski, que, habiéndose encontrado con el Espíritu del difunto Valentino, gracias a estas

sesiones, se convirtió en su "guía espiritual".

Del punto de vista de los episodios que se producían en el transcurso de las sesiones y cuya

veracidad se ha podido comprobar, me limitaré a decir algunas palabras del incidente inicial, que sucedió

cuando Valentino se hallaba en estado desesperado, en la ciudad de Nueva York. Se manifestó esa noche

en el grupo familiar, en Niza, una mujer, que en vida se llamó "Jeny" y que había sido gran amiga de la

Sra. Rambova y de su marido, diciendo haber estado constantemente a la cabecera del moribundo y

haberlo visto cuando era transportado para la casa de salud. Una semana después de la muerte de

Valentino, la Sra. Rambova recibió de su hermana, residente en Nueva York, una carta en que la

informaba, entre otras cosas, de que Valentino veía a "Jeny" y la llamaba por su nombre, cuando lo

llevaron al hospital. En fin, el propio difunto, en sus primeros mensajes mediúmnicos, refirió haber visto

a "Jeny" y haberla llamado. Se trata pues de una triple confirmación del mismo fenómeno, en el cual la

veracidad de la primera información mediúmnica, acerca de la visión del enfermo en el lecho de muerte,

fue demostrada enseguida por una carta expedida después de la manifestación, y confirmada enseguida

por el propio difunto en sus comunicaciones.

Procediendo a relatar los pasajes referidos al tema que nos ocupa, considerable es la

dificultad en que me veo, ante el número de incidentes importantes, que no debería dejar de referir. Me

ceñiré, sin embargo, a lo estrictamente necesario.

Comenzaré reproduciendo casi íntegramente el mensaje III, en que es narrado por el difunto,

con gran elocuencia, los hechos concernientes a su muerte. Escribe él:

Cuando ya me encontraba en estado muy grave, pero sin que los que me asistían supiesen

que yo iba a morir, vi de repente el fantasma de "Jeny". Tan sorprendido me quedé, que creo que la

llamé por su nombre. La vi por un instante: estaba rodeada de una luminosidad rosada. Me miró

sonriendo, exactamente como hacía en vida, cuando sabía que yo necesitaba ánimos, y me extendió los

brazos. Con aquella sonrisa parecía decirme: "No te aflijas" Pero no la oí hablar. Al cabo de un

segundo, la visión desapareció; pero bastó para hacerme comprender que yo iba a morir. En el fondo de

mi ser tuve la intuición de que mi carrera terrestre tocaba a su fin. Me horroricé. No quería morir.

Extraña sensación se apoderó entonces de mi: parecía que caía por un abismo en el vacío, fuera de todas

las cosas.

El mundo me parecía más agradable y más bello que antes. Pensé en mi trabajo, que tanto

me gustaba. Pensé en mi casa, en mis cosas, en mis animales favoritos. Múltiples recuerdos se

presentaban en mi cerebro. Eran recuerdos de coches, de viajes, de yates, de trajes, de dinero. Todo ese

material, confieso me parecía precioso. La idea de que todo eso iba a ser alejado de mí y para siempre,

me aterrorizaba. Sentía la impresión de que mi cuerpo se había vuelto muy pesado y, a la vez, de que

había alguna cosa en mi interior, que me parecía cada vez más leve, como si yo fuese a elevarme por los

aires, de un momento a otro.

El tiempo se agotaba y eso adquiría para mí singular importancia. Me parecía que algo

misterioso y desconocido se dibujaba a lo lejos, delante de mis ojos. Me sentí sumergido en una

aterradora sensación de inmensidad, que me oprimía y me hacía estremecer el alma.

Cientos de cosas, que proyectaba hacer, desfilaban en mi espíritu: cosas importantes unas y

banales otras. También me venían a la memoria las cartas que tenía la intención de escribir. Sin

embargo, la visión fugaz, pero viva, de "Jeny" me había convencido de que yo nada iba a poder hacer

de lo que tenía proyectado. No podía olvidar la sonrisa singular y encantadora, sus brazos extendidos,

como llamándome, la luminosidad espiritual que la envolvía.

... En mi cerebro se presentaban confusamente los recuerdos de todas las personas

conocidas. Semblantes, semblantes y más semblantes. Eran personas que había visto algunos días antes;

otras que conocía hacía años. Pensaba en mis jóvenes amigos, en las personas que me pedían ayuda, en

las que perteneciendo a otras clases, venían a hablar conmigo por los más diversos motivos. Veía los

rostros de María, de Alberto, de Ada, de tía Tessie, de Schenck, de Muzzie, el tuyo! ¡Rostros, rostros,

siempre rostros! Después, recuerdos de mi padre, de mi madre. Mi infancia, la escuela, mi bella Italia;

mi primer viaje a América, mi primer certificado de nacionalidad. Este flujo inmenso de recuerdos me

aligeraba las penas. Los más insignificantes y más ridículos acontecimientos de mi existencia también se

desarrollaban muy vivaces en mi cerebro. Locuras, placeres, dolores –todo lo que yo había hecho en mi

vida se presentaba, sin se evocado, no se de donde, para hacer acto de presencia. Todo eso acabó por

producirme vértigo: me desmayé.

Cuando volví en mí, la operación quirúrgica había terminado, Toda la gente me dedicaba

sonrisas de ánimo. Era necesario que me quedase absolutamente quieto, aunque desease pedir muchas

cosas.

Aunque, en mis últimos días de vida, me había sentido con bastantes fuerzas, ahora me veía

preso de un inexplicable sentimiento de miedo. Me parecía que, si conseguía levantarme y comenzase a

ocuparme con las cosas que tenía abandonadas, conseguiría hacer que desapareciese aquel misterioso

miedo. Pero como era natural no me permitían ni siquiera incorporarme. Me llegó tu misiva y me

reconfortó enormemente. Tuve entonces una intuición exquisita: la de que en breve te volvería a ver y

que, de un momento a otro te vería en mi cuarto. Mi guía espiritual – Sra. H. Blavatski – me ha explicado

más tarde que esa sensación era producida por lo siguiente: estar yo a punto de ir a estar contigo.

Me sobrevino enseguida una gran dificultad para respirar. Comprendí que mi fin se acercaba. Me

sentí aterrorizado. La hora extrema me tomó de una manera repentina. No creo, mi querida Natacha, que

mi estado de alma fuese el de temor a la muerte. No, yo temía frente a lo desconocido. Sabes bien cuánto

me inquietaba siempre la inseguridad de una situación, así como cualquier cosa desconocida.

Fue entonces, mi querida Natacha, cuando comencé a percibir un cambio en mi ser. Me percibía

en mi cuerpo y en mi espíritu. Me parecía que alguna cosa salía de mí. Experimentaba de vez en cuando

una sensación como si alguna parte de mi ser estuviese siendo arrancada del resto.

Pensaba en lo que iba a pasar con mi cuerpo: funerales, incineración o entierro, cosas todas que

me causaban horror.

Llegó el sacerdote. Lo vi como a un rayo de luz en las tinieblas. A él me confié, con todos los

sentimientos de terror, de horror, de inquietud que me atormentaban. De nuevo emergían a mi

conciencia los recuerdos de mi infancia; delante de mi desfilaban las naves de una catedral.

¡Los últimos sacramentos!

Cuando la sencilla ceremonia terminó, ya me sentía lejos de mi terreno. Se había modificado mi

situación mental. La iglesia me tenía consigo, como si una fuerte mano amiga me sujetase. Ya no estaba

solo. No tuve más miedo. Inmediatamente las personas que me rodeaban se volvieron borrosas. Silencio.

Tinieblas. Inconsciencia.

No puedo calcular durante cuanto tiempo permanecí en ese estado. Al final abrí los ojos, como si

despertase de un largo y profundo sueño, experimentando a la vez la sensación de estar siendo

arrastrado hacia arriba. Me encontré en una maravillosa luz azulada. Luego vi, dirigirse a mi encuentro,

a "Black Feather" (el indio, "Espíritu-guía" de Valentino, cuando éste servía de medium) "Jeny" y

Gabriela, mi madre!

¡Estaba muerto!

¡Estaba vivo!

Tales son, Natacha, los primeros recuerdos que tengo de mi muerte.

La narración que acabamos de leer resume los acontecimientos del "primer tiempo" del traspaso

de Valentino. Su espíritu le añadió recuerdos del "segundo tiempo", durante el cual se vio atraído y

prisionero en el entorno terrestre, debido a la gran emoción que su muerte causó entre los innumerables

admiradores de su arte. Escribió:

Era el día en que transportaban mi cuerpo hacia su última morada. Comencé a percibir una

renovación del interés público por mi persona, interés tan vivo, que creo que contribuyó a retener a mi

Espíritu en el medio terrestre. Cuando mi cuerpo fue depositado en la tumba y los periódicos empezaron

a olvidarme sentí una sensación de soledad desoladora... Me revolví contra el destino, que me arrancó la

vida en el apogeo de mi gloria. Incluso lamento haber hecho una apreciación excesivamente elevada a mi

respecto, ya que me parecía que el cine mudo, sin mí, no podría continuar. Ahora me río de mí mismo.

Pero, en aquellos momentos, juzgaba seriamente que mi muerte era una pérdida irreparable para el arte.

Me encontraba de nuevo en el entorno terrestre y estaba solo. Paseaba a lo largo de

"Broadway". Esa calle me parecía tan real como si estuviese recorriéndola vivo. Sin embargo, nadie me

hacía caso. Sentía cierta dificultad en convencerme de que nadie daba conmigo. Me veía tan real y tan

reales veía a los vivos, que no me llegaba a hacer idea del gran cambio que se había operado. Acabé por

aburrirme de deambular de aquella manera, entre la multitud de transeúntes apresurados, que todos

parecían decididos a chocar conmigo. Una vez, di un encontronazo en medio de una mujer. Ella

palideció y acercándose al caballero que la acompañaba, exclamó: "¡Dios mío! ¡De dónde vino ese aire

helado que he sentido! Esta exclamación me puso furioso. ¿Así que la muerte me había transformado en

un aire frío? Eso de modo alguno me resultaba halagador. Me dirigí hacia un grupo de artistas de teatro,

que estaban parados a la izquierda de la " Avenida 47". Cogí a uno por el brazo y le grité fuerte: "¡Yo

soy Rodolfo Valentino!" Pero el hombre no se dio cuenta de nada y continúo riendo y conversando.

Qué resentimiento contra todo el mundo se apoderó de mí, en aquel rincón de la calle. Lloré de

dolor y de rabia. Pero era vana toda rebeldía.

De inmediato te dirigí mi pensamiento; me acordé del telegrama que me enviaste, cuando me

encontraba muy grave, así como de los telegramas de Muzie y del tío Dick. Mientras pensaba en esto

sentí que me tocaban en el brazo. Me volví y vi a una mujer con aspecto de matrona, de mirada

inteligente y generosa. Nunca olvidaré el tono dulce y tranquilizador de su voz, aunque pronunció las

primeras frases con impetuosa vehemencia. Exclamó: Sufrimiento y un infierno de llamas fue lo que te

predijo la Iglesia y es lo que ahora te hace tan desdichado! Ven conmigo! Nada hay de cierto en lo que a

tu Espíritu le inculcaron los representantes de los credos llamados cristianos: son pobres ciegos todos

ellos. Necesitas, en estos momentos, un guía; aquí estoy. Fui en vida H. P. Blavatski..."

Dicho esto, añadió, sonriendo: "Ven" – Perdí el sentido. Cuando volví en mí, me encontré en el

salón de la vivienda del tío Dick. Era de noche; las escaleras estaban iluminadas. Mi guía se encontraba

en la entrada y me hizo señales para que fuese. Juntos atravesamos muchos aposentos que yo conocía

bien y llegamos al cuarto de Muzzie. Tu estabas con ella; delante de vosotras estaba Jorge Wehner,

profundamente dormido en una poltrona.

Me dijo la Sra. Blavatski: "Está inmerso en un sueño mediúmnico así que puedes hablar con los

tuyos."

Así fue, mi querida Natacha, el comienzo de mis comunicaciones contigo. Se lo debo a mi

generosa guía.

Siendo ya muy largos los pasajes que acabo de reproducir, me limitaré a añadir alguna líneas

para hacer observaciones análogas a los casos citados anteriormente.

Primeramente, en los que concierne a la potencialidad relativa del pensamiento, encontramos en

estos mensajes, observaciones muy importantes, sobre la manera en que tal potencialidad se manifiesta en

el mundo terrestre. Conforme a estas observaciones, los personajes, que los novelistas y los autores

dramáticos crean, tomarían a veces apariencias de personalidades propiamente dichas, que existirían

temporalmente en el medio astral. Estas personalidades estarían dotadas de una cierta inteligencia y

actividad, automáticamente limitada, a la parte que el novelista les otorgó, por ello tales personalidades

no podrían tener recuerdos de un pasado inexistente, como sucede respecto a creaciones análogas de

"personalidades sonambúlicas", en las experiencias de sugestión hipnótica –personalidades que, a su vez,

son inteligentes y actuantes, pero apenas, en los límites que les trazó el hipnotizador. Exactamente de la

misma manera, los personajes efímeros, que los novelistas crean por la fuerza del pensamiento, llegarían,

a veces a subsistir mientras dura el interés que despiertan en una multitud de lectores, interés que al

renovarse y conservar la tonalidad vibratoria contribuiría para mantenerlos. De ahí la posibilidad de

manifestaciones pseudomediúmnicas de personajes de novela –posibilidad que no debemos discutir aquí,

pero que teóricamente existe y es prácticamente demostrable.

Volviendo a la "potencialidad creadora del pensamiento" en el medio espiritual, transcribiré el

siguiente pasaje de las comunicaciones de Valentino.

Aquí, todo lo que existe parece estar constituido en virtud de las diferentes modalidades por las

cuales se manifiesta la fuerza del pensamiento. Me aseguran que la sustancia sobre la que se ejerce el

pensamiento es, en realidad, más sólida y duradera que las piedras y los metales del medio terrestre.

Muy difícil encontraréis, naturalmente, concebir semejante cosa, que parece no conciliable con la idea

común de la manera en que debiera manifestarse la fuerza del pensamiento. Yo, por mi parte, me

imaginaba que se trataban de creaciones formadas de una materia vaporosa; sin embargo son más

sólidas y revestidas de colores más vivos que los objetos sólidos y coloreados del medio terrestre... Las

viviendas son construidas por Espíritus que se especializan en modelar, con la fuerza de su pensamiento,

esa materia espiritual. Ellos las construyen siempre tal y como las desean los Espíritus, ya que toman de

las subconsciencias de estos últimos las características mentales de sus deseos.

A propósito de este mensaje, anotaré que, desde el punto de vista científico, nadie debería

admirarse de la observación del Espíritu, relativa a la apariencia sólida –tanto o más que la piedra- de las

construcciones psíquicas del mundo espiritual. La Ciencia, efectivamente, ya demostró que la solidez de

la materia es pura apariencia. El atributo "solidez" no constituye más que una cuestión de "relación" entre

el individuo y el objeto. Esto quiere decir que, para nosotros, seres formados de la misma materia

constitutiva del medio en el cual vivimos, ese medio, tiene que parecernos necesariamente sólido, ya que

es la perfecta relación entre el individuo y el objeto. De la misma manera, para un Espíritu revestido de su

"cuerpo etéreo", el medio estéreo, en el que vive, deberá parecerle no menos sólido, debido siempre a la

existencia de la perfecta relación entre el individuo y el objeto. Por la misma norma, el Espíritu deberá

percibir como sombras evanescentes a las personas vivas del medio terrestre, debido a la falta de relación

entre las condiciones en que él existe y opera y las condiciones en que existen y operan los vivos, sin

contar que él tendrá la confirmación de lo que supone cuando le ocurra poder pasar a través de una pared

como si esta no existiese.

La última observación contenida en el tramo anterior en la cual se afirma que "las viviendas son

construidas por Espíritus que se especializan en el arte de modelar con la fuerza del pensamiento la

sustancia espiritual", concuerda perfectamente con lo que afirmaba otra personalidad mediúmnica en el

13º caso. Esta entidad, hablando de las construcciones psíquicas, dice: "Gran número de Espíritus no se

ocupa de tales construcciones, ya que ese trabajo está reservado a los que manifiestan disposiciones

naturales para esa obra en especial." Esta coincidencia, en lo correspondiente a un detalle secundario, es

teóricamente más importante que tantas otras referentes a detalles fundamentales. Cada vez menos

inverosímil se va volviendo la hipótesis de las "coincidencias fortuitas", a medida que las concordancias,

entre las descripciones que los Espíritus van aportando, relacionadas con detalles cada vez más

minuciosos, o insignificantes.

Otra concordancia, relativa a un detalle secundario, se encuentra en las informaciones

siguientes, aportadas por la entidad, autora del mensaje, acerca de una categoría de Espíritus de difuntos

que permanecen ligados al entorno en que vivieron, volviéndose frecuentemente "Espíritus

perturbadores", o "burlones". Así se expresa la entidad:

Muchos Espíritus recién llegados no soportan la sacudida mental que les produjo el cambio. Y

por efecto de la ignorancia en que se encuentran, del miedo que los asalta, pasan mucho tiempo

frecuentando, o, incluso, perturbando, el medio donde vivieron y en el cual se ven psíquicamente

prisioneros. Por consiguiente, ellos se encuentran en la parte más baja del plano astral, fuera del mundo

y en el mundo, por causa de la fijación que mantienen a las opiniones y pasiones terrenas. Esos infelices

son los que ahí llaman "Espíritus Asombradores", de que tanto hablábamos en nuestras experiencias

mediúmnicas. Me aseguran que algunos de ellos se muestran de tal modo inamovibles en su obstinación

que no quieren despojarse de las convicciones y de la manera de pensar traídas de la Tierra; se vuelven

mentalmente ciegos, hasta el punto de no poder concebir y, todavía menos, poder avanzar en el medio

espiritual donde nos hallamos. No progresan y son inadaptables, debido a su empecinamiento... Lo peor

es que esas almas pueden permanecer ligadas al mundo durante años e incluso durante siglos. (Págs.

196-197)

Estas enseñanzas, dadas por el difunto Valentino, concuerdan con lo dicho en el caso 8º por

otra entidad, a propósito de "ciertos Espíritus muy bajos que, por conservarse apegados a la Tierra, no

gozan del beneficio del sueño reparador y perseveran en la ilusión de creerse todavía vivos y prisioneros

de un sueño extraño". A esto, añadió el Espíritu: "Debes saber, que los Espíritus prisioneros en la Tierra,

o "Espíritus perseguidores", son los que viven perpetuamente en esa ilusión."

Como vemos, por este detalle secundario, aquel segundo mensaje no solo concuerda con el

primero sino que además sirve para completarlo y aclararlo, ya que da las razones de por qué el hecho se

produce con los difuntos que permanecen atados a las cosas terrenas, hecho al que el fallecido Valentino

alude explicando que tales Espíritus "se vuelven mentalmente ciegos".

Señalaré todavía una "tercera concordancia secundaria", más importante que las primeras. Dice

el Espíritu Valentino pág. 157):

Algunas veces, cuando me encuentro contigo, o con Muzzie, me asaltan dudas, sobre los

resultados que obtendré. Oigo, entonces a H. P, Blavatski, que viene a auxiliarme, aconsejándome: "Es

preciso una voluntad firme! Nada de divagaciones." Su voz suena muy cerca de mi oído; sin embargo,

mis ojos no la ven y mis sentidos no perciben su presencia. ¿Dónde está ella, entonces, cuando así me

habla? ¿Cómo se encuentra en condiciones de saber lo que pienso y lo que hago, cuando, aún sin estar

presente, responde a mis pensamientos? Este es otro misterio que me queda por resolver.

En el caso 9º reproduzco un incidente análogo, en el que un Espíritu refiere que, como deseaba

ardientemente volver a ver a uno de sus amigos todavía vivo, "le llegó de lejos una voz que le habló así:

"Piensa en él, concentra sobre él tu pensamiento y lo verás!" –Era la voz de un Espíritu amigo que,

aunque se hallase distante, vino a auxiliarlo, aconsejándole lo que tenía que hacer.

¿Quién no ve, entonces la importancia de las concordancias de esta clase, cuando son escogidas,

ordenadas y clasificadas en cantidad suficiente? Es acumulativo el valor científico que presentan, pero ese

valor es al mismo tiempo decisivo, en el sentido de la interpretación espíritista de los hechos, por todo lo

cual, sería absurdo y ridículo recurrir a la hipótesis de las "coincidencias fortuitas", en presencia de tan

gran acopio de concordancias de todo tipo.

En lo tocante a las concordancias relativas a los detalles fundamentales sobre la crisis de la

muerte, haré observar que en los mensajes de Valentino, se encuentran todas. De hecho, él sufre la

prueba de la "visión panorámica" en el momento de la muerte; se encuentra en forma humana en el medio

espiritual; es acogido por los Espíritus que le son familiares; no puede creerse que esté muerto, cuando

pasea por Broadway, la gran arteria de Nueva York, y ve a los transeúntes, como los veía cuando vivo;

constata que el medio donde se encuentra corresponde al paisaje terrestre espiritualizado. En fin, aprende

que eso es debido a las circunstancias de que, en el "Plano astral", donde se encuentra, las modalidades

de la existencia son puramente mentales, es decir, que todo lo que existe en ese plano es producto del

poder creador del pensamiento y de la voluntad de los Espíritus que lo habitan. Pensamiento y voluntad

creadores del paisaje espiritual, de la forma humana conservada por los Espíritus que viven aquí, de las

vestimentas etéreas que los cubren, de las moradas donde habitan, etc.

DÉCIMOSEXTO CASO

Los casos que he citado son de difuntos que se encuentran en diversas regiones, o "estados", del

"plano astral", donde por la ley de afinidad, gravitan o permanecen, al parecer durante un período más o

menos largo, todos los Espíritus de los que vivieron en la Tierra de forma moralmente normal. Me queda

referir algunos casos que narran los acontecimientos por los que pasan, durante y después de la crisis de la

muerte, los Espíritus de los "réprobos", obligados a gravitar, por la ley de afinidad, en las "esferas de

pruebas", correspondientes al infierno de los cristianos; infierno, por supuesto, sin torturas físicas y donde

los sufrimientos morales no serían eternos, solo transitorios. Debo, no obstante, declarar que no llegué a

encontrar un solo ejemplo de difunto caído en las esferas infernales, que haya venido a trasmitir

mediumnicamente la narración de su triste aventura.

El hecho parece fácilmente explicable, ya que las relaciones mediúmnicas con entidades

existentes en las más bajas esferas de pruebas, no se verifican con frecuencia; incluso quizás no se

verifiquen nunca. Pero conocemos las condiciones de esas esferas, por las descripciones que numerosas

entidades espirituales han hecho.

En lo tocante a los Espíritus que se encuentran en las esferas de pruebas "intermedias" situadas

en el "bajo astral", algunos de ellos han descrito las vicisitudes de su entrada en el medio espiritual. De

entre ellos, se puede destacar el caso, ya ahora famoso, del escritor Oscar Wilde, del que me ocupé

ampliamente (Revista Espírita, marzo y abril de 1926). Otro caso interesante es el de un inglés de familia

noble, muerto en accidente, después de una corta existencia de disipación, aunque no era naturalmente

malo. Él se manifestó sucesivamente por las mediumnidades de Miss Aimée Earle y de Miss Florence

Dismore. La historia de estas manifestaciones es digna de ser referida.

Miss Aimée Earle era medium psicógrafa y clarividente. Cierto día que estaba escuchando un

fragmento musical, interpretado por su amiga Florence Dismore al piano, tuvo la primera visión de un

"mozo moreno". Al día siguiente, estando las dos amigas leyendo y comentando una revista espiritualista,

vio Miss Earle aparecer a su lado al mismo fantasma y entablar conversación con ella. Miss Florence

Dismore describe de la manera siguiente este primer encuentro:

Comenzó él a interrogar a las dos jóvenes acerca de las informaciones contenidas en la revista

que se entretenían en leer y a propósito agregó: "Pero yo no estoy muerto, ya que estoy aquí!" –El

Espíritu-guía de Miss Earle, que vigilante también se encontraba al lado, aunque invisible para el otro

Espíritu, aconsejó a la medium que no respondiese a las preguntas de él, y que continuasen leyendo su

libro. Ella obedeció y, terminada la lectura, el "mozo moreno" fue conducido hacia otro lugar, por sus

guías espirituales.

En resumen: los "Espíritus-guías" lo habían traído en presencia de las dos mediums, al

parecer, para que lograran convencerlo de que ya había muerto y se encontraba en el mundo espiritual.

Comenzaba así su redención que, respetando su caso especial, debía realizarse, al contar su historia a

través de aquellas mediums, para que sirviese de edificación moral y espiritual en provecho de los vivos.

Él no tardó, efectivamente, en manifestarse pisográficamente a través de Miss Earle, comunicándole que

tenía la misión de dictarle la historia de su vida, lo que comenzó a hacer. Miss Earle, cuyos días estaban

ocupados por sus tareas profesionales, reconoció no disponer de tiempo necesario para recibir el dictado

metódico de una exposición completa. Por eso, después de haber recibido los tres primeros mensajes,

decidió, de acuerdo con el Espíritu que éste continuaría a dictar su historia a través de Miss Florence

Dismore. Lo cual fue hecho hasta completar la exposición.

Esta obra se tituló The Progression of Marmaduke. El Espíritu relata en ella su historia mundana,

las circunstancias de su muerte, los remordimientos que lo asaltaban después del traspaso, la generosa

intervención de un amigo muerto, que cuando vivo ofendió profundamente, y las felices consecuencias de

su arrepentimiento, que le mostró el camino de la redención.

Aunque ese Espíritu se demoró un poco para tratar la "crisis de la muerte", no teniendo a mi

disposición otros casos del mismo género, me decido a reproducir lo poco que dijo al respecto. He aquí

como comienza su mensaje, dictado a Miss A. Earle:

¡Cuántas cosas debe uno desaprender en la nueva existencia! ¿Pero, qué tiene que hacer una

criatura para redimirse? Es demasiado tarde para mí. Pero, sin embargo, tengo a mi alrededor Espíritus

generosos, animándome, abriéndome el corazón a la esperanza de que un día también se abrirán para

mí la visión espiritual y la audición de las armonías celestes. De todas maneras, ya no me siento egoísta

y experimento viva simpatía por los otros. Me aplicaron el tratamiento conveníente: enérgico, pero

necesario...

Estando yo vivo, un segundo bastó para matarme. Me encontraba acostado en la falda de una

ladera rocosa. Un bloque de piedra se desprendió desde arriba y me aplastó la cabeza, volviendo

irreconocible mi semblante. Me reconocieron por los papeles que llevaba en la cartera.

Esto pasó en un instante. Me vi de un golpe sumergido en las más profundas tinieblas. Procuré

tanteando caminar a través de la oscuridad. No había ninguna luz; alrededor, mortal silencio, era una

situación aterradora. A veces me parecía, a lo lejos, divisar una claridad y percibir sonidos musicales.

¿Qué significaban? Sentía que iba a enloquecer y luchaba contra lo desconocido como un hombre en el

vacío. Al final, agotado, caí en el suelo, en una crisis espantosa e indescriptible de depresión moral.

Maldecía a Dios y al género humano. ¡Quería morir y no podía!... Me encontré, seguidamente, no sé

cómo, junto a la ladera rocosa, donde estaba extendido mi cuerpo y lo vi! Intenté levantarlo, resucitarlo,

pero tuve que alejarlo, repelido por el hedor que desprendía. Estaba en un extraño e incoherente estado

de alma: no podía comprender donde me encontraba, ni lo que me pasaba. Me vino la idea de que me

volvería loco; ya que creía estar prisionero de una horrible pesadilla, de la cual tenía que librarme lo

más rápido posible. La idea de que estaba muerto jamás acudió a mi Espíritu.

Ignoro cuanto tiempo erré por aquellas rocas. Pero un día, mi locura llegó a una fase

inesperada: me encontré en un medio familiar, del cual participaba, aunque no conocía a las personas

que veía. Sea como sea estaba allí y no me podía ir. Primero escuché música tocada en un piano.

Después escuché la lectura de un libro y las conversaciones que le siguieron y esto me hizo entender que

las dos señoras que allí estaban tenían conciencia de mi presencia y también de mi estado.

Se trata de la circunstancia, mencionada arriba, que los "guías" del "mozo moreno", que él no

percibía, lo condujeron al lado de las dos mediums.

Escuché atentamente y supe que aquellas damas creían que el hombre posee un espíritu, que

sobrevive a la muerte del cuerpo físico. Pensé: "Qué absurdo!" –Pero, de repente, alguien me aclaró el

espíritu, trasmitiéndome la verdad, al respecto: "yo entonces estaba muerto!" ¿Pero, en ese caso, dónde

me encontraba? ¿Qué había pasado conmigo? –En cuanto me convencí de que estaba muerto, las cosas

cambiaron. Me vi rodeado de Espíritus, al parecer, deseosos de ayudarme... No podéis imaginar lo que

significaba para mí ese cambio. Dije: "Estoy confuso y desorientado. ¡Me creía loco, pero estoy

muerto!" –Me respondieron: "Muerto únicamente para el mundo de la materia, de la visión física, de la

audición física; sin embargo, más vivo que nunca para el mundo espiritual, con una visión y una

audición espirituales. Tú te encuentras en otro mundo de existencias: eso es todo. También nosotros

tuvimos que pasar por nuestras crisis, antes de acomodarnos a nuestro mundo. Como ya te has enterado

de las condiciones en que te encuentras, comenzarás a progresar para redimirte...

Con gran sorpresa mía, fui informado de que esta asamblea de Espíritus se había reunido para

venir a auxiliarme y que eso se había producido por la solicitud de uno de mis amigos de otros tiempos.

Qué lejos estaba yo de imaginar quien era ese amigo generoso. Me dijeron que debía entrar de nuevo,

durante algún tiempo, en el medio horrible de donde me habían sacado; pero que un rayo de luz iba a

penetrar en las tinieblas que me rodeaban, y como, cuando un rayo de luz penetra en un alma, ya nunca

se apaga: ese rayo brillaría, para mí, siendo la estrella de la esperanza que me guiaría al salir de las

tinieblas y me encaminaría hacia la luz.

Poco después, me encontré en el mismo medio que antes, pero una pálida luz brillaba a mi lado y

se volvió mi estrella polar. Cuando la miraba más intensa se volvía su luminosidad. Se mostraba unas

veces a mi derecha y otras a mi izquierda, pero nunca se apagaba. No me sería posible calcular el tiempo

que pasé en esas tinieblas, surcadas por un rayo de esperanza...

Dudo ahora en continuar la narración de los acontecimientos por los que pasó mi alma. La

magnanimidad de otro –absolutamente digno de Jesús de Nazaret- precipita mi Espíritu en el abismo de

los remordimientos. Mi iniquidad se yergue delante de mí, como un fantasma perseguidor, nombrándome

el más miserable de los pecadores. Pero, tengo que continuar porque mi historia tiene que dar una

pálida idea del poder del Amor en el medio espiritual. No existe más que una sola ley: la del Amor, que

es el Perdón; o el Perdón que es Amor. En fin, voy a apresurarme en confesar. Perdonadme si podéis. Yo

no puedo. Me siento desfallecer. Aquel que me supo perdonar es el más sublime de los hombres, sin

embargo su generosidad me parte el corazón y la iniquidad de mi falta se alza, monstruosa delante de mí.

El amigo al que traicioné cuando vivo, que abandoné a su destino, que reduje a ser un proscrito de la

sociedad, fue el que reunió al grupo de Espíritus que me asistieron... Vi cómo esos mismos Espíritus

abrían paso a otro que se dirigió hacia mí sonriendo. Lo miré atentamente. ¡Era él! ¡Ambrosio! ¡El

amigo traicionado! Me tendió los brazos. Oculté, avergonzado el rostro en su pecho, para llenarme más

de sus pensamientos de perdón y piedad... ¡Paro! ¡Paro! Ya basta por hoy...

Interrumpo aquí las citas, con el fin de no salirnos del tema propuesto.

Conforme nos lo muestra el caso precedente, concordando con otros de la misma clase, los

sufrimientos expiatorios, que alcanzaría los "réprobos", serían, principalmente de naturaleza moral;

consistirían principalmente en toda clase de nostalgias y de deseos insatisfechos e imposibles de

satisfacer; después en toda clase de remordimientos dilacerantes. Parece también que, cuando un Espíritu

de los "réprobos" comienza la crisis de los remordimientos, acaba de dar el primer paso en el camino de

la redención. De esta crisis, a veces larga y terrible, no podría, en ningún caso, librase al Espíritu, ya que,

solamente pasando por ella, consigue su "cuerpo etéreo" –según nos enseñan los Espíritus- despegarse

de los "fluidos impuros" con los cuales se manchó y cargó, "fluidos impuros" que sobre él se acumulan

por consecuencia de la repercusión "vibratoria", que sobre su débil organismo, provocó su innoble o

indigno proceder en el transcurso de la existencia terrestre. Y, del mismo modo que esos "fluidos

impuros" habían fatalmente –por la ley de la afinidad- obligado al espíritu a gravitar hacia las regiones

infernales, también, como consecuencia de la purificación operada por la crisis de los remordimientos, su

"cuerpo etéreo", vuelto más ligero, se elevaría y gravitaría, siempre de acuerdo a la ley de la afinidad

hacia la esfera espiritual inmediatamente superior.

En cuanto a los espíritus de "réprobos" endurecidos en el mal, incapaces de sentir

remordimientos, permanecerían en la región infernal, inmersos en las tinieblas más o menos profundas, a

veces en soledad, otras veces en compañía de otros Espíritus de la misma categoría, hasta que la hora del

arrepentimiento también suene para ellos, lo que solo se da después de siglos, según las revelaciones;

aunque al final suena para todos, ya que ni siquiera los espíritus "réprobos" están abandonados a su

suerte; hasta ellos están asistidos y socorridos por espíritus misioneros, encargados de esta obra.

En el caso que acabamos de tratar, vemos que el espíritu afirma ignorar por cuánto tiempo estuvo

errando en las tinieblas y en el aislamiento. Haré observar que, en el mundo de los vivos, pasa lo mismo

con los pacientes hipnotizados y puestos en estado de "sonambulismo de vigilia", los cuales dejan de

percibir el transcurso del tiempo. Por eso responden al experimentador, cuando los despierta al cabo de

veinticuatro horas, que durmieron un minuto. En una de mis obras anteriores, referente al fenómeno de la

obsesión, cité el caso de un "Espíritu obsesor", al cual el Dr. Wickland pregunta en qué año supone que

está y responde: "Sé bien que estamos en 1902." Sin embargo estábamos en 1919. Pero el hombre había

muerto en 1902 y andaba errante en las tinieblas hacía diecisiete años, pensando que llevaba solo unos

días en aquella situación.

Relativamente a las concordancias episódicas remarcables en el caso que nos ocupa,

consideradas respecto a otros casos citados previamente, son muy limitadas, por tratarse de entidades de

difuntos que se encuentran en medios espirituales diferentes. Señalaré así, las concordancias sobre los

detalles fundamentales de costumbre: el Espíritu no tuvo conciencia de estar muerto; se encuentra en

forma humana en el mundo espiritual; no percibe la presencia de los espíritus que le son jerárquicamente

superiores y que por él velan, debido a su rebeldía.

En cuanto al detalle capital, que concierne al poder creador del pensamiento en el medio

espiritual, observaré que el Espíritu alude a ello muchas veces en sus mensajes, añadiendo detalles

interesantes, lo que me lleva a extraer algunos pasajes más del texto.

Se expresa así:

En el mundo espiritual el pensamiento es todo – lo que no se da en el mundo de los vivos. Nos

comunicamos entre nosotros por el pensamiento; y por la fuerza del pensamiento, combinada con la

voluntad, creamos todas las cosas que necesitamos. Para utilizar de esta manera la fuerza del

pensamiento, no basta con que pensemos en el objeto que deseamos: es necesaria una concentración

firme del pensamiento sobre el objeto, pensando en todos sus detalles. Por ejemplo, si pensamos en una

túnica blanca, crearemos una sencilla, pero, si la queremos de forma más especial, de color

determinado, con un diseño original, necesitaremos concentrar el pensamiento en cada uno de esos

detalles, según la concibamos. Así también, si quisiéramos crear por el pensamiento una pintura –por

ejemplo reproducir un paisaje- debemos concebirla en el espíritu con la mayor nitidez. De no ser así,

apenas formaremos un esbozo más o menos confuso e informe. Por eso, ejercitándose en las creaciones

del pensamiento, los Espíritus llegan a pensar con una nitidez mayor y a concentrar su voluntad de forma

más eficaz. Esto es muy útil, ya que también en el mundo espiritual se tiene gran necesidad de pensar con

claridad...

DÉCIMOSEXTO CASO

Ahora, antes de concluir, juzgo oportuno tocar también, aunque de pasada, los estados de

"perfección angélica" de la existencia espiritual" esto es; en las condiciones del medio que se encuentran,

los Espíritus que llegaron al término del largo ciclo de purificación, recorrido a través de las esferas de

transición aquí consideradas. Esto propiamente hablando, no está comprendido en los límites que me

impuse para la elaboración de esta obra; pero pienso que probablemente, esta cuestión se planteará

insistentemente en muchos de los lectores. Es verosímil, ante los resultados a los que llegamos en este

primer ensayo de análisis comparado, aplicado a las "revelaciones trascendentales", haber reflexionado

para nosotros mismos: "Muy bien, sabemos ahora, basados en hechos, que los espíritus de los difuntos

entran en una primera fase de existencia espiritual, que constituye una reproducción espiritualizada del

medio o de la existencia terrestre. Es una fase transitoria, aunque de muy larga duración, destinada a

preparar gradualmente a los recién llegados a la existencia espiritual propiamente dicha. Todo eso ya

constituye un acerbo importante de conocimientos adquiridos al respecto. ¿Pero, qué debemos pensar de

la existencia espiritual propiamente dicha? ¿Cómo debemos concebirla? ¿Qué significa pasar al estado de

"Espíritus puros"?

Preveo que los mensajes trascendentales, emanados de Inteligencias espirituales existentes en el

estado de "Espíritus puros", en la condición de seres ya no limitados por la "forma", deberían ser,

teóricamente, raros o extremos. Y eso es lo que pasa en la práctica. Claro que se conocen relatos de

"revelaciones trascendentales", procedentes de "Inteligencias" que habrían llegado a las cumbres

supremas de la existencia espiritual. Podría decirse esto, por ejemplo, de la personalidad mediúmnica

"Imperator", que dictó a Staiton Moses la famosa obra "Ensinos Espiritualistas", así como de la entidad

"Celfra", que dictó a Frederico Haines el precioso volumen de "revelaciones trascendentales" titulado:

"Thus saith Celphra".

Encontramos, en los mensajes de estas inteligencias muy elevadas, algunos esclarecimientos

acerca de lo que debería entenderse por una existencia espiritual "ya no limitada por la forma". Está claro

que las entidades comienzan diciendo que un Espíritu encarnado jamás podrá llegar a penetrar ese

misterio; de todos modos, se prestan a explicarlo un poco, recorriendo las imágenes y símbolos accesibles

a la mente de los vivos.

Me limitaré a reproducir los esclarecimientos dados a tal respecto por la personalidad

mediúmnica de "Celfra", entidad que afirma ser el Espíritu de un monje de Nicomedia, que vivió en el

siglo III de la era cristiana.

Empezaré por la reproducción de dos pasajes donde la entidad confirma la existencia de

"esferas espirituales de transición", en las cuales los Espíritus guardan la forma humana y se ven en un

medio análogo al terrestre.

Esa pesadez –si se puede emplear tal término- del Espíritu recién llegado al mundo espiritual,

proviene de las condiciones de pecado en que toda la gente llega. Esa condición es concomitante a la

naturaleza todavía "terrenal" del contenido del alma. Ésta se conserva sustancial y, hasta cierto punto

de vista, casi sólida; continúa pues esclava de la "forma", es decir, se encuentra todavía limitada por las

condiciones de la existencia terrestre, esto puede hacer que comprendáis por qué, en el transcurso de

vuestras sesiones, veis Espíritus que se manifiestan en forma humana... (Pág. 40)

Se deduce que, mientras el alma (que debe distinguirse del Espíritu) del recién venido esté

ligada al mundo de los vivos, sea la que fuere esa unión, el Espíritu del recién llegado no puede dejar de

existir en una condición casi terrena, ya que se encuentra en un medio de realización de su ser, medio

que se determina gracias al conjunto de las concepciones propias al Espíritu, acerca de sí mismo. Es por

ello que todavía tienen necesidad de gozar de las alegrías casi terrenas, de encontrarse entre personas

familiares y queridas, de entregarse a sus ocupaciones favoritas, todo ello mejorándose, como

corresponda a las condiciones espirituales en que se encuentra.

Repito: esa es la causa por la cual, en las esferas espirituales próximas al mundo de los vivos, los

Espíritus existen en condiciones análogas a las terrenas. Esto explica por qué tantos Espíritus, poco

circunspectos, cuando se comunican mediúmnicamente, desvelan a los vivos, deseosos de maravillas, sus

existencias en un medio espiritual análogo al terrestre.

En los siguientes pasajes de las comunicaciones de "Celfra", intenta aclarar gradualmente lo que se

debería entender por "un Espíritu ya no limitado por la forma":

Dicho esto, añadiré que la dificultad encontrada, para concebir el alcance efectivo del alma,

proviene de vuestra concepción física de las limitaciones del espacio. Sabed, pues, que el "contenido"

del alma de ninguna manera se encuentra contenido en los límites del "cuerpo etéreo". El alma, en el

transcurso de su existencia terrena y todavía por mucho tiempo después de la muerte del cuerpo, está

revestida de una forma, guarda una entidad personal (en este sentido está limitada). Pero eso no impide

que su actividad sea, a pesar de todo, "radiante" y que ese estado de incesante irradiación se extienda

desmedidamente en la existencia espiritual. Este concepto po
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CONCLUSIONES
Mensaje Publicado: Jue, 29 Jul 2010 12:22 pm    Asunto: CONCLUSIONES Responder citando
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CONCLUSIONES

En la basta e importante rama de la metapsíquica, en la que se estudia el tema de las

"revelaciones trascendentales", todo está todavía por hacer, desde el punto de vista de la investigación

científica del inmenso material que ya fue tomado. Los prejuicios de todos, tanto de los impugnadores,

como de los espíritas, generados en el superficial conocimiento del asunto, habían impedido hasta aquí,

un trabajo útil en ese sentido. La presente obra es el primer ensayo analítico destinado a demostrar el

valor intrínseco, positivamente científico, de esta rama de la metapsíquica, injustamente despreciada.

Para alcanzar el fin que me propuse, me era primeramente indispensable demostrar, de modo

adecuado, que las "revelaciones trascendentales", lejos de contradecirse mutuamente, concuerdan entre sí

y se confirman unas a otras. Me era necesario, a la vez, demostrar que esas concordancias no podían ser

atribuidas ni a "coincidencias fortuitas", ni a reminiscencias subconscientes de conocimientos adquiridos

por los mediums (criptonesia).

En estas condiciones, es importante resumir el conjunto de esta obra, a fin de comprobar hasta

que punto ese objetivo fue alcanzado.

En primer lugar, llegué a demostrar incontestablemente, fundándome en hechos, que los

mensajes mediúmnicos, en los cuales los Espíritus de los difuntos describen las fases que atravesaron en

la crisis de la muerte y las circunstancias de su entrada en el mundo espiritual, concuerdan

admirablemente entre sí, de tal manera que en ellas no se encuentra una sola discordancia absoluta con las

afirmaciones de otros Espíritus que se han comunicado con los vivos.

Hago notar, a este propósito, que si, en esta obra, limité la investigación al período inicial de la

existencia espiritual, no fue únicamente por tratarse de la primera de las tres monografías sobre el mismo

asunto. Fue también por tener la intención de presentar a mis lectores un primer ensayo analítico, relativo

a los problemas que deben ser solucionados, reducidos estos a su más simple expresión. También he

tratado de asegurarme que valía la pena llevar a delante mi tarea. Todos pueden constatar que este ensayo

analítico constituye un triunfo para la tesis que aquí sustento.

Son estos los detalles fundamentales, a cuyo respecto concuerdan los Espíritus autores de los

mensajes, salvo siempre inevitables excepciones, que confirman la regla y que, a veces, intervienen,

modificando, restringiendo, eliminando alguna de las experiencias habituales, inherentes a la crisis de la

muerte, o determinando el desarrollo de otra experiencia, no habitual en el período de inicio de la

existencia espiritual:

1º) Todos afirman haberse encontrado nuevamente con forma humana en esa existencia;

2º) Haber ignorado, durante algún tiempo, que estaban muertos;

3º) Haber pasado, en el transcurso de la crisis anterior a la agonía, o poco después, por la prueba

de la reminiscencia sintética de todos los acontecimientos de la existencia que se les acababa ("visión

panorámica", o "epílogo de la muerte");

4º) Haber sido acogidos en el mundo espiritual por los Espíritus de personas de sus familias y de

sus amigos muertos;

5º) Haber pasado, casi todos, por una fase más o menos larga de "sueño reparador";

6º) Haberse encontrado en un medio espiritual radiante y maravilloso (en el caso de muertos

moralmente normales), y en un medio tenebroso y opresivo (en el caso de muertos moralmente

depravados);

7º) Haber reconocido que el medio espiritual era un nuevo mundo objetivo, sustancial, real,

análogo al medio terrestre espiritualizado;

8º) Haber aprendido que eso era debido al hecho de que, en el mundo espiritual, el pensamiento

constituye una fuerza creadora, por medio de la cual todo Espíritu existente en el "plano astral" puede

reproducir el entorno de sus recuerdos;

9º) No haber tardado en saber que la transmisión de pensamientos es la forma de lenguaje

espiritual, aunque ciertos Espíritus recién llegados, por ilusión, crean conversar por medio de la palabra;

10º) Haber verificado que, gracias a la facultad de la visión espiritual, se encontraban en estado

de percibir los objetos de un lado a otro, en su interior y a través de ellos;

11º) Haber comprobado que los Espíritus se pueden transferir temporalmente de un lugar a otro,

aunque esté muy distante, por simple efecto de su voluntad, lo que no impide que también puedan pasear

en el medio espiritual, o deslizarse a cierta distancia del suelo;

12º) Haber aprendido que los Espíritus de los muertos gravitan fatalmente y automáticamente

hacia la esfera espiritual que les corresponde, en virtud de la "ley de afinidad".

Estos son los doce detalles fundamentales, sobre los que se encuentran de acuerdo todos los

Espíritus que se comunican. Diré que basta que alguien los examine, uno a uno, y después en conjunto,

para convencerse de que presentan a los vivos un cuadro esquemático completo de los acontecimientos

que aguardan a todos los seres humanos, en el transcurso de la crisis de la muerte, y de las impresiones

que los esperan a su llegada al medio espiritual. Por otro lado, no existe, en las narraciones tratadas, ni un

solo elemento importante, a cuyo respecto los Espíritus que se comunican con nosotros difieran entre sí,

de forma que pudiésemos encontrar una contradicción. ¿Quien no ve que esa comprobación se reviste de

un inmenso valor teórico, a favor del origen auténticamente espiritista de las "revelaciones

trascendentales", tomadas en su conjunto?

Añadiré que, en los casos que acabo de examinar, aparte de las concordancias sobre los detalles

fundamentales, también encontramos otras, de naturaleza secundaria, conforme ya apunté, teóricamente

todavía más importantes que las concordancias primarias, por eso es difícil explicarlos por las hipótesis

de las "coincidencias fortuitas" y de la "criptomnesia", ya que los detalles mencionados conciernen a

incidentes cada vez más insignificantes, o inesperados, o, incluso, singulares.

De entre esos detalles secundarios señalo los casos siguientes:

1º) Los difuntos que se comunican están de acuerdo en afirmar que los Espíritus de los muertos,

a quienes nos unimos en vida, interviene para acoger y guiar a los recién desencarnados, antes de

comenzar la fase del "sueño reparador".

2º) Cuando los Espíritus refieren haber visto sus cadáveres en el lecho de muerte, generalmente

hablan del fenómeno llamado "cuerpo etéreo", que se condensa sobre el "cuerpo somático". Este detalle

concuerda, casi siempre, con la constante afirmación de los videntes que han estado a la cabecera de los

moribundos.

3º) Ellos dicen, de común acuerdo, que, así como no puede haber individualidades vivas

absolutamente idénticas, tampoco pueden existir, desencarnadas, individualidades idénticas en el sentido

de estar en la misma escala de elevación espiritual. Se deduce así que, incluso aquellas llamadas "almas

gemelas" en la existencia terrestre, llegado un momento se separan en el mundo espiritual, aunque puedan

verse cuando quieran.

4º) Se encuentran de acuerdo al afirmar que, aunque los Espíritus tengan la facultad de crear más

o menos bien, por la fuerza del pensamiento, lo que les sea necesario, cuando se trata de obras complejas

e importantes, la tarea es confiada a grupos de Espíritus especializadas en ello.

5º) Son unánimes al afirmar que los Espíritus de los difuntos, cuando están dominados por las

pasiones humanas, se conservan ligados al medio donde vivieron, por un lapso más o menos prolongando

de tiempo. Se deduce que, no pudiendo gozar del beneficio del sueño reparador, esos Espíritus persisten

en la ilusión de juzgarse todavía vivos, aunque presas de un extraño sueño, o de una opresiva pesadilla.

En este caso, se tornan, muchas veces, "Espíritus asombradores", o "perseguidores".

6º) Nos informan, unánimemente, de que en el mundo espiritual, los Espíritus jerárquicamente

inferiores no pueden percibir a los que les son superiores. Esto es consecuencia de los diferentes tonos

vibratorios de sus "cuerpos etéreos".

7º) Se muestran de acuerdo al afirmar que las dilacerantes crisis de dolor, que se producen con

frecuencia delante de los lechos de muerte, no solo son penosas para los Espíritus de los difuntos, sino

que además les impiden entrar en relación con las personas queridas y los retienen en el medio terrestre.

8º) Finalmente, afirman al unísono que, algunas veces, cuando se encuentran solos y presas de

incertidumbres o perplejidades de todas clases, perciben una voz que les llega de lejos y les aconseja

sobre lo que deben hacer. Es una voz procedente de Espíritus amigos que, habiéndoles percibido

telepáticamente los pensamientos, se apresuran a trasmitirles sus consejos.

Nadie puede dejar de constatar que las concordancias acumulativas, acerca de numerosos

detalles secundarios de esta especie, son inexplicables por cualquier teoría, excepto por aquella según la

cual se supone que, siendo las personalidades mediúmnicas, en efecto, Espíritus de los muertos, relatan

circunstancias verídicas y comunes a la experiencia de todos. En este caso, el hecho de las concordancias

en las revelaciones trascendentales no implicaría un enigma a resolver; todo quedaría explicado de la

manera más simple y natural.

Esta conclusión ya se diseña como racionalmente inevitable. Pero, todavía nos queda discutir el

segundo problema al que da lugar la tesis que nos ocupa, esto es, la que dice al respecto que las

concordancias pudieran ser atribuidas a "coincidencias fortuitas", o a reminiscencias subconscientes de

conocimientos adquiridos por los mediums (criptomnesia).

Excluyo sin dudar la hipótesis de las "coincidencias fortuitas", que no se sustenta frente a la

naturaleza de las concordancias señaladas, sobre todo si se tiene en cuenta que la eficacia demostrativa de

esas concordancias reviste carácter acumulativo.

Queda la hipótesis de la "criptomnesia", según la cual los mediums habrían conocido de

antemano los informes que dan sobre el mundo espiritual. Si así fuese, cuando ellos ya no se acordasen de

tales informes, emergerían de sus subconsciencias en virtud de las condiciones mediúmnicas.

Esta hipótesis se puede combatir por medio de numerosas objeciones. La primera consiste en

esto: sería absolutamente arbitrario y contrario a la lógica suponer que todos los mediums, con cuya

ayuda los mensajes fueron obtenidos, debiesen poseer erudición completa en lo relativo a la doctrina

espírita.. El sentido común bastaría para demostrar a priori que esta tesis no se sustenta. Y en todo caso,

los hechos muestran a posteriori que es errónea.

Ahora bien, aunque el tema circunscrito de esta monografía, me haya impedido poder resaltar

los hechos en toda su eficacia numérica, bien se puede ver que, en 15 casos referidos, cuatro hay que

contradicen esa afirmación. En dos de esos casos, los mediums poco se habían consagrado a las

investigaciones mediúmnicas y nada, o casi nada, conocían de las doctrinas espíritas. En los otros dos

casos, los mediums jamás se habían consagrado a las investigaciones mediúmnicas, todo lo ignoraban a

ese respecto y solo como consecuencia de la muerte súbita de algún miembro de su familia fueron

conducidos a interesarse por dichas investigaciones; se revelaron entonces, de modo repentino, dotados de

facultades mediúmnicas. Precisamente con estos cuatro mediums fueron los que obtuvieron revelaciones

más elocuentes y completas acerca de la "crisis de la muerte" y de la entrada de los difuntos en el medio

espiritual (4º, 6º, 7º y 12º casos).

Lo que acabo de decir ya es suficiente para confirmar mi afirmación: es absurdo conferir la

objeción de que se trata de un alcance general. Añadiré incluso que todo contribuye a demostrar que, aún

en los casos donde intervienen mediums bien informados sobre las doctrinas espíritas, la aludida objeción

no basta para explicar las revelaciones obtenidas con su colaboración, en las cuales siempre se encuentran

detalles que escapan, por muchas razones, a aquella objeción. No se debe olvidar tampoco ciertas

circunstancias colaterales, altamente significativas, que se derivan de esas revelaciones, indicando el

origen desconocido para el medium. Así, por ejemplo, cuando la entidad comunicante da pruebas

admirables de identificación personal. En este caso, lógicamente debemos concluir que, si esa entidad se

mostró veraz en las informaciones verificables, trasmitidas en el curso de su mensaje, legítimo es también

que sea considerado veraz en las informaciones que suministre y no sean verificables. Tomese en cuenta

que, muchas veces, en el transcurrir de la narración de los episodios de la existencia espiritual, vienen

intercaladas informaciones verificable admirablemente verídicas.

Agregaré finalmente que si las "revelaciones trascendentales" fuesen, en su conjunto, "novelas

subliminales", no solo deberían contradecirse mutuamente, no solo no deberían presentar, al mismo

tiempo que se producen, pruebas de identificación espírita, sino que sobre todo, deberían reflejar

mayormente, las creencias de la ortodoxia cristiana, en lo tocante a la modalidad de existencia espiritual,

creencias que los mediums asimilaron al mismo tiempo que la leche materna. Por el contrario nada de

esto ocurre. Desde los primeros tiempos del movimiento espírita, las personalidades mediúmnicas dieron,

sobre la existencia espiritual, las mismas informaciones que ahora se dan, informaciones que contrastan

absolutamente con las creencias profesadas por los mediums o los asistentes. Diré que esta circunstancia

fue causa de gran decepción para los primeros espíritas, por la aparente oscuridad de tales narraciones, y

se vieron llevados a suponer que estaban siendo constantemente el juguete de "Espíritus inferiores".

Hasta nuestros días, las narraciones de los Espíritus parecieron, incluso a los pensadores

ponderados, sin distinción de escuela, de tal manera absurdas, inverosímiles, antropomórficas, pueriles y

ridículas, que les inducían a negar el valor al conjunto de las revelaciones trascendentales. Pero, los

últimos descubrimientos en el dominio de las fuerzas psíquicas, hasta aquí ignoradas, prepararon el

terreno para que aquellas narraciones fueran entendidas y apreciadas. En efecto, la pretendida

inverosimilitud en los fenómenos encontró su paralelo en experiencias análogas, realizadas en el mundo

de los vivos.

El problema de las "revelaciones trascendentales" pasó así a presentarse a la razón con otro

aspecto, haciendo entrever la posibilidad e incluso la necesidad psicológica de una primera fase de

existencia espiritual que se desarrollaría en un medio como el que describen, de común acuerdo, las

personalidades de los difuntos comunicantes.

El valor teórico inherente a la circunstancia de ser contrarias a las opiniones de los propios

mediums, y de toda la gente, las informaciones que aquellos, desde 1853, daban acerca de la existencia

espiritual, no escapó a la mentalidad investigadora del Dr. Gustave Geley, aludiendo a ello en los

siguientes términos:

Concluyamos pues que todas las objeciones tan livianamente hechas al Espiritismo, a

propósito del contenido intelectual de las comunicaciones, a propósito de las oscuridades, de las

banalidades, de las mentiras, de las contradicciones que contienen, no son razonables. Todavía más, el

carácter de las comunicaciones, diferentes de lo que se podría suponer a priori, en el comienzo del

movimiento espírita, contrario a las ideas que se tenían generalmente sobre el Más Allá, de acuerdo con

el "espiritismo religioso", constituye una prueba a favor de la doctrina que las supo verificar y explicar

completamente. (Ensayo de la Revista General de Espiritismo).

Es precisamente eso. Queda, pues, entendido que la circunstancia que las personalidades de los

difuntos describieron, desde el comienzo del movimiento espírita, sobre la modalidad de existencia

espiritual, en oposición diametral a las opiniones de los mediums, de los asistentes y del entorno cristiano

en general, podría bastar para excluir las hipótesis de autosugestión y de las "novelas subliminales".

Entiéndase, sin embargo, que hablo del conjunto de las "revelaciones trascendentales", que

realmente lo sean. Antes de incluir, en una clasificación científica, colecciones de revelaciones de esta

clase, es necesario examinar diligentemente, severamente, el contenido, sometiéndolo al sistema del

análisis comparado y de la convergencia de las pruebas. Como ya dije, entre las pruebas que contribuyen

para señalarles origen extraño al medium, cumple que se registren los episodios de identificación personal

del difunto comunicante, y sobre todo, los detalles cuya veracidad se pueda comprobar y que, muchas

veces, se encuentran intercalados en las descripciones de la existencia espiritual, detalles poseedores, en

ese sentido, de excepcional elocuencia.

Todos sabemos, por experiencia, cuan indispensable es este trabajo preliminar de selección, en lo

que respecta a las "revelaciones trascendentelaes", ya que, en el curso de las sesiones particulares, sucede

que con frecuencia aparecen pseudomediumnidades, presentadas por los asistentes de esta especie de

narraciones, pero prolijas, charlatanas y vacías, cuyo origen subconsciente no se debe dudar y en las

cuales las contradicciones no solo se producen entre las diferentes afirmaciones de los diferentes

pesudomediums, sino también entre las dadas por el mismo individuo. Son estas infelices experiencias

que, hechas sin discernimiento y sin preparación científica, lazan descrédito sobre el conjunto de las

"revelaciones trascendentales". No causa menos admiración observar que incluso investigadores

profundamente versados en metapsíquica –los cuales deberían distinguir en ese terreno- persisten en

apoyarse en esos inconsistentes productos de actividades subconscientes, para condenar, en masa, al

desprecio, las revelaciones auténticamente trascendentales. Ellos, por lo menos, no deberían caer en

confusiones de tal naturaleza. Nadie jamás se acordó de negar la existencia de una actividad

subconsciente que se manifiesta por medio de la "escritura automática"; nadie jamás pretendió negar que

la gran mayoría de los mensajes obtenidos en las reuniones familiares, con el concurso de

pseudomediums de naturaleza sonambúlica, pertenecen a aquella categoría; nadie negó nunca que, ese

acervo de elucubraciones afectadas y vacías, se contradijesen mutuamente. No puede ser de otro modo,

ya que se trata de elucubraciones subconscientes, de naturaleza onírica, pero el sentido común debería

bastar para distinguirlas de los mensajes auténticamente paranormales. Ya que, efectivamente, un abismo

separa las unas de las otras. De todos modos, desde el punto de vista científico fácilmente pueden

distinguirse, sometiéndolas a los cuatro tipos de prueba que acabo de enumerar.

Y, como esos criterios de investigación científica fueron aplicados, en lo posible, al material

científico que acabamos de examinar, forzoso será convenir en que mi obra ya sirve para demostrar que el

valor científico de las "revelaciones trascendentales" no debe ser ya puesto en duda y, consecuentemente,

que los que continúen a estudiarlas después harán un trabajo meritorio y útil. Se trata de hecho de una

rama de la metapsíquica destinada a volverse la más importante de todas y a ejercer una enorme

influencia en la futura orientación de la ciencia, de la filosofía, de la sociología y de la moral.

De ello resulta que esta obra de análisis comparado autoriza a predecir la aurora no distante del

día en que se llegará a presentar a la humanidad pensante, que actualmente camina tanteando en la

ignorancia, un cuadro conjunto, de carácter un tanto vago y simbólico, pero sustancialmente científico y

legítimo, de las modalidades de existencia espiritual en las "esferas" más próximas a nuestro mundo,

"esferas" donde todos los vivos tendrán que ir, después de la crisis de la muerte. Esto permitirá a la

humanidad orientarse con seguridad para solucionar grandes problemas que conciernen la verdadera

naturaleza de la existencia corpórea, de los fines de la vida, de las bases de la moral y de los deberes del

hombre. Estos deberes, en la crisis de crecimiento que la sociedad civilizada atraviesa hoy, deberán

decidir los destinos futuros. Esto quiere decir que los pueblos civilizados, si los reconocieran y los

cumplieran, se verían encaminados hacia una meta cada vez más luminosa, de progreso social y

espiritual; si los rechazan, o desprecian, se seguirá necesariamente, para esos mismos pueblos, la

decadencia, con el fin de ceder el lugar a otras razas menos corruptas que la raza ahora dominante.
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Introducción
Mensaje Publicado: Mar, 03 Ago 2010 12:40 pm    Asunto: Introducción Responder citando
nedhel
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Introducción

Recorriendo los numerosos resúmenes, con sus relativos

comentarios y observaciones, hechos en Italia y en el extranjero,

acerca de nuestras experiencias en Millesimo, he tenido ocasión de

observar, de modo general, que las manifestaciones supra

normales que parecían más dudosas a muchos escépticos, no eran

las voces directas sino los fenómenos de transportes (1) y no

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

desde el punto de vista particular de los casos por nosotros

obtenidos, sino del genérico y teórico de la presupuesta

inverosimilitud científica del fenómeno en sí, combinada con la

ausencia de buenas pruebas en tal ramo de las manifestaciones

metapsíquicas. Y lo que más me impresionó fue la circunstancia de

que, entre los que se declaraban teóricamente incrédulos, se

encontraban eminentes personalidades científicas pertenecientes

al movimiento metapsíquico, personalidades que, desde hacía

mucho, se habían adherido a la interpretación espirítica de muchas

manifestaciones mediúmnicas.

Era pues, natural que las observaciones expuestas me

llevasen a reflexionar sobre las causas que determinaban tal

estado de incipiente escepticismo en torno a la existencia real de

una categoría de fenómenos supra normales que, lejos de ser

raros, eran asaz frecuentes en la casuística metapsíquica,

fenómenos que investigué durante un decenio con dos médiums

privados notables, obteniendo, personalmente, absoluta certeza de

su realidad.

Pues bien, yo verifiqué que la causa única de este persistente

escepticismo en relación a los casos de transporte residía en el

hecho de que nadie jamás había pensado en recogerlos,

clasificarlos y analizarlos en una monografía especial, pues,

aunque existían numerosos casos del género, obtenidos en

condiciones de manifestación inobjetables, se hallaban de tal forma

dispersos en libros y Revistas que permanecían ignorados para la

gran mayoría de los cultores de las pesquisas psíquicas.

Fueron esas consideraciones lo que me indujo a publicar una

primera monografía de ensayo sobre los Fenomeni di apporto ed

asporto, de la cual quedasen excluidos – y esto con el objeto de

eliminar todas las posibilidades de fraude – todos los casos

obtenidos en plena oscuridad, con excepción de aquellos en que

los objetos transportados hubiesen sido pedidos y designados, en

el momento, por los experimentadores o que, por otros motivos

bien definidos, excluyesen igualmente toda práctica fraudulenta,

casos todos que reuní en la primera categoría de los fenómenos en

examen, para después pasar a una segunda categoría en que

estuviesen contenidos los casos de transporte obtenidos con plena

luz.

Me satisface esta rigurosa limitación de casos obtenidos en

condiciones de excluir cualquier sospecha de fraude, sospecha

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

difícilmente eliminable en los casos conseguidos en plena

oscuridad sin las condiciones expuestas; me satisface, repito,

porque así procediendo, deberé llegar a vencer la perplejidad de

algunos eminentes hombres de ciencia, especialmente de los

representantes de las ciencias físicas, los cuales, calculando la

enorme cantidad de energía necesaria para la obtención de los

fenómenos de la desintegración molecular de un objeto cualquiera,

consideraban imposible que tal suma de energía pudiese ser

aportada por los médiums, sin reflexionar que aquí no se trata de

energía física, sino de energía psíquica, cuya potencialidad todos

nosotros ignoramos; no obstante, deseando ayudar a comprender,

recurriendo a pruebas por analogía, entonces habremos de

reconocer que, si la Voluntad es capaz de crear casi

instantáneamente un fantasma materializado, perfectamente

organizado y vivo, de esto resulta que no es el caso de

asombrarnos si la misma Voluntad llega a rápidamente desintegrar

un objeto en sus elementos moleculares para, en seguida,

reintegrarlo instantáneamente en otra casa. El primer milagro

parece bastante más asombroso que el segundo.

Por ahora no formularé otras consideraciones teóricas al

respecto; pero antes de pasar a la exposición de los fenómenos de

transporte propiamente dichos, considero oportuno resumir, de

modo breve, algunos de entre los más notables episodios del

fenómeno de penetración de la materia a través de la materia,

episodios que intrínsecamente se muestran idénticos a los

transportes y de ellos difieren tan solo en la modalidad con que se

manifiestan.

Siendo así, de esto resulta que tal categoría de fenómenos se

hará instructiva en nuestro caso, por cuanto parece indicadísima

para predisponer el ánimo de profanos e incrédulos para acoger a

la otra categoría afín de los fenómenos de transportes. Y, para

empezar, recordaré el clásico episodio narrado por William Crookes

en la descripción de sus propias experiencias con el médium Daniel

Dunglas Home. Escribe él:

El segundo caso, que voy a narrar, se verificó a plena luz, en

una noche de domingo, y en presencia del Sr. Home y de algunos

miembros de mi familia, solamente. Mi esposa y yo habíamos

pasado el día en el campo y de allí había traído ella algunas flores

que habíamos recogido. Llegados a nuestra casa, las entregamos

a la criada para que las pusiera en agua. El Sr. Home llegó luego

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

después y todos nosotros nos dirigimos al comedor. Cuando nos

sentamos, la criada trajo las flores que había puesto en un jarrón y

yo lo coloqué en medio de la mesa, cuyo mantel había sido

retirado. Era la primera vez que el Sr. Home veía tales flores.

Después de obtenidas varias manifestaciones, la charla derivó

hacia varios hechos que parecían no poder explicarse más que

admitiendo que la materia pudiese realmente pasar a través de una

sustancia sólida. A propósito de esto, la siguiente comunicación

nos fue dada alfabéticamente: Es imposible que la materia pase a

través de la materia, pero vamos a demostrar lo que podemos

hacer.

Esperamos en silencio. Una aparición luminosa fue vista

enseguida pairando sobre el búcaro de flores, después, a la vista

de todos, un ramito de hierba de la China, con 15 pulgadas de

largo que adornaba el centro del búcaro, se elevó lentamente de

entre las flores y en seguida descendió sobre la mesa, frente al

jarrón, entre éste y el Sr. Home. Al llegar a la mesa el ramito no se

detuvo, sino que la atravesó en línea recta y todos nosotros lo

vimos muy bien hasta que pasó enteramente.

Luego después de la desaparición del ramito, mi esposa, que

estaba sentada al lado del Sr. Home, vio, entre ella y Home, una

extraña mano que venía de debajo de la mesa y que sujetaba el

ramito de hierba, con el cual le golpeó tres veces en los hombros,

con un ruido que todos oyeron. Después lo depositó en el suelo y

desapareció. Tan solo dos personas vieron la mano, pero todos los

asistentes percibieron el movimiento del ramito. Mientras esto

ocurría, todos nosotros podíamos ver las manos del Sr. Home

puestas tranquilamente sobre la mesa que estaba ante él. El lugar

en que la hierba desapareció estaba a 18 pulgadas de donde él

tenía puestas las manos. La mesa era una de las de comedor, con

muelles, que se abría con un tornillo. No era elástica y la unión de

las dos partes formaba una estrecha rendija en el medio; pues fue

a través de esa rendija por donde pasó la hierba y al medirla

encontré que tenía tan solo 1/8 de pulgada de ancho. El ramito de

la hierba era demasiado grueso para que pudiese pasar a través de

la rendija sin romperse y, sin embargo, lo habíamos visto pasar por

allí, sin dificultad, dulcemente, y examinándolo a continuación no

presentaba la más ligera marca de presión o de arañazo (William

Crookes; Expériences sur la force psychique, pág. 171 de la

edición francesa).

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Hemos visto, en el caso expuesto, que la personalidad

mediúmnica operante había dicho que era imposible pasar la

materia a través de la materia; no obstante, como después la

misma entidad había producido un fenómeno que demostraba

prácticamente lo contrario, debe entenderse que, con tal afirmativa,

había querido referirse a la penetración de la materia sólida a

través de otra materia sólida, al igual que, en igual tiempo,

demostró, con hechos, cómo era posible hacer pasar a través de la

materia sólida otra materia desintegrada en estado molecular o

fluídico.

*

Con referencia a las clásicas experiencias del género en

examen, no puedo dejar de tratar las famosas experiencias del

prof. Zollner con el médium Slade, en el año de 1877, juntamente

con los profesores Veber y Fechner, experiencias por él

predispuestas con modalidades de manifestaciones no comunes.

Él había preparado cuatro tiras con 148 centímetros de largo y

1 milímetro de diámetro cuyas extremidades reunió, ató y

cuidadosamente lacró. En el momento de servirse de ellas tomó

una y la colocó alrededor del cuello y, como los experimentadores

se encontrasen a plena luz, él no perdió de vista las extremidades

de las tiras en que se hallaban los nudos lacrados. Tras algunos

instantes, sin que el médium Slade tocase las tiras, se habían

practicado cuatro nudos en una de ellas. En otra experiencia, el

prof. Zollner empleó tiras planas de cuero, las dispuso sobre una

tabla de madera uniéndolas por las puntas y lacrándolas, llegando

de este modo a formar círculos concéntricos de 5 a 10 centímetros

de diámetro. A continuación colocó sobre éstas sus propias manos;

y bien pronto percibió un soplo frío y también que las tiras se

movían bajo sus manos, mientras las manos del médium se

encontraban a 30 centímetros de distancia y permanecían

inmóviles. Tres minutos más tarde Zollner retiró las manos y

verificó que las tiras de cuero estaban entrelazadas unas con otras,

habiéndose practicado en ellas cuatro nudos.

Una tercera experiencia fue llevada a cabo con una cuerda de

violín, en la cual él introdujo dos argollas de madera y una tercera

argolla hecha de tripa, teniendo los tres anillos el mismo peso.

Después ató las dos puntas de la cuerda de violín y las lacró.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Pocos minutos más tarde percibieron un ligero olor a quemado

y, al mismo tiempo, escucharon el ruido como de dos anillos de

madera que chocasen entre sí. Miraron hacia ese lugar y vieron las

dos argollas de madera, que cerca de tres minutos antes estaban

sujetas a la cuerda del violín, introducidas en la pata de la mesita.

Naturalmente, la penetración no podía efectuarse de modo normal,

ni por la parte del disco de la mesita, ni por la parte de los tres pies

en que terminaba la única pata central de la mesita. Aparte de esto,

en la cuerda del violín se habían practicado dos nudos flojos y el

anillo de tripa había penetrado en ellos.

Ninguna duda ofrece que, desde un punto de vista

estrictamente lógico, las varias experiencias referidas

anteriormente, hechas a plena luz, con rigor científico y en

presencia de tres hombres de ciencia, deberían por sí solas bastar

para probar la existencia real de los fenómenos de penetración de

la materia a través de la materia. Sin embargo, si esto es verdad

desde un punto de vista estrictamente racional, no es así en la

práctica, toda vez que el criterio de la razón se halla en presencia

de manifestaciones que se muestran en franco contraste con las

concepciones que la humanidad viene formando en torno a las

leyes de la naturaleza (concepciones siempre parciales y

provisionales, pero constantemente consideradas como definitivas)

y entonces se verifica que el criterio humano repele muchas veces

lo que es incapaz de asimilar o exige la reiteración, bajo múltiples

formas, de las manifestaciones producidas, antes de rendirse a la

evidencia.

Y no puede negarse que, si la primera forma de acogida – la de

repeler lo que es nuevo – es deplorable, la segunda, en cambio,

parece legítima e indispensable para el recto desarrollo del saber

humano, que se funda en la experiencia. En suma, si

personalmente es lícito que sea lógico conceder pronto y justo

valor a hechos bien verificados aunque aislados, no debe ya ser así

cuando se trata de consagrar oficialmente el gran alcance de los

mismos. En este último caso se debe esperar a que los hechos se

acumulen en medida suficiente para aplicarles los procesos

científicos del análisis comparado y de la convergencia de pruebas.

De ahí la necesidad de clasificar los hechos.

En cuanto al ligero olor a quemado que notaron los

experimentadores en el momento en que se verificaba el fenómeno

de las argollas introducidas en la pata de la mesita, noto como tal

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

observación se liga a otra ya por mí referida en los comentarios

sobre las experiencias de Millesimo y a propósito de los transportes

en general, en que objetos transportados, de piedra o metal,

muchas veces se han encontrado tibios, calientes o abrasadores,

según la estructura atómica de los mismos objetos, lo cual, en base

a la ley de la transformación de las fuerzas físicas, debe justamente

producirse cada vez que nos encontramos con un fenómeno de

desintegración y reintegración rapidísima de la materia; siendo así,

entonces se debería inferir que, en el caso aquí considerado, en

que se trataba de argollas de madera, el incidente del ligero olor a

quemado podría indicar que la muy rápida desintegración y

reintegración molecular de las argollas haya producido una

reacción calórica bastante notable para atacar y quemar, en

pequeña parte, la celulosa de la madera.

Prosiguiendo en la enumeración de los fenómenos a examen,

observo que son también instructivas las notables experiencias de

los doctores Dupouy y Puel con una joven inducida al estado de

sonambulismo por el segundo de ellos. El Dr. Dupoy, en su libro

Sciencies Occultes et Phisiologie Psychique (pág. 213), así escribe:

Como contribución personal a los hechos del orden en

examen, recordaré las famosas experiencias de la pulsera, hechas

por el Dr. Puel, experiencias en que estuve presente una decena

de veces, juntamente con otros testigos. Se trata de un brazalete

sin abertura o ligado, que se colocaba en el antebrazo de la

sonámbula Sra. L. B. Sus manos reposaban abiertas sobre la

mesa, o eran sujetadas entre las manos de uno de nosotros. En un

momento dado, la sonámbula emitía un grito de dolor y luego

oíamos caer el brazalete al suelo o sobre un mueble. Algunas

veces, en las mismas condiciones de experimentación, es decir,

con las manos de la sonámbula extendidas sobre la mesa y las

manos de uno de los experimentadores sobre ellas, asistíamos a lo

contrario, al paso de una pulsera de un antebrazo para el otro.

El Dr. Chazarin que, a su vez, tuvo ocasión de asistir a tales

experiencias, a ellas se refiere en los siguientes términos:

El fenómeno se verificó dos veces bajo mi control personal y de

la siguiente manera: la sonámbula se sentó cerca de la mesa y yo

permanecí en frente, para vigilarle los movimientos. Por dos veces

recogí el brazalete y lo introduje en su antebrazo derecho al tiempo

que sujetaba su mano correspondiente, que mantenía fuertemente

apretada entre mis dos manos. Después de unos ocho o diez

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

minutos, la sonámbula profirió un grito, no sé si de dolor o de

miedo, despertando sobresaltada. En otra experiencia semejante,

mi amigo Augusto Reveillac me dijo que, habiendo recogido luego

la pulsera, había verificado que estaba impregnada de un calor

abrasador.

Noto que esta última observación del relator, la de que el

brazalete fue encontrado en estado de calor abrasador, no solo

confirma cuanto se ha dicho con referencia al caso análogo

anterior, sino que sirve al mismo tiempo para demostrar la perfecta

identidad de manifestación existente entre los fenómenos de la

penetración de la materia a través de la materia y los de

transportes, visto que en esta última categoría de manifestaciones,

los casos en que se encuentran más o menos calientes los objetos

transportados se muestran asaz frecuentes. Pongo de relieve

finalmente, cómo tan interesante modalidad de manifestación,

común a ambas categorías de fenómenos, sirve además para

demostrar, indirecta pero eficazmente, su autenticidad de

manifestaciones supra normales indiscutibles.

Este otro interesante episodio, semejante al anterior, es

poquísimo conocido y ello porque está contenido en una carta

particular del Sr. Stainton Moses a la Sra. Speer y se refiere al

período en que la mediumnidad de Moses aún no se había

desarrollado de modo notable, carta en que él intentaba formar

cierta opinión en torno a las nuevas investigaciones,

experimentando con otros médiums.

En la circunstancia aquí considerada experimentaba por

primera vez con la notable médium Sra. Holmes y había obtenido

manifestaciones excepcionales, lo cual se daba por el hecho de

que sus propias facultades mediúmnicas se armonizaban con las

de la médium. En un momento dado, el espíritu-guía de Rosie le

dijo que, como él había aportado gran contribución de fuerza,

intentaría producir el fenómeno del paso del arco en torno del

brazo. Se trataba del arco de un tamboril de madera, reforzado con

una franja de hierro y usado como collera. Moses lo había

examinado minuciosamente, encontrándolo normal. Él así

prosigue:

Aproximándome a la mesa tuve el cuidado de acertar con una

de las manos la exacta posición en que se hallaba el arco allí

colocado. En seguida, invitado por Rosie, palpé cuidadosamente el

brazo de la médium para asegurarme de que en él no había sido

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

colocado ningún arco igual; después le sujeté ambas manos y le

imprimí a los brazos una sacudida tan fuerte que, si en ellos

hubiera un arco o una collera, hubiera caído al suelo. En fin, le

sujeté ambas manos con una de las mías y con la otra mano quise

además certificarme sobre si el arco se hallaba en su primitivo

lugar. Inesperadamente verifiqué que se sustraía mucha fuerza a

mi organismo y vi formarse una luz espiritual encima de la mesa.

La médium había caído en trance y su cuerpo era sacudido por un

temblor convulsivo. Yo miraba la luz mediúmnica y, en un momento

dado, la vi y sentí acercarse a mí, mientras, al mismo tiempo,

verificaba que el arco del tamboril estaba enrollado alrededor de mi

brazo. Yo había sentido pasar literalmente mi brazo a través de uno

de los lados del arco y la materia de este último me había parecido

mórbida lanilla que había, de súbito, cedido ante el obstáculo

encontrado. Mal se había producido el fenómeno, sentí que el lado

de la penetración del arco se había vuelto madera dura. ¡Y he aquí

que me encontré con el arco del tamboril en torno a mi brazo, al

tiempo que, con ambas manos, sujetaba las de la médium!... Este

admirable fenómeno, por mí personalmente controlado, me ayudó

grandemente a comprender cómo se verifica el paso de la materia

a través de la materia. (Light, 1892, pág. 59).

El caso expuesto es interesante y por lo que sé es también el

único episodio del género en que el experimentador ha podido

observar el instante en que se producía el fenómeno y también el

punto preciso del propio brazo en que penetraba el arco, así como

la modalidad con que esto sucedía. Por lo regular no ocurre tal

cosa y los experimentadores encuentran un anillo, un arco, etc.,

metidos en el brazo, sin notar antes ninguna sensación

correspondiente.

Ahora bien, la circunstancia expuesta es notable, desde el

punto de vista teórico de las modalidades con que se producen los

fenómenos del género, ya que si Moses notó el paso del arco del

tamboril a través del propio brazo, experimentando la sensación de

algo morbidísimo como la lanilla, que pronto había cedido frente al

obstáculo encontrado, esto hace presumir que la desintegración

fluídica de la materia leñosa y metálica del tamboril no fue llevada

al grado máximo de sublimación, sino reducida al estado de

pastosidad suficiente para producir el fenómeno.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

En los casos de transporte, por el contrario, la desintegración

de la materia deberá ser constantemente llevada al grado máximo

de sublimación molecular o fluídica.

Tratando de enumerar todas las formas con que se puede

producir el fenómeno de la penetración de la materia a través de la

materia, mencionaré igualmente la modalidad con que se manifestó

en las experiencias del Rev. Haraldur Nielsson con el médium

Indridi Indridasson. Escribe el prof. Nielsson:

Habíamos entonces ordenado construir una casita, que fue

exclusivamente destinada a nuestras experiencias, pues el círculo

ya había aumentado considerablemente. Había a veces setenta

personas presentes en la reunión.

Al objeto de prevenir cualquier posibilidad de compadreo por

parte de los asistentes, extendimos una red a través de la sala de

las experiencias, desde el techo hasta el suelo. Sus mallas eran tan

pequeñas que se hacía imposible pasar una mano a través de

ellas. El médium estaba sentado por detrás de la red, con un fiscal,

y todos los asistentes permanecían al otro lado.

Esta disposición no perturbó en modo alguno la producción de

los fenómenos.

Objetos sueltos, como una mesa, una caja de juegos, una

cítara, dos trompetas, su soporte, etc., fueron, como anteriormente,

desplazados a través de la red. (Rev. Haraldur Nielsson – Mes

expériences personnelles, etc., pág. 37 de la edición francesa).

Y, también en las circunstancias expuestas, el fenómeno de la

penetración de la materia a través de la materia no es dudoso, visto

que la mesita, la cítara y el soporte no hubieran podido pasar

normalmente a través de las mallas de una red de un diámetro

mucho menor que el ancho de la palma de una mano, sin rasgarla

en varios lugares.

De ello resulta que el fenómeno se vuelve también interesante

desde otro punto de vista y es el caso asombroso de una voluntad

subconsciente o extrínseca que llega a desintegrar los hilos tiesos

de una red para después reintegrarlos exactamente en los mismos

lugares.

Termino esta breve enumeración de los casos típicos, relativos

a los fenómenos en examen, narrando un episodio asaz

maravilloso en apariencia, pero en realidad no más extraordinario

que los otros, apariencia, no obstante, que dio causa a una

polémica instructiva en la Revista que lo publicó, y durante la cual

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surgieron algunos teoristas que pronto adivinaron que el relator se

había dejado engañar. Tal polémica se desarrolló en cinco

números de la Revista espírita inglesa Light, empezando en el

número 8 de enero de 1910. El relator de las experiencias es el

coronel F. R. Begbie, del Ejército de la India, y todos los

experimentadores pusieron sus firmas de confirmación en el relato

publicado en esa Revista.

El coronel Begbie declara que el episodio de que voy a tratar

se produjo en el propio círculo privado, del cual no forman parte

médiums profesionales, y que el espíritu-guía de sus experiencias

es una joven hindú de nombre Susu y que, cierto día, le había

informado de que, cuando estaba en la Tierra, le gustaba mucho el

chocolate. El coronel Begbie prosigue en estos términos:

Compré media libra de pastillas de chocolate y las coloqué

dentro de una cajita. Escribí una breve nota a Susu, cuyo contenido

solo era conocido por mí, y la deposité también dentro de la cajita,

que cerré y envolví, cuidadosamente, en una hoja de papel oscuro,

atándola, bien apretada, con un bramante cuyas puntas lacré,

poniendo en ellas mi sello. Coloqué la cajita encima de la mesa,

disponiendo alrededor de la misma las tarjetas de visita de los

experimentadores, todos con sus respectivas firmas autógrafas.

Susu no tardó en incorporarse en la médium para anunciar que

probaría a retirar el chocolate, después de lo cual, aparentemente,

dejó a la médium. Se siguieron golpes en la mesa con los cuales

ordenaba: Encended la luz. Así se hizo, verificándose que faltaban

dos tarjetas de visita, una de las cuales era la mía y la otra, la de la

señora vecina. Se apagó después la luz y se recomenzó el cántico

de un himno, a media voz, en la expectativa de recibir un mensaje

escrito en las dos tarjetas desaparecidas. Cerca de la segunda

estrofa del himno que estábamos cantando, se hicieron oír golpes

con los cuales fue dictada la frase: He quitado el chocolate. Y

encended la luz. Ejecutada la orden recogí la cajita, que estaba

aparentemente intacta y, sujetándola en la mano me apercibí de

que estaba vacía, salvo una pastilla solitaria, que cuando sacudía

la cajita saltaba dentro de ella; no obstante, el bramante que la

ataba fuertemente, el sello de lacre que inmovilizaba los extremos

del cordel y el papel que la envolvía, estaban intactos.

Mis compañeros querían que yo la abriese para verificar si

Susu había contestado a mi carta, pero rehusé, puesto que no

deseaba tocar el envoltorio para no destruir una prueba irrefutable

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

del paso de la materia a través de la materia. Y he aquí que,

cuando se hizo la oscuridad, los golpes dictaron: Abrid la cajita.

Encended la luz. Con verdadera reluctancia me decidí a cortar el

bramante y a retirar el envoltorio de papel. Cuando abrí la cajita

quedé sorprendido al verificar que mi tarjeta de visita con mi firma

se encontraba dentro, y que en ella estaba escrita una

comunicación de Susu. Por el contrario, la carta por mí escrita y

colocada dentro de la cajita no fue encontrada, ni dentro ni fuera.

En mi carta a Susu yo le pedía que me regalase una pastilla de

chocolate y ella contestaba agradeciendo el recuerdo que yo había

tenido, observando que el chocolate pedido ella lo dejaba en la

cajita. Éste era, en realidad, el modo como Susu había interpretado

mi deseo, pero no correspondía a mis intenciones, puesto que yo

deseaba que el chocolate me fuese colocado entre los labios, como

había hecho antes con otro experimentador…

En resumen: En este extraordinario episodio, nos encontramos

frente al caso de una cajita conteniendo media libra de chocolate,

por mí cuidadosamente envuelta en una hoja de papel oscuro y

fuertemente atada en cruz, con bramante cuyos extremos

quedaron debidamente fijados, sellados con lacre y timbrados,

dentro de la cual fueron desmaterializados y después transportados

los chocolates, al igual que la carta allí colocada. Además, en lugar

de la carta apareció mi tarjeta de visita, que estaba colocada por el

lado de fuera, en la mesa, y todo ello sin tocar el envoltorio, el

bramante, ni el lacre timbrado. El fenómeno parece de tal modo

maravilloso que no existe posibilidad de poder explicarlo a no ser

admitiendo la intervención de una entidad espiritual extrínseca al

médium y a los presentes. Ya hemos obtenido, en nuestro círculo,

numerosos fenómenos notabilísimos, pero este los supera a todos.

Desafío a cualquier prestidigitador a intentar producir el mismo

fenómeno bajo las mismas condiciones. (Firmados: el coronel

Begbie y todos los experimentadores).

Este es el interesante episodio narrado por el coronel Begbie.

Antes de referirme a las discusiones que se siguieron, preciso es

recordar que en la casuística metapsíquica se contienen otros

episodios idénticos, a comenzar por los obtenidos por Zollner. Así,

por ejemplo, este último colocó algunas monedas dentro de una

cajita que después encoló y lacró, lo cual no impidió que, en

presencia del médium Slade, las monedas en ella contenidas

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atravesasen la cajita, después la mesa en que estaba colocada,

para caer tintineando en el suelo.

En el caso de otra cajita, conteniendo iguales monedas, el

fenómeno se produjo en doble sentido, puesto que fueron

transportadas las monedas e introducidos en la cajita dos trozos de

pizarra. Ya se comprende que, en ambas circunstancias, los

pegamentos y los lacres han sido encontrados intactos.

Explicado esto, retomo mi narrativa, haciendo notar que en dos

números seguidos de la Revista Light aparecieron las

observaciones contradictorias de dos críticos: los señores Mac

Callum y C. W. Scarr. Este último preguntó al coronel Begbie: ¿Por

qué no podemos obtener en la claridad los mismos resultados?

¿Por qué necesitamos de un médium para obtenerlos? El carácter

ingenuo de tales preguntas basta para demostrar la profunda

ignorancia de quien las formulaba, por eso no es el caso de

ocuparnos de ellas. En cuanto al Sr. Mac Callum, éste demostró

hallarse a la altura de los llamados críticos científicos, puesto que

acribilló al coronel Begbie con una serie de preguntas, objeciones e

insinuaciones, de las cuales me limitaré a enumerar las principales.

Empezó por objetar que tan solo los extremos del bramante

estaban fijados y lacrados, al paso que se debería hacer otro tanto

con el envoltorio de papel. Después objetó que el narrador se había

olvidado de informar si había posibilidad de entrar y salir del

aposento sin ser descubierto, y además que hubiese descuidado el

hacer saber cuántos minutos habían transcurrido desde el

momento en que se apagó la luz hasta el instante en que Susu

dictó la frase: He quitado el chocolate. Encended la luz. En fin, que

él no se preocupó de hacer saber si había mantenido siempre a la

vista la cajita sobre la mesa cada vez que se encendía la luz. El

coronel Begbie se apresuró a gentilmente responder, en los

siguientes términos, a la primera objeción:

Experimentamos en un aposento pequeño, que termina

directamente en el comedor, sala esta que permanece siempre

iluminada. La puerta del cuarto queda cerrada con doble vuelta de

llave, antes de apagar la luz. Sería por tanto imposible que alguien

saliese sin ser observado, visto que si se abriese la puerta se

iluminaría el cuarto. Por lo demás, nadie podría moverse sin ser

prontamente descubierto, tanto más que todos nosotros estábamos

siempre a la escucha para no dejar de oír los golpes que

resonaban, muchas veces bastante débilmente. Como el cuarto era

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

pequeño, nos sentábamos en círculo cerrado y bastante juntos

unos de otros. Somos casi todos experimentadores desde hace

mucho y de comprobada experiencia, de modo que no sería fácil

ser engañados. Dicho esto, observo que nuestra médium, que

desde hace 11 años se presta gentilmente a experiencias por puro

amor a la Causa, está por encima de cualquier sospecha. Vi la

cajita sobre la mesa cuando se encendió la luz, notando que

faltaban dos tarjetas de visita. Transcurridos unos minutos, se

obtenía el mensaje: He quitado el chocolate. Encended la luz. En

este brevísimo espacio de tiempo las pastillas de chocolate al igual

que mi carta eran transportadas desde dentro de la cajita, y mi

misiva era contestada con un mensaje escrito en mi tarjeta de

visita, que estaba encima de la mesa y había sido introducida en la

cajita. Noto, finalmente, que la circunstancia de que Susu haya

contestado a mi carta demuestra que la ha leído, en plena

oscuridad. ¿También el Sr.Mac Callum sería capaz de leer a

oscuras?

El Sr. Mac Callum contestó reconociendo que debía excluirse

la posibilidad de que alguien hubiese salido del cuarto para arreglar

en otra parte la cajita y reponerla en su lugar, añadiendo, sin

embargo, que para leer la carta y contestarla no era preciso salir,

puesto que la médium podría haber leído en el pensamiento del

coronel Begbie. En cuanto a la afirmación acerca de que los

experimentadores se sentaban en un círculo cerrado, él no estaba

en posición de comentarlo, por cuanto el relator no había facilitado

el diámetro de tal círculo. Con todo observaba que si dos

compadres se sentasen al lado de la médium, entonces sería

posible que durante el himno cantado los tres confederados

llegasen a ejecutar su combinación, sin despertar la atención de los

demás. Añadía que también era cosa facilísima escribir

regularmente en plena oscuridad. En fin, reconocía la existencia de

una única dificultad realmente insuperable, que era la posibilidad

de colocar en su lugar el envoltorio de papel con idénticas dobleces

que antes y, siendo así, el Sr. Mac Callum se quitaba de ese

callejón sin salida lanzando la duda de que el coronel Begbie no

había observado bien el envoltorio de la cajita. Declaraba, no

obstante, sinceramente, que la dificultad de colocar en el lugar el

envoltorio de papel estaba prácticamente removida. Ya que se

había demostrado reproducir en la oscuridad el mismo fenómeno y

entonces había sido logrado, salvo el bendito envoltorio, que había

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

quedado mal. Terminaba por rogar al coronel Begbie que repitiese

la experiencia con una cajita proporcionada, preparada y lacrada

por él mismo.

Reproduzco los fragmentos principales de la réplica del coronel

Begbie:

Hemos quedado profundamente sorprendidos al ver que,

después de todos los informes por mí suministrados al Sr. Mac

Callum, éste persiste en poner en duda la honestidad de los

componentes de nuestro círculo. Él observa que la sustracción de

las pastillas de chocolate sería fácil cuando dos comparsas se

sentasen al lado de la médium. Es probable, pero yo he dado, a

propósito, razones tales que se debería excluir para siempre tan

indigna, falsísima, injustísima insinuación, cuya sombra se proyecta

sobre todos los miembros de nuestro grupo. Si yo, por un solo

momento, hubiese pensado que mi relación (escrita por sentimiento

del deber y en interés de la causa espírita) tendría por

consecuencia engendrar insinuaciones y acusaciones sobre

nuestra honestidad, no la hubiera nunca publicado.

En cuanto al envoltorio de papel, puedo garantizar al Sr. Mac

Callum que, antes de decidirme a desatar la cajita, tanto yo como

los demás experimentadores la hemos examinado diligentemente,

minuciosamente, largamente, por todos los lados, encontrándola

perfectamente intacta, tal como yo la había preparado. El Sr. Mac

Callum afirma haber logrado retirar el bramante, el envoltorio y los

chocolates en plena oscuridad. Yo lo invito a reproducir la prueba

en nuestro círculo, asegurándole que él será recibido con a máxima

deferencia. Me obligo, además, a donar 10 libras al Instituto de

Beneficencia caso él consiga ejecutar su empresa sin que los

demás se aperciban, condición, no obstante, por la cual él se obliga

a donar otro tanto al mismo Instituto, en caso de no obtener éxito.

Con relación a la propuesta que me hace de repetir la

experiencia, operando con una cajita enviada por mi censor,

respondo que, si él posee conocimientos adecuados sobre el tema,

debería saber que la cosa no es posible con su estado de ánimo,

ya que saturaría los objetos empleados en la experiencia con

magnetismo antagónico, neutralizando, efectivamente, la

producción del fenómeno. Acepto, no obstante, su desafío, pero

con la variante de que yo proveeré la cajita, preparándola en

presencia de dos amigos del Sr. Mac Callum y lacrándola con

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

timbre por él proporcionado. Espero a los amigos por él elegidos

para la experiencia…

Y con esto se termina la polémica originada por el episodio

expuesto. Debe deducirse que el Sr. Mac Callum no se atrevió a

correr el riesgo de perder 10 libras esterlinas en una tentativa

absurda, ya que podía tener la palabra en una polémica, pero no

traducir en la práctica lo que decía. He querido reproducir con

detalles la polémica originada por la relación del coronel Begbie

porque en ella se notan puntos de semejanza notabilísima con la

mantenida por mí a propósito de las experiencias de Millesimo,

salvo que el Sr. Mac Callum se mostró siempre correcto y leal en

sus críticas y, si resbaló algunas veces en insinuaciones genéricas

de fraude, esas no excedieron nunca los límites de cuanto se debe

conceder a un crítico. Se vio, con todo, que el coronel Begbie no se

ofendió seriamente y no se puede negar que no tuviese buenas

razones para ello. Bien diversos y mucho más reprochables fueron

los métodos con que se desarrollaron las polémicas en torno a

nuestras experiencias y el Dr. Bernouilli de Zurich lo notó,

expresándose en estos términos, enderezados a esos censores

que se habían transformado en agresores:

La Crítica es un arma de doble filo que ha de ser manejada con

extremada cautela y absoluta rectitud, si desean evitar

consecuencias fatales. Así, por ejemplo, hay críticos incautos que

obtienen por único resultado ver arrojar fuera al recién nacido

juntamente con el agua del baño…

Verdaderamente es este nuestro caso, pero yo no tengo

intención alguna de demorarme en demostrarlo y quedaré

satisfecho con aludir indirectamente a los resultados obtenidos por

nuestros críticos, repitiendo las palabras del coronel Begbie:

Si yo, por un solo momento, hubiese pensado que mi relación

(escrita por sentimiento del deber y en interés de la causa espírita)

tendría por consecuencia engendrar insinuaciones y acusaciones

sobre nuestra honestidad, no la hubiera nunca publicado.
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Mensaje Publicado: Mie, 04 Ago 2010 12:09 pm    Asunto: CATEGORIA I Responder citando
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Transportes por encargo o en que se encuentran modalidades

de producción que excluyen toda posibilidad de fraude

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

En la enumeración de los casos que me he propuesto tratar,

deseaba seguir una disposición en grupos, según las varias

modalidades con que son producidos los numerosos fenómenos de

transportes aquí considerados, modalidades que excluyen toda

posibilidad de prácticas fraudulentas, pese a la condición de plena

oscuridad en que han sido obtenidos. No obstante, mi propósito no

se ha mostrado prácticamente utilizable, visto que en una misma

sesión a veces se agrupan episodios de transportes diferenciados

por modalidades de producción las más diversas, lo cual me

constriñe a renunciar a una disposición ordenada de esos

episodios. No queda más que el recurso de contornar este

pequeño inconveniente mediante un resumen final en que se

contengan todas las modalidades con que son producidos.

Cuando consultamos las obras y las Revistas publicadas en los

primeros cuarenta años de pesquisas en el campo de las

manifestaciones supra normales, encontramos buen número de

extraordinarios casos de transportes diferenciados por las

condiciones de producción aquí consideradas, no obstante

renuncio a relatarlos para no extralimitar las proporciones de la

presente monografía, reservando espacio para los episodios del

género obtenidos en más recientes decenios y en nuestros días.

Acerca de las manifestaciones relativamente antiguas, aludiré

de paso a algunos incidentes obtenidos con la mediumnidad del

Rev. William Stainton Moses, para después detenerme un tanto en

torno a los episodios obtenidos gracias a la mediumnidad de la Sra.

Guppy (entonces Srta. Nicoll), y ello por la consideración de que

esta médium, famosa por los casos de transporte de su propia

persona de una casa para otra, no es bastante conocida como

maravillosa médium de transportes; a ese respecto se debe añadir

que algunas sesiones notabilísimas, por ella llevadas a cabo en

Florencia, durante un viaje de recreo a Italia, son literalmente

ignoradas, pese a que se muestren dignas de salir del olvido.

Caso I – Pese a la variedad y la importancia de los fenómenos

de transportes obtenidos con la mediumnidad del Rev. Moses, en

que, entre otros, se clasifica la rara especialidad de transportes de

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

pequeñas gemas (perlas orientales, esmeraldas, zafiros, así como

camafeos de origen supra normal), raros son los episodios que

presentan algunas de las características aquí contempladas. No

obstante, se han verificado lluvias de perlas orientales a plena luz

(hasta treinta pequeñas perlas de una sola vez) y esto en los

intervalos entre una y otra sesión, en el momento en que los

experimentadores pasaban a la sala de refrigerios para tomar el té;

y en otra circunstancia, la Sra. Speer vio una pequeña perla

oriental posarse encima del papel en que escribía una carta.

No me extiendo sobre esa fase interesantísima de la

mediumnidad de Moses, por cuanto el espíritu-guía Rector ya

había explicado que no se trataba de transportes verdaderos y sí

de creaciones espíritas. Observo, de cualquier manera, que se

trataba de creaciones de gemas auténticas y duraderas y, cuando

Moses, según orden recibida fue a una joyería para hacer engastar

en un anillo el magnífico rubí mediúmnico que debía traer

constantemente en el dedo, el joyero, después de haberlo

largamente examinado, observó que aquel rubí era de una belleza

y pureza excepcionales.

Destaco, de entre los varios transportes obtenidos por encargo,

los dos siguientes episodios recogidos en el dosier de la Sra.

Speer:

Sesión de 7 de septiembre de 1872 – Esta noche nos

habíamos reunido como de costumbre. Pronto se manifestó

nuestro amigo A., que respondió a varias preguntas y tocó, a

nuestro ruego, su maravilloso instrumento espiritual. El Mentor

aspergió en abundancia un delicioso perfume para armonizar los

fluidos. Yo pedí que me fuese traído un objeto que se hallaba en mi

cuarto de dormir. Casi inmediatamente me fue puesto en la mano

un frasco de perfume que se encontraba sobre mi tocador (Light,

1892, pág. 391).

En la sesión de 18 de enero de 1873 se lee este otro episodio:

Esta noche el cuarto quedó inundado de perfumes y las

manifestaciones, de orden físico, fueron poderosas. En un

determinado momento, cayó entre el doctor Speer y yo un libro que

provenía de la biblioteca, cerrada con llave. El Dr. Speer entonces

nos informó que había pedido mentalmente al Mentor que le trajese

algún objeto que se encontrase fuera de la zona fluídica que

circundaba al médium. (Light, 1892, pág. 523).

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Este segundo episodio, conforme a petición formulada

mentalmente, se muestra más que nunca interesante desde el

punto de vista probatorio. Observo que la biblioteca, de la que se

ha traído el libro transportado, se hallaba en la sala de las

sesiones, pero como el libro ha sido retirado de la sección

acristalada de la biblioteca, siempre cerrada con llave, el hecho se

traduce en transporte, visto que el fenómeno de la penetración de

la materia se ha realizado igualmente.

Relato además este otro episodio de transporte de una

campanilla. Escribe Moses:

En la sesión de 28 de agosto (1873) fueron transportados siete

objetos, retirados de aposentos diversos; el día 30 otros cuatro,

entre los cuales una campanilla, llevada desde el comedor contiguo

hasta el cuarto de las experiencias. Es de notar que se dejaba

siempre encendido el gas, con toda la llama, tanto en el comedor

como en la salita, en razón de que, si alguien abriese cualquiera de

las puertas, cierta onda de luz habría invadido enseguida el

aposento en que hacíamos las experiencias. Como el hecho no se

volvió a verificar, poseemos con esto la tal prueba que el Dr.

Carpenter considera como la más deseable, es decir, la prueba del

buen sentido, visto que las dos puertas permanecieron siempre

cerradas. En el comedor se hallaba una campanilla; nosotros la

oímos tintinear imprevistamente, y pudimos seguirle el movimiento

en el aire, observando que el ruido se aproximaba lentamente a la

puerta que la separaba de nosotros. Fácilmente se puede imaginar

el asombro de todos cuando, a pesar de la puerta, oímos a la

campanilla tintinear dentro del cuarto, acercándose lentamente a

nosotros. Dio la vuelta al cuarto, tintineando siempre, después

descendió, pasó por debajo de la mesa y se elevó un poco,

llegando al nivel de mi codo. Vino a tintinear precisamente bajo mi

nariz, después en torno a la cabeza de todos los presentes, uno

tras otro, y finalmente se posó delicadamente encima de la mesa.

(Proceedings of the S. P. R., vol. IX, pág. 267).

Al leer el magnífico episodio aquí expuesto, me vino luego a la

memoria un caso semejante obtenido por William Crookes con la

mediumnidad de la Srta. Kate Fox. La diferencia entre los dos

episodios consiste en la circunstancia de que, en el caso de

Crookes, la campanilla transportada empezó a tintinear cuando ya

se encontraba en la sala de las sesiones, mientras que en el caso

de Moses la campanilla ya lo había hecho en el otro aposento,

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

proporcionando de esta forma un complemento de prueba sobre lo

genuino del fenómeno, que se muestra entonces positivo. Y esto es

cuanto importa desde el punto de vista que me he propuesto con la

presente clasificación.

Noto además, en el episodio en aprecio, que lo que me parece

más asombroso es la circunstancia de haber la campanilla entrado

en la sala sin casi haber dejado de tintinear. En caso de que

hubiesen estado apagadas las luces de la sala de refrigerios, se

hubiera podido explicar el misterio, suponiendo que en tal

contingencia se hubiese producido el fenómeno inverso de la

desintegración de una parte de la puerta, a través de la cual había

pasado la campanilla; sin embargo, como la sala de refrigerios

estaba iluminada, no es posible recurrir a tal plausible solución del

misterio. Se deberá por tanto inferir que el fenómeno de la

desintegración y reintegración de la campanilla se produjo con tal

rapidez que el intervalo de silencio fue lo bastante corto como para

no ser notado por los experimentadores.

Caso II – Debiendo ocuparnos de la mediumnidad de la Sra.

Guppy (antes Srta. Nicoll), no puedo dejar de extraer algunas citas

de los escritos del famoso naturalista Alfred Russell Wallace, que

fue el descubridor de sus facultades mediúmnicas. En su libro On

Miracles and Modern Spiritualism, escribe en estos términos:

Conocí a la Srta. Nicoll antes de que ella hubiese oído nunca

hablar de las mesas girantes y del Espiritismo y le descubrí las

facultades mediúmnicas por mera especulación, invitándola a

tomar parte en nuestras experiencias. Esto sucedió en noviembre

de 1866 y durante algunos meses continuamos

ininterrumpidamente nuestras sesiones, de modo que tuve facilidad

para vigilar y acompañar el maravilloso desarrollo de su

mediumnidad. La forma más notable por ella asumida consistía en

los transportes de flores y frutas, en un cuarto herméticamente

cerrado. El fenómeno se produjo por primera vez en mi casa, y tuvo

lugar al comienzo de su desarrollo mediúmnico. Ese fenómeno, no

obstante, se verificó centenares de veces en ambientes diversos,

bajo condiciones variadísimas. Algunas veces las flores llegaron,

de repente, en tal cantidad, que formaron un gran montón sobre la

mesa; y además de esto sucedió muchas veces que flores y frutas

eran transportadas precisamente a petición de los

experimentadores. Así, por ejemplo, un amigo mío pidió un girasol

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y al instante caía encima de la mesa una de esas plantas de una

altura de seis pies, con sus raíces envueltas en una espesa capa

de tierra.

Un episodio análogo a este último fue narrado por el conocido

escritor espiritualista Roberto Cooper, amigo de Russell Wallace y

compañero suyo de experiencias. Escribe:

Cierta vez, después de la cena, me dirigí a casa del Sr. Guppy,

en Higbury, y por él me enteré de que su esposa había ido a pasar

la noche en la residencia de una familia vecina. El Sr. Guppy había

añadido que se trataba de nuevos conocidos, que eran personas

ignorantes de las cosas del Espiritismo y que le habían pedido

asistir a algunas sesiones del género, en vista de lo cual me

dispuse a acompañarlo a aquella casa.

Sucedió, por tanto, que sobre las 6 horas nos dirigimos juntos a

ella. Después del té decidimos hacer una sesión. El cuarto era

pequeño y hacíamos una docena de personas sentadas en círculo,

alrededor de la mesa, razón por la cual no quedaba espacio alguno

para pasar entre uno y otro de nosotros. Se apagó la luz y poco

tiempo después unos golpecitos alfabéticos pidieron a los

presentes que especificasen las cosas que deseaban fuesen

transportadas; algunos pidieron flores y otros, frutas. Yo, al

principio, pensé en una coliflor, pero no estando seguro de que

fuese la estación propicia para ellas, dije: Traedme un terrón de

tierra con hierba. Pocos minutos más tarde vimos señales

manifiestas de que mi orden estaba traducida en hecho, pues uno

de los presentes acusó haber sido tocado en el pecho por algo

impreciso. En seguida me sucedió a mí otro tanto y, al mismo

tiempo, noté algo indefinido que me caía en el regazo. Se encendió

la luz y entonces todos vieron que se encontraba en mi regazo un

terrón de tierra húmeda, con ramos de hierba bastante largos.

¡Apenas le había puesto la mano, noté con espanto que dentro de

la tierra húmeda de la raíz se contorsionaban lombrices de tierra!

Evidentemente el terrón había sido arrancado en aquel momento

de algún prado de los alrededores. (Light, 1896, pág. 165).

Y ahora paso a citar algunos fragmentos no menos

interesantes, tomados de sesiones realizadas en Londres y en

Florencia, pero igualmente ignorados de todos, visto que solo

fueron relatados por experimentadores italianos, y publicados

exclusivamente en la Revista Anales del Espiritismo en Italia,

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dirigida por el profesor Scarpa (Nicéforo Filalete) y desde hace

muchos años extinta.

Transcribo, antes de otra cosa, un largo fragmento de la

narración de Achille Tanfani, redactor de la publicación supra

citada, el cual, habiendo ido a Londres a negocios, tuvo ocasión de

asistir a algunas sesiones con la Sra. Guppy. Escribe:

Fui favorecido por nuestro excelente amigo el Sr. Damiani con

una carta que me presentó a los Guppy y tuve, con esto, la fortuna

de presenciar gran parte de las maravillas mediúmnicas que con

tanto placer había leído en los periódicos espíritas de Inglaterra.

Viernes, 23 de junio de 1874, no obstante una neblina que me

ocultaba la vista del magnífico palacio de Westminster y una

menuda lluvia que filtraba desde un cielo oscuro, me moví de mi

hotel en Ruppert Street y me dirigí al nº 1 de la Morland Villa,

vivienda del matrimonio Guppy. Pasamos el día en agradable

conversación y, después de la cena, fui gentilmente invitado por la

Sra. Guppy a acompañarla a una casa de la ciudad, donde había

prometido llevar a cabo una sesión espírita.

El ofrecimiento no podía ser más cautivador y, poco tiempo

después yo me hallaba en un carruaje en compañía de los Guppy y

de cierta Sra. Fisher, en dirección a aquella residencia. Debo hacer

notar que el vehículo era tan pequeño que solo había sitio para

cuatro personas, de modo que incluso quedaron arrugados los

vestidos de las señoras e importunadas más o menos las piernas

de todos. Esta observación, si bien frívola, podrá servir para dar

mayor realce a los fenómenos que estoy a punto de describir.

Después de una buena hora de camino, llegamos finalmente al nº 7

Dane Inn, casa del Sr. Volkmann, nuestro amable anfitrión.

Encontré en su casa una pequeña pero selecta asistencia de

seis o siete personas, entre las cuales el Sr. Greclo, coronel del

ejército ruso. Tomamos asiento todos en torno a una mesa grande

y pesada, en una salita de la planta baja que daba al zaguán de

entrada por una única puerta, que fue cerrada con llave. Durante la

breve charla que precedió a la sesión, tuve facilidad para

inspeccionar el aposento, pero nada descubrí que pudiera tener la

menor relación con los bellísimos fenómenos de que fui testigo.

Tan pronto se hizo la oscuridad y manteniéndonos todos en

cadena, en torno a la mesa, ésta empezó a hacer movimientos

bruscos y ondulatorios con tal fuerza que fue bueno que no nos

encontrásemos en una planta superior, pues de otra forma

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hubiéramos temido por el piso. A continuación una brisa bastante

agradable, en una noche tan calurosa y en aquel cuarto

herméticamente cerrado, vino a soplar en nuestras manos y

rostros, y repetidamente fuimos bañados con agua de Colonia. Se

siguieron algunos golpes misteriosos, inimitables. Nos parecía que

se estaba golpeando no en la superficie, sino en el interior de la

madera y, al mismo tiempo, cayó encima de la mesa algo de tanto

peso, que movidos por la curiosidad encendimos la luz y se puede

calcular nuestra sorpresa al encontrar sobre la mesa una gran

planta de uva-espín, con tierra y raíces, que en alto y largo medía

más de dos pies.

La luz fue nuevamente apagada y tras unos minutos cayó una

lluvia de rosas, que, en la claridad, nos parecieron tan frescas y tan

humedecidas de rocío que parecían haber sido cortadas allí mismo,

y nueve multicolores insectos revoloteaban de una a otra flor.

Nuevamente volvimos a hacer la oscuridad, por recomendación

de los invisibles, y habíamos esperado unos pocos instantes

solamente, cuando diversos objetos fueron arrojados sobre la mesa

y verificamos, con la luz encendida, tratarse de un limón, una

naranja, un gran pepino y una enorme mata de frambuesas con

una altura de cerca de seis pies. Se comprende que sería

necesaria una pequeña despensa para esconder todas esas cosas

y bastante pueril sería creer que la Sra. Guppy hubiese podido

ocultarlas en aquel pequeño carruaje en que habíamos ido a la

sesión. Añado que aquellas plantas tienen espinas agudas y que la

fragancia de las flores las hubiera revelado al olfato, caso se

hubiese tenido medios para sustraerlas a la vista. De rosas, la

cantidad fue tal, que después de haber cada uno de nosotros

formado su ramillete, todavía sobraron bastantes para adornar toda

la comitiva. (Annali dello Spiritismo in Italia, 1874, pág. 274).

En otra sesión a que tuvo ocasión de asistir el mismo Achille

Tanfani en casa de los Guppy, presente también el escritor Robert

Cooper, se produjeron otros fenómenos de la misma naturaleza,

que no relataré aquí por no alargarme demasiado, salvo el

siguiente episodio en que se verificó la aparición de otros

animalitos vivos. Escribe el narrador:

En un momento dado, se derramó agua perfumada sobre

nosotros y fuimos gentilmente acariciados con ramitos de cerezas,

en los cuales, una vez encendida la luz, descubrimos dos

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escarabajos vivos, con mucho pavor por parte de la Sra. Guppy,

que siente por ellos repugnancia. (Ídem, pág. 302).

Y ahora paso a narrar los principales fragmentos de los

informes sobre las sesiones con la Sra. Guppy en Florencia,

informes escritos por Rinaldo Dall’Argine, secretario de la Società

Spiritica Florentina, uno de los más inteligentes y beneméritos

espíritas de las primeras horas.

Extraigo los fragmentos aquí reproducidos de los Anales del

Espiritismo en Italia (1869), pág. 178 y siguientes). El relator así

comienza:

La Sra. Guppy, apenas llegada a Florencia, trabó amistad con

la condesa Enrichetta Bartolomei, esposa del Señor Conde

Tomaso Passerini, y, como son ambos ardorosos y perseverantes

cultores de nuestra doctrina y muy frecuentemente hacen

experiencias en su residencia, la Sra. Guppy, invitada por ellos a

dar pruebas de sus extraordinarias facultades mediúmnicas, se

prestó con la mejor voluntad y obtuvo los acostumbrados

fenómenos.

La primera sesión que la Sra. Guppy hizo en la casa Passerini

fue en la noche del 23 de diciembre de 1868. Los invitados, en

número de 14 o 15, eran todos espíritas y en torno a una mesa

redonda, de un diámetro de cerca de un metro, se sentaron los

cónyuges Guppy y muchos de los asistentes. La médium quiso que

le ligasen las manos y que la dueña de la casa las sujetase entre

las suyas y así se hizo. El Dr. Wilson (uno de los invitados) sujetó

las manos del Sr. Guppy. Las otras personas del círculo estaban en

torno a la mesa, en segunda línea, formando cadena.

Tras algunos minutos, la médium (siempre con las manos

ligadas y sujetas por la Sra. Passerini) mandó apagar la luz. Con la

sala en profunda oscuridad, escuchamos golpes en la mesa como

si alguien, con los nudillos, pegase sobre ella. Entonces, por medio

de la tiptología, se produjo un diálogo entre el Sr. Guppy y el

espíritu que se manifestaba.

La Sra. Bulli (médium vidente que asistía a la sesión) dijo ver

una gran cantidad de flores, entre las cuales distinguía claramente

una bellísima rosa roja, muy grande y con tres hojas. Algunos

minutos más tarde, fue por todos notado un suave perfume de

flores y a continuación como una lluvia que cayese encima de la

mesa. Cesado el rumor que se había oído y encendida la luz, todos

quedaron maravillados al encontrar el mueble enteramente cubierto

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de flores fresquísimas. Las flores eran junquillos, violetas, geranios,

magnolias, claveles y una bellísima camelia roja con tres hojas que

la médium vidente ya había vislumbrado en la oscuridad y que, por

su semejanza, había creído ser una rosa.

En la noche del 26 del citado mes la Sra. Guppy volvió a la

misma casa para dar nuevas pruebas de su mediumnidad. Los

resultados fueron poco más o menos iguales a los obtenidos en la

noche del 23. Tuvimos, por dos veces, una abundante lluvia de

flores frescas, fresquísimas de veras, y todas mojadas; en aquella

noche llovía fuertemente. Habiendo una señora pedido al espíritu

algunos animalitos vivos, como por ejemplo, un pajarillo, un ratón o

un conejo, no se hizo de rogar el espíritu y pronto puso sobre la

mesa diversos insectos alados, casi todos grandes, que no sé

cómo denominar, los cuales después de haberse paseado por

encima y por debajo de la parte superior de la mesa, alzaron vuelo

y se marcharon. El espíritu nos obsequió con algunas manzanas,

limones y naranjas. Antes, una de ellas nos había sido arrojada con

cierta fuerza contra el pecho, aunque sin causar el menor daño.

En aquella noche la Sra. Guppy y su marido, cuando la sala

estaba aún en la más completa oscuridad, tampoco tenían libres

las manos, que estaban firmemente sujetas por los que se

encontraban más próximos. Cada vez que los cónyuges Guppy se

encuentran en alguna casa para intentar cualquier experiencia,

siempre exigen que se les pase revista, para disipar cualquier

sospecha de que puedan ocultar objetos que en la oscuridad

caigan sobre los asistentes.

Los esposos Guppy, que son de rara gentileza, no rehusaban

favorecer con sus presencias a nuestra sociedad. Mientras

esperábamos que el número de socios estuviese completo para dar

comienzo a nuestras experiencias, alguien dijo que no podía

comprender cómo podían los espíritus distinguir los colores en la

oscuridad. Apagada la luz, se manifestó un espíritu que dictó, a

través de la tiptología, las siguientes palabras: Hay aquí alguien

que considera que los espíritus no ven en la oscuridad. Cesados

los golpes reinó durante algunos minutos el más profundo silencio,

cuando de repente, se oyó como una lluvia de hojas secas caer

encima de la mesa. Encendida la luz, vimos la mesa cubierta de

confeti de diversos colores: blancos, rojos, verdes, amarillos, etc.

Entonces el espíritu nos invitó a reunirlos todos en un solo montón,

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en medio de la mesa, y a apagar nuevamente la luz, lo que se hizo

enseguida.

Después de breves instantes, por orden del mismo espíritu, se

encendió la luz y, con gran sorpresa nuestra, verificamos que los

confeti habían sido separados según sus colores, es decir, los

blancos estaban todos reunidos aparte, los rojos igualmente, los

verdes también y así todos los demás. El espíritu, operando aquella

separación, había querido demostrar que los espíritus pueden, en

la oscuridad, que solo existe para nosotros, distinguir

perfectamente los colores.

Por tercera vez la Sra. Guppy se prestó a servir de médium a la

Società Spiritica Florentina. También esa vez se adoptaron las

habituales precauciones, es decir, pasar revista al matrimonio

Guppy y sujetarles muy firmemente las manos durante todo el

tiempo en que las luces estuviesen apagadas. El primer resultado

que obtuvimos fue una abundante lluvia de fresquísimas flores de

diversas calidades, que embalsamaron el aire con sus perfumes

suaves. Todos los presentes tuvieron su parte y las señoras,

terminadas las experiencias, se marcharon provistas cada una de

su bello ramillete. Después de aquella lluvia de flores, las luces se

apagaron nuevamente y, cuando reinaba el más completo silencio,

fuimos todos sorprendidos por un fortísimo golpe vibrado en la

mesa, semejante al que hubiese producido una gran piedra que

sobre ella hubiese caído. Encendida nuevamente la luz,

encontramos, no una gran piedra, como creíamos, sino un gran

trozo de hielo, claro como el cristal, del largo de 15 centímetros y

10 de espesor, el cual, al caer, se había partido.

Se puede calcular la sorpresa de todos: el tamaño de aquel

pedazo de hielo era para liquidar cualquier duda que alguien

albergase. ¿Quién hubiera podido esconderlo en el propio bolsillo y

ocultarlo durante tanto tiempo, sin resultar completamente mojado?

Ceso aquí con las citas. A quien quiera que se proponga

analizar los hechos, sin dejarse ofuscar la mente por el hollín de los

prejuicios, deberían bastar los episodios citados para admitir la

existencia indubitable de los fenómenos de transporte.

En efecto, en los referidos fragmentos, se contiene todo cuanto

podría legítimamente exigirse para en la práctica y racionalmente

reconocer lo genuino de una fenomenología supra normal obtenida

en condiciones de completa oscuridad.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Es digna de nota ante todo, la circunstancia de que, en las

experiencias de Florencia, los cónyuges Guppy, a petición propia,

fueron siempre inspeccionados y asimismo constantemente

sujetados por las manos, y que además la médium exigía que se le

ligasen las manos a las de sus vecinos. Y pese a esas condiciones

ineludibles de seguridad contra cualquier práctica fraudulenta, no

solo fueron obtenidas las acostumbradas y abundantísimas lluvias

de flores y frutos, sino que, en una noche en que llovía

torrencialmente, las flores transportadas estaban literalmente

mojadas por la lluvia, circunstancia teóricamente notabilísima

desde el punto de vista probatorio y que se renueva muchas veces

en los fenómenos de transporte. Quien escribe ya lo ha obtenido

una vez con la mediumnidad de Eusapia Paladino (como más

adelante se leerá) y en Inglaterra se han obtenido transportes de

flores cubiertas de copos de nieve, en correspondencia con el

hecho de que en aquel momento nevaba. Hago notar, además, que

en las sesiones de Florencia se obtuvieron casos de transporte por

encargo, el primero de los cuales se realizó con la llegada de

animalitos vivos, pertenecientes a la clase de los coleópteros y el

segundo, más extraordinario aún, fue provocado por la observación

de un asistente (lo que naturalmente se identifica con un transporte

por encargo). Aludo con esto al transporte de los confeti

multicolores que la entidad comunicante subdivide, en plena

oscuridad, en tantos montones cuantos eran sus colores, fenómeno

que sirve, por tanto, para demostrar el origen supra normal de los

transportes producidos. Y, como si tal no bastase, se llega en fin al

magnífico fenómeno del transporte de un gran trozo de hielo (15

centímetros de lado y 10 de espesor), cosa que la médium no

hubiera podido ocultar bajo las faldas, sujeta al calor del cuerpo

durante hora y media, sin que se derritiese enteramente y se

formase un charco en el suelo.

Observo que el fenómeno del transporte de trozos de hielo se

produjo otras veces con la Sra. Guppy. Así, por ejemplo, el célebre

escritor inglés Adolph Trollope atestiguó, ante la Comisión

Indagatoria de la Sociedad Dialéctica, que en una sesión con la

médium en cuestión, fue arrojado sobre la mesa un enorme pedazo

de hielo, con tal ruido y con tanto ímpetu que el hielo se rompió en

pedacitos, añadiendo que el fenómeno se había producido una

hora después de iniciada la sesión, de modo que, si el hielo ya

estuviese en el aposento caldeado, se hubiese derretido

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

completamente. (Informe de la Sociedad Dialéctica, pág. 371).

Pone de manifiesto, en fin, que el profesor Ochorowicz refiere que,

con su propia médium, Sra. Tamczyk, obtuvo, por encargo, el

transporte de un puñado de nieve, en correspondencia con el

hecho de que en aquel momento nevaba (Annales des Sciences

Psychiques, 1909, pág. 71).

Me he detenido en tratar sobre las sesiones de Florencia

porque ellas fueron óptimamente fiscalizadas. Hago notar, no

obstante, que las experiencias antes relatadas son igualmente

positivas desde el punto de vista probatorio. Piénsese en la

circunstancia referida por Achille Tanfani, que había acudido a una

sesión en casa de los Volkmann en un carruaje en el que iban

cuatro personas, inclusive la médium, apretujadas e inmovilizadas

por la falta de espacio, circunstancia que demuestra que la

médium, en semejante condición de estrechez recíproca, no

hubiera podido esconder junto a su cuerpo un montón de rosas,

que fueron encontradas fresquísimas, así como humedecidas de

rocío; limones, naranjas, pepinos, una gran planta de uva-espín

con tierra y raíces, que, en alto y ancho, medía más de dos pies,

una gran mata de frambuesa de seis pies de alto y nueve insectos

multicolores que se pusieron a volar de flor en flor.

Piénsese además en el otro episodio de Achille Tanfani, que

pide el transporte de un trozo de césped que le cayó algo más

tarde en el regazo, y, cuando lo observó, descubrió que en la tierra

húmeda adherida a las raíces, se contorsionaban lombrices de

tierra. Y, a propósito de animalitos vivos, recuerdo además el

transporte de dos escarabajos en ramitos de cerezo en flor,

mientras que en otra sesión, de que habla Podmore en su obra

(vol. II, pág. 67), fueron transportados cangrejos y anguilas vivas.

Recuerdo, finalmente, otro fenómeno, obtenido por encargo, de

una planta de girasol de seis pies de alto, en casa del naturalista

Russell Wallace. Después de lo que observo, no me parece haber

exagerado cuando dije que los fenómenos de transportes que se

producían con la mediumnidad de la Sra. Guppy, bastan también,

por sí solos, para demostrar experimentalmente la existencia

incontestable de esos fenómenos.

Dicho esto, me apresuro a repetir lo que he dicho antes, o sea,

que si bastan y deben bastar, desde el punto de vista estrictamente

personal, pocos casos bien fiscalizados para llevar racionalmente a

la convicción a quien quiera que no tenga la mente ofuscada por

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

prejuicios, lo mismo no se puede afirmar en el caso de

demostraciones científicas, para las cuales se exige la confirmación

de un determinado fenómeno bajo formas suficientemente variadas

y bastante numerosas, a fin de tener modo de aplicar a la serie

entera de los fenómenos investigados, los procesos del análisis

comparado y de la convergencia de las pruebas. La Ciencia tiene

una elevadísima misión que cumplir en el mundo: la de iluminar y

guiar a la humanidad en su lenta evolución social y espiritual; y

todo esto implica una grandiosa responsabilidad moral en los

representantes del saber, responsabilidad moral que exige caminar

con cautela por la senda que conduce a la verdad. Siendo así, solo

me resta continuar con la exposición de los hechos.

Casos III y IV – No está sobrado recordar que los fenómenos

de transporte, como todas las demás categorías de

manifestaciones supra normales hoy investigadas con método

experimental, se produjeron a través de los siglos y en el seno de

cualquier pueblo: civilizado, bárbaro y salvaje, y asimismo siempre

por intermedio de individuos especiales denominados Yoghi en la

India; Mago en los antiguos imperios orientales, en Grecia y Roma;

Hechicero en la Edad Media y Médico-hechicero en las tribus

salvajes.

No es el caso de extenderme en citar episodios del género,

teniendo en vista que con la presente monografía no me he

propuesto hacer un resumen histórico de la fenomenología en

cuestión, sino recoger un número adecuado de casos de transporte

obtenidos en condiciones de producción que excluyan la hipótesis

de fraude. Me limito, por tanto, a proporcionar tan solo dos

ejemplos de fenómenos de transportes, obtenidos bajo encargo

con yoghis hindúes.

La Sra. Annie Besant, la conocida Presidenta de la Sociedad

Teosófica, tratando, en un extenso estudio publicado en los

Annales Psychiques (1906, págs. 657/73) de los yoghis hindúes y

de los métodos por los cuales llegan a adquirir facultades supra

normales, alude a experiencias de tal naturaleza, ejecutadas en su

presencia por uno de ellos.

Escribe ella:

Él estaba casi desnudo, detalle de la máxima importancia

cuando se trata de fenómenos de transporte. Efectivamente, no

tenía bolsillos donde pudiese ocultar objetos y todas sus vestiduras

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consistían en una faja de tela alrededor de los riñones. Las piernas

y todo el tronco, desde la cintura hasta la cabeza, estaban

completamente desnudos.

En cuanto a los utensilios empleados, consistían en una

mesilla por nosotros mismos proporcionada, una cajita con dos

tapas que puso en nuestras manos y fue minuciosa y largamente

examinada, aunque se tratase de un trabajo rápido, y una botella

ordinaria, que contenía un líquido claro en todo semejante al agua,

pero que a mi modo de ver, no era agua pura.

Nos situamos en torno a él. Por un momento miró a los

invitados, uno tras otro, con mirada penetrante y, cuando me llegó

el turno, me examinó con el máximo interés para después hacerme

esta observación: Tened cuidado de no interrumpirme y, sobre

todo, no hagáis oposición durante las operaciones. Le prometí que

me mantendría totalmente pasivo; acerca de esto debo hacer notar

que yo también había practicado la disciplina yoga, razón por la

cual considero que aquel hombre había percibido que yo podría

hacerle oposición, si quisiera.

Entonces él pidió: Designadme los objetos que deseáis que yo

os traiga. Mi espíritu elemental los hará llegar a esta caja. Alguien

le preguntó si se podría obtener cosas de países muy alejados y él

contestó: Puedo, si se trata de la India, pero ya no me será posible

hacerlo de países de allende el mar. Había, pues, límites a su

poder.

Entonces uno de nosotros observó: A cien millas de aquí hay

una pequeña ciudad donde se fabrican ciertos caramelos,

absolutamente especiales de la India. Traednos, pues, algunos de

ellos.

Era por la mañana y aquel hombre se sentó en medio de

nosotros, a plena luz del día. Poco después él abrió la cajita y se

puso a vaciarla con ambas manos, arrojando sobre la mesilla los

caramelos solicitados y de ellos hizo enseguida un montón más

alto que la cajita. Se le preguntó de dónde brotaba aquel torrente y

contestó que quien se lo traía era su espíritu elemental. Se trataba,

precisamente, de la clase de caramelos solicitada por nosotros. Los

distribuimos entre los niños del poblado, que los saborearon con

gran placer.

Esta clase de experiencias, tan difícilmente comprensibles para

una mentalidad occidental, son, por el contrario, fácilmente

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explicables para el hindú, que os hablará de la propia conciencia

puesta en relación con los espíritus elementales.

El siguiente episodio, que extrae de la Revista inglesa The

Occult Review (1923, pág. 339), es semejante al anterior, pero más

complejo.

La Sra. Josephine Ranson relata que, durante su breve

permanencia en una gran población situada en la base del

Himalaya, conoció a un joven yoghi que se había iniciado desde la

primera infancia y con las más severas formalidades en los

misterios del Yoga. Y así prosigue:

Aquel joven Yoghi era absolutamente avieso a hacer alarde de

sus poderes mágicos, pero llegamos a convencerlo para llevar a

cabo alguna cosa para nosotros, que estábamos sincera y

seriamente interesados en tales misterios.

Él eligió una noche de martes, día en que adoraba a su

divinidad, y, en consecuencia, poseía en más alto grado las

facultades supra normales. Vino a nosotros directamente desde la

ceremonia de adoración, estaba solo y con las vestiduras reducidas

a lo mínimo. Se sentó en medio de nosotros, la iluminación del

ambiente permaneció como estaba; formábamos un círculo, en el

suelo, estando él en el centro.

El muchacho yoghi preguntó qué cosa se deseaba que él

produjese. Alguien pedía el transporte de leche caliente y entonces

él pidió un cuenco con agua y un chal; habiendo colocado el

cuenco delante de sí, en el suelo, lo cubrió con el chal. Después

sumergió la mano derecha en el agua y, cuando la retiró, levantó

un brazo, aspergiendo el agua en el aire con un enérgico gesto de

los cinco dedos, que mantuvo extendidos un instante. Mientras

ejecutaba el rápido gesto, entonaba en sánscrito una evocación

mantral. Y siempre evocando a su divinidad, con otro gesto

enérgico, elevó la mano, a distancia de un pie, sobre el cuenco

cubierto con el chal, manteniendo los dedos extendidos e

inmóviles, en sentido horizontal. Fue entonces cuando percibimos

el rumor de un líquido que caía dentro de la vasija y a continuación

él retiró el chal. Verificamos, estupefactos, que el cuenco estaba

hasta sus dos tercios lleno de leche hervida y todavía muy caliente.

Después de cierto tiempo, se pidió el transporte de frutos

secos. El yoghi pidió un plato que colocó delante de sí, sin cubrirlo

con el chal. Repitió el rápido gesto de la evocación y, en el

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momento en que su mano volvía a extenderse sobre el plato,

aparecieron en el mismo dos racimos de pasas sultanas secas.

A continuación, otro de nosotros pidió el transporte de un

melón, pese a que no era época de melones en el norte de la India.

No obstante, tras la habitual evocación y el gesto que la

acompañaba, se materializó en su mano un gran melón verde.

Parecía cosechado tan recientemente que corría aún la savia del

tallo cortado.

Una joven del grupo, a la que no agradaban los dulces

hindúes, pidió que se le trajesen dulces europeos y, si posible,

chocolate. Nuestro yoghi no conocía el chocolate, como tampoco

conocía una palabra de inglés, pues nunca había estado en

relación con europeos antes de nuestra llegada. En todo caso dijo

que haría lo posible para contentarla, siempre que ella le explicase

qué cosa era el chocolate. La muchacha probó a hacerlo, pero

evidentemente solo lo consiguió hasta cierto punto, porque, cuando

la evocación y los gestos correspondientes fueron ejecutados, se

materializó en el plato un montón notable de dulces que no eran de

chocolate. Además, parecían de antigua fabricación y estaban

también muy poco limpios, de modo que no se presentaban con

aspecto muy atrayente y las señoras no quisieron probarlos.

Nuestro yoghi, a la vista de la vacilación de ellas, se disculpó por

su incapacidad para satisfacer el encargo realizado.

En fin, pidieron frutas aún frescas y no tardó en aparecer en el

plato, bajo la influencia de las manos del mago, un montón de

manzanas y naranjas de que luego comieron todos

abundantemente. Restaron algunas, que conservamos mientras no

se estropearon.

Naturalmente dirigimos muchas preguntas al yoghi acerca de la

naturaleza y extensión de sus poderes mágicos. Él contestó con

franqueza a algunas de nuestras preguntas, pero a otras no lo hizo

o no pudo. Considerándonos tan sinceramente interesados, nos

hizo saber que él había podido colocarse en estado de ver lo que

sucedía durante la producción de los fenómenos, explicando que

su iniciación, con los grandes sacrificios que exigía y la austeridad

de la vida que llevaba, le habían conferido autoridad sobre cierta

categoría de elementales, seres del mundo etéreo que le

obedecían al instante y ciegamente. Añadió que, si quisiéramos

someternos a una iniciación preparatoria, que él nos explicaría,

podríamos ver lo que realmente se produce durante las

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manifestaciones. La iniciación preparatoria consistía en ayunar, en

nutrirse únicamente de sustancias especiales, en concentrarse en

la meditación, evitando toda relación con otras personas. Todo eso

nos volvería susceptibles de afinar nuestro poder visual hasta el

punto de percibir a los seres etéreos que operaban por intermedio

de él.

Con referencia a los episodios de que he tratado en los casos

expuestos, observo, ante todo, que no solo han sido obtenidos por

encargo, sino que además se produjeron a plena luz del día en el

primer caso, y en un aposento normalmente iluminado en el

segundo, y que los dos yoghis se presentaron casi desnudos

durante las experiencias, tres condiciones de hecho que,

combinadas, excluyen toda posibilidad de fraude.

En lo que se refiere a los narradores, pongo de manifiesto que

la personalidad notabilísima de la Presidenta de la Sociedad

Teosófica excluye, de modo categórico, cualquier duda acerca de

la autenticidad de cuanto afirma ella haber personalmente

observado. En cuanto a la Sra. Josephine Ranson, se trata de la

esposa de un oficial superior del ejército de la India, y lo que ella

relata concuerda exactamente con lo que dice la Sra. Annie

Besant.

Volviendo a los fenómenos de transporte obtenidos, resalto

que éstos se mostraron indubitablemente maravillosos, pero no

más que los obtenidos experimentalmente en occidente. Una

circunstancia interesante que sucede no raramente entre nosotros

es que, cuando los transportes deben ser producidos a plena luz,

muchas veces, pero no siempre, los médiums, los yoghis y los

hechiceros africanos recurren a idéntica medida de precaución, que

consiste en cubrir con un paño el recipiente o espacio en que debe

ocurrir el fenómeno, o en servirse de cajas dentro de las cuales se

produce aquél. Se diría, en tales circunstancias, que la oscuridad

es indispensable para la rematerialización del objeto transportado

en condiciones fluídicas. En las célebres experiencias de ese

género con la mediumnidad de la Sra. D’Esperance, experiencias a

su vez hechas con suficiente luz, la personalidad mediúmnica de

Yolanda cubría también con un paño el recipiente en que debían

rematerializarse las plantas transportadas. Sin embargo, para

muchos otros objetos transportados, tales precauciones no parecen

necesarias y se ha visto que el segundo yoghi había cubierto con

un paño el recipiente en que debía producirse el fenómeno del

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

transporte de leche caliente, pero no había hecho uso de él para

otros transportes también maravillosos. ¿Por qué? Nadie lo sabe y

sería inútil esforzarse en penetrar el misterio de las diferencias

existentes entre los objetos materializables a plena luz y los que

exigen oscuridad. A nuestros sucesores corresponde la solución

del misterio.

En los referidos incidentes, es curiosa la circunstancia del

yoghi, que ignorando lo que fuese el chocolate, se esforzó, como

Fade, para satisfacer el deseo expresado por la muchacha,

consiguiéndolo tan solo en apariencia, lo cual no impidió que el

fenómeno obtenido fuese igualmente interesante y quizá más

todavía, desde el punto de vista teórico, puesto que sobreentiende

en el médium, o si se quiere, en quien a través de él operaba, una

facultad de pesquisa supra normal maravillosa y al mismo tiempo

limitada por las indicaciones del médium.

Resalto además que, tanto en el caso de la Sra. Annie Besant

como en el de la Sra. Josephine Ranson, los yoghis afirmaron que

los transportes habían sido obtenidos con el auxilio de espíritus

elementales, sometidos a sus voliciones, con la circunstancia de

que ellos dicen percibirlos en faena, añadiendo que también los

asistentes podrían llegar a vislumbrarlos si se sometiesen a las

prácticas disciplinarias indispensables. En suma, podría tratarse de

visualizaciones puramente subjetivas y alucinatorias, pero… Podría

también ser que no fuese así.

Caso V – Después de los episodios de transportes, por

encargo, desde grandes distancias y por obra de yoghis hindúes,

me dispongo a relatar un caso igual, no menos maravilloso,

obtenido en los Estados Unidos de América con el auxilio de un

médium.

Lo extraigo de Light (1911, pág. 507). Su narrador es un

diputado por el Estado de California, que no desea ver su nombre

publicado; no obstante, no solo lo revela por completo al director de

esa Revista, sino que además autentifica su narrativa mediante un

testimonio ante notario. El director de Light, a su vez, declara

conocer personalmente al relator, que desde hace muchos años es

suscriptor de la Revista.

El narrador se suscribe con el seudónimo de Swing y cuenta lo

que sigue:

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Doce años antes del acontecimiento que me apresuro a

exponer, yo había sido elegido Secretario de la Cámara de los

Diputados por el Estado de California. En consecuencia, había

hecho imprimir doscientas tarjetitas-circulares para participar mi

nombramiento, tarjetitas que iban suscritas con el facsímil de mi

firma. Me sobraron dos docenas, que guardé en un baúl

juntamente con un envoltorio de cartas particulares, que tenía mis

razones para conservar. Pongo de relieve que, entre tales cartas,

se hallaba una procedente de un eximio músico grandemente

admirado por mí. Tanto las tarjetitas como las cartas estaban

guardadas en una latita provista de cerradura. La llave era única y

yo la traía constantemente en el bolsillo. El baúl estaba depositado

en un escondrijo siempre cerrado con llave, en el tercer piso de mi

casa.

Dicho esto, cuenta él que una señora conocida suya le propuso

cierto día asistir a experiencias de voz directa con un médium

particular. Aceptó la invitación por delicadeza, pero con alguna

reluctancia y, cuando fue, llevó consigo a su esposa. Nada más

apagarse la luz, retumbó una voz masculina que preguntó al recién

llegado si deseaba que él le trajese alguna cosa. Aquella voz de

hombre, que parecía brotar del techo, en un ambiente donde todos

los asistentes eran mujeres, no dejó de sorprenderlo, pero, de

todos modos, contestó que el transporte de objetos no le

interesaba, a menos que se tratase de algún objeto traído

verdaderamente de su casa, como por ejemplo cierta latita

existente en un baúl depositado en el escondrijo del tercer piso de

su casa. El narrador así prosigue:

Se oyó la voz del espíritu comunicante que, sin vacilación

alguna, acogió mi propuesta de la manera más gentil posible y

observó que, si los presentes entonasen un canto cualquiera a

media voz, él intentaría atender mi petición.

Me encontraba sentado y con la mano posada sobre mi rodilla

derecha. No habrían transcurrido treinta segundos cuando noté que

alguien introducía delicadamente una tarjetita entre la palma de mi

mano y la rodilla. Noté, sorprendido y pese a la oscuridad, que

quien así procedía lo había hecho sin vacilar, con admirable

precisión, justamente como si viese muy bien en la oscuridad. A

pesar de esto, yo no estaba preparado para la gran sorpresa que

me esperaba.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Anuncié lo que había sucedido y entonces la médium, sentada

en el lado opuesto del cuarto, encendió la luz. Con enorme

asombro por mi parte, verifiqué que la tarjetita, introducida por

debajo de la palma de mi mano, era una de mis tarjetitas-circulares

de participación de mi nombramiento como Secretario de la

Cámara Estatal. Si bien hacía doce años que no se me ocurría

abrir la cajita en que estaban encerradas y aunque pareciese

inverosímil que alguna otra persona poseyese tarjetita igual, nueva

y sin mancha, como si hubiese sido impresa ayer, pese a esto,

pensé que tal posibilidad no fuese del todo descartable. Resultó de

ahí que mi escepticismo prevaleció enseguida sobre el asombro y

observé a los presentes que, en aquella misma cajita estaban

depositadas algunas cartas dirigidas a mí y que, si alguna de tales

cartas me fuese traída, entonces yo no vacilaría más en proclamar,

en alta voz, la veracidad de los fenómenos de transporte. Dicho

esto, la médium propuso apagar la luz y pedir la opinión del espíritu

comunicante. Su respuesta fue igual a la primera: los invitados

deberían entonar un himno a media voz y él se esforzaría por

satisfacer mi deseo. Así se hizo y, tras cerca de un minuto de

espera, sentí rozarse por mi rostro un papel volante. Conté lo que

sucedía, se encendió la luz y con ésta tuve ocasión de

experimentar la mayor emoción de mi vida, pues el papel que había

sentido tocarme la cara era la carta del citado músico.

Cuando me dirigí, después de la sesión, al escondrijo, provisto

de la única llave existente para abrir la latita, llave que

constantemente yo traía en mi bolsillo, verifiqué que la carta del

músico había desaparecido y que el envoltorio de las tarjetitas, que

estaban sujetas por un elástico, parecía intacto.

A fin de que esa experiencia fuese apreciada y valorada en

toda su importancia, que es grande, y para que no se crea que yo

haya podido proceder con poco cuidado en el divulgarla, he querido

suscribir mi informe ante un notario, prestando juramento acerca de

la escrupulosa autenticidad de cuanto en él se contiene. (Sigue el

documento oficial, con el atestado del relator y la firma del notario

Thomas S. Burne, residente en San Francisco de California).

Todavía en el caso expuesto, la genuinidad supra normal de

los fenómenos de transporte se había mostrado incontestable: en

primer lugar porque nadie podría imaginar que el nuevo asistente

iba a pedir el transporte de un objeto de su propia casa, objeto que

sería extraído de una latita cerrada con llave, depositada en un

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

baúl, que, a su vez, estaba encerrado en un escondrijo en el tercer

piso de la misma casa; en segundo lugar, porque, al primer

fenómeno de transporte, ocurrido en condiciones insospechables

de petición formulada en el momento, ocurrió otro más en

confirmación del primero y a continuación de una nueva petición

del experimentador. Se pregunta qué otra cosa se podría elucubrar

en materia de pruebas positivas, para demostración del origen

supra normal de los fenómenos de transporte.
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Caso VI – Referido a las famosas experiencias de l
Mensaje Publicado: Jue, 05 Ago 2010 12:16 pm    Asunto: Caso VI – Referido a las famosas experiencias de l Responder citando
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Caso VI – Referido a las famosas experiencias de la Sra.

Frondoni Lacambe en Lisboa, con la mediumnidad de la Señora

Condesa de Castelvitch, experiencias en que fueron obtenidos

numerosos fenómenos de transporte. El caso que voy a contar se

realizó después de la publicación de su libro (Maravillosos

Fenómenos del Más Allá), y yo lo extraigo de la Revue Scientific du

Spiritisme (1922, pág. 276). La Sra. Frondoni Lacombe escribe en

estos términos a Gabriel Delanne.

Estimado amigo:

Le envío la descripción de un caso de transporte que me

parece interesante. El 7 de los corrientes (septiembre de 1921), a

las tres de la tarde, antes de que la Condesa de Castelvitch llegase

a mi casa para hacer una sesión, yo dije a las señoras Correia y

Pereira que iba a pedir a la personalidad comunicante que me

trajese una plantita con raíces, para trasplantarla y cultivarla. Poco

después llegó la condesa y la sesión comenzó.

Como de costumbre, aplicamos controles en la puerta. Nada

más sentarnos en torno a la mesa, formulé en voz alta mi petición,

dirigiéndome a la entidad Bianca de Claverani, que afirmaba haber

sido antepasada de la condesa. Tras breves instantes, se

materializó una mano por detrás de mi espalda, que bajó a lo largo

de mi brazo derecho y colocó entre mis dedos algo que podía ser

realmente la plantita pedida. Palpándola con precaución, verifiqué

que en torno a ella había tierra húmeda que estaba aplastada por

la presión de dedos.

Mis amigas hubieran deseado que yo encendiese la luz, pero

me pareció bien no interrumpir la sesión, conservando el objeto

transportado entre las manos. He aquí, empero, que tres fuertes

golpes, dados enérgicamente en el armario, me hicieron

comprender que se quería luz.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Abrí las ventanas y verificamos, con sorpresa, que el transporte

consistía en una plantita de Trébol fresquísima, provista de su larga

raíz y en la cual se contaban diez hojas en total. En torno a la raíz

se adhería un poco de tierra húmeda.

Recuerdo al respecto que la médium no estaba presente

cuando expresé mi intención de pedir el transporte de una plantita

viva, y que asimismo las dos señoras a quienes la confié, no se

alejaron de la sala ni de sus lugares.

Tú bien sabes, estimado amigo, con cuánto cuidado cuido yo la

planta de Trébol que me trajo la entidad espiritual Bianca de

Claverani. Tal plantita tiene para mí mayor valor que todas las

gemas del mundo.

En otra narración acerca de los fenómenos de transporte la

Sra. Frondoni Lacambe proporciona nuevas informaciones

respecto de la plantita de Trébol (ídem, pág. 170, 1922). Escribe

ella a Delanne:

Describí hace tiempo el transporte singular de una plantita de

Trébol. Ahora añado que éste creció regularmente, floreció, dio

semillas y secó a su tiempo, como todas las plantas anuales.

Después relató ella este otro fenómeno de transporte obtenido

en condiciones igualmente impecables de fiscalización:

En la última sesión, me hallaba sola con la condesa, cuyas

manos yo mantenía apretadas entre las mías. De repente, algo

muy pesado fue proyectado, con gran estruendo, cerca de

nosotras. El incidente asustó a la médium, que no quiso continuar

con la sesión. Encendí pues, la luz, verificando que el transporte,

arrojado a nuestros pies, era una bandeja de madera pesada, de

aquellas que se emplean para llevar alimentos al lecho de los

enfermos. Se hallaba encerrada en un armario del que estábamos

separadas por dos habitaciones. En consecuencia, la bandeja tuvo

que atravesar tres puertas cerradas para llegar hasta nosotras.

Nada de excepcional hay para notar en los dos incidentes

supra citados, salvo la consideración genérica y teóricamente

importante de que concurren, juntamente con otros, a constituir

aquel conjunto de repeticiones del mismo fenómeno bajo formas

diversas, las cuales se hacen indispensables para llegar a la

demostración científica de la realidad objetiva del fenómeno

estudiado y todo esto sobre la base de los hechos.

Observo que el fenómeno del transporte de un trébol fresco

corresponde al otro fenómeno del transporte de una hierba, por

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

intermedio de la mediumnidad de la Sra. Guppy, de modo que la

producción del segundo episodio, igual al primero, sirve para hacer

a ambos menos inverosímiles. Resalto tal circunstancia, pues es

notorio que el criterio de la razón humana está constituido de forma

a juzgar como prodigios inverosímiles todos los fenómenos de

cierta naturaleza que, produciéndose rara y esporádicamente, no le

son familiares, al tiempo que se familiarizan hasta tal punto con los

fenómenos realmente prodigiosos que suceden continuamente a su

alrededor (como por ejemplo el prodigio de un pollito emplumado y

vivísimo que sale de un huevo, tras veinte días de incubación) que

los considera acontecimientos banales, que nada de maravilloso

hay para notar en ellos. De ahí resulta que la inmensa mayoría de

los vivos, inclusive numerosísimos intelectuales pertenecientes a

todas las ramas, no se apercibe de que los prodigios y misterios,

cuales se observan en los fenómenos supra normales aquí

considerados, se muestran como nadería que se puede despreciar,

al lado del enorme inescrutable prodigio de los prodigios que es la

existencia del universo y de los mundos, de la vida en los mundos,

de la conciencia de la vida, de la inteligencia evolutiva en las

individualidades pensantes.

Caso VII - Estas consideraciones sirven para hacer menos

inverosímil este otro episodio que extraigo del libro del prof.

Haraldur Nielsson titulado Mis experiencias espíritas, ya citado, en

el cual relata los maravillosos fenómenos obtenidos con el célebre

médium islandés Indridi Indridasson. Escribe él en la pág. 34:

Algunas veces obtuvimos este otro fenómeno: la penetración

de la materia a través de la materia. Citamos un ejemplo: cierta

noche, en que el poder del médium era extraordinario, el espírituguía

lo informó de que se sentía capaz de intentar la siguiente

prueba: recoger un objeto cualquiera en una casa de la ciudad y

transportarlo hasta la mesa de las sesiones, a través de las

paredes. Esperamos a que el médium cayese en trance y solo

entonces entramos en acuerdo sobre la casa a proponer para la

experiencia del transporte. Luego informamos al espíritu-guía de

que él podría elegir entre la casa del obispo y la de un conocido

médico. El espíritu comunicante eligió la casa del médico,

observando que lo hacía para eliminar posibles objeciones, puesto

que el médium ya había ido algunas veces a la casa del obispo.

Resuelto esto se oyeron fortísimos golpes como jamás había tenido

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

ocasión de oír, ni antes ni después. Continuaron por algún tiempo,

después se produjo una pausa y el espíritu-guía anunció que había

transportado un objeto desde la casa del médico, a través del

techo. Dicho esto, los fortísimos golpes volvieron a atronar y a

continuación fue colocado sobre la mesa el objeto entonces

transportado, que verificamos ser un gran frasco de cristal en el

cual había pájaros conservados en alcohol.

Se telefoneó inmediatamente a casa del doctor, a fin de

asegurarnos si el objeto transportado le pertenecía, pero se obtuvo

respuesta negativa. El médium, que en ese intervalo había

despertado, adormeció nuevamente y el espíritu-guía volvió a

declarar que había dicho la verdad, pues él mismo había retirado el

frasco de un armario pintado de amarillo, en un cuarto de la casa

del médico, donde, en aquel momento, un señor anciano estaba

conversando con otras dos personas. Tales informaciones fueron

comunicadas al médico, que entonces fue a informarse, verificando

que todo lo que había dicho el espíritu comunicante era

perfectamente exacto. El suegro del médico se hallaba entonces

sentado en conversación con otros dos señores en el cuarto donde

se encontraba el armario descrito por el espíritu. El frasco con los

pájaros conservados en alcohol pertenecía al sobrino del médico y

efectivamente había desaparecido del armario. En suma, un

fenómeno de penetración de la materia a través de la materia se

había producido positivamente.

Para quien nada entienda de Metapsíquica, el hecho del

transporte de un recipiente, lleno de un líquido cualquiera,

demuestra una complicación tal, que el fenómeno se considera

más que nunca increíble, pero en realidad, que un recipiente

transportado esté vacío o lleno de líquido, nada añade y nada resta

a las dificultades de la producción de un transporte; es preciso no

olvidar que el fenómeno determina previa desintegración y

reducción al estado fluídico de la materia que constituye el objeto

transportado; y tal estado fluídico de la materia, siendo

prácticamente igual para los sólidos como para los líquidos,

determina que ninguna diversidad existe en las modalidades de

producción de los dos géneros de transporte.

Desde el punto de vista probatorio, observo que el fenómeno

en aprecio se muestra importante, visto que un gran frasco,

conteniendo pájaros conservados en alcohol no podría haber sido

escondido bajo las ropas del médium. Por otra parte, el hecho de

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

que los propios experimentadores designaron la casa desde la que

había de ser transportado el objeto de la experiencia excluye toda

posibilidad de acuerdo previo, a lo que debe añadirse otra

circunstancia: la de haber sido éste acompañado de otro fenómeno

de visión clarividente a distancia, en la cual el espíritu comunicante

no solo describe la manera por la cual había traído el objeto

transportado, sino que añade haber visto en el cuarto a un señor

anciano conversando con dos personas.

Se trata, en suma, de un fenómeno de transporte

absolutamente auténtico como los anteriores, pese al curioso

objeto elegido por las personalidades mediúmnicas operantes.

Noto además el incidente, extraño y bastante frecuente en los

fenómenos de transporte (como en numerosos otros fenómenos

físicos), de los fortísimos golpes que se produjeron en las dos fases

de sustracción y transporte del objeto designado. Observo que el

mismo incidente se verificaba, con frecuencia, en las célebres

experiencias del Rev. William Stainton Moses, especialmente antes

de la producción de los globos luminosos. Esas manifestaciones

ruidosas e inútiles, sin embargo, no agradaban a Moses, por lo cual

pidió explicaciones a su espíritu-guía Rector, quien le informó de

que no podía evitar la cosa, puesto que se producían todas las

veces que hubiese abundancia de fuerzas físicas exteriorizadas,

abundancia que era preciso disipar enseguida, para impedir la

invasión de entidades inferiores y vulgares, que se verían

favorecidas por la existencia de una fuerza de la cual podían

servirse mejor que los otros y, siendo así, el modo más rápido para

librarse de ella, a medida que se producía, era el de consumirla

produciendo golpes, ruidos y estruendos.

Caso VIII – En el interesantísimo y científicamente importante

libro del Rev. Charles Tweedale, Man’s Survival after Death, en el

cual expone los maravillosos fenómenos que se produjeron en su

parroquia, bien espontáneamente, bien experimentalmente, con la

ayuda de la mediumnidad de su propia esposa, se contienen

numerosos fenómenos de transporte obtenidos por encargo o a

plena luz. Acerca de los obtenidos a plena luz, tendré ocasión de

citar algunos en la segunda parte de la presente monografía.

Reproduzco aquí un caso de transporte obtenido bajo encargo o,

más precisamente, obtenido en respuesta a una petición formulada

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

mentalmente por el Rev. Tweedale. En la página 469 de la

mencionada obra, él así lo describe:

La siguiente notabilísima experiencia muestra cómo se produjo

un transporte en respuesta a una petición mía, formulada

mentalmente. En día de domingo, 29 de enero de 1911, yo volvía

solo del servicio religioso que había celebrado por la mañana. Poco

antes había sido informado de que a un señor conocido mío,

ferozmente hostil a la pesquisa psíquica, le había sucedido un

grave accidente de coche, que había hecho necesario el sacrificio

de su caballo. Cuando subía el áspero camino que conduce a la

vicaría, del cual distaba cerca de una milla, me divertía pensando

cuánto sería deseable que el caballo muerto de aquel escéptico

pudiera servir para una manifestación mediúmnica, como la que

había sucedido en nuestra casa con el perro de mi tía. Por ejemplo,

que pudiese servir para reproducir, en casa de su dueño, la

galopada de un caballo al trote, con el correspondiente transporte

de una de sus propias herraduras. Así divagando, me hizo sonreír

la idea extravagante que había salido de mi mente y pronto la

olvidé. Se comprende que durante mi camino hasta la vicaría, no

tuve ocasión de comunicar a nadie mi absurda idea.

Al llegar, me dirigí enseguida al cuarto de mi madre y ella fue la

primera persona con quien hablé. Sin embargo, antes de que le

hubiese dirigido la palabra, me hizo enseguida esta curiosa

observación: Tengo algo que comunicarte. Después continuó,

relatándome que un cuarto de hora antes había oído un estruendo

formidable en la segunda parte de la escalera, como si algo

metálico y pesado hubiese allí caído, con fuerza, desde lo alto,

para saltar, tintineando, sobre los peldaños y precipitarse en el

pasillo que comunicaba con su cuarto. Ella había corrido

inmediatamente y, no viendo a nadie en la escalera, había mirado

en derredor para encontrar el objeto caído de lo alto con tal ruido.

Haciendo así, colocó el pie, inadvertidamente, sobre aquello que

buscaba, lo cual le produjo una torsión dolorosa en el pie. Mientras

me contaba todo esto, mantenía ella una de las manos oculta tras

la espalda y, finalmente, me dijo: Pues bien ¿qué piensas tú que ha

caído? Respondí que me faltaba una base cualquiera para

adivinarlo y ella entonces dijo: He aquí lo que ha caído de lo alto.

Diciendo esto, con gran asombro mío, me mostró una herradura.

¡No resta duda de que mi estrambótica idea, mentalmente

pensada, había sido percibida por una de las varias entidades

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

espirituales que se manifiestan por nuestro intermedio y que quiso

ejecutarla, en mi vicaría, pocos minutos después!

En el caso expuesto, la particularidad más notable para los no

iniciados en las maravillas de la fenomenología mediúmnica

consistirá, sin duda, en el hecho de que un espíritu perciba el

pensamiento, mentalmente emitido por el Rev. Charles Tweedale y,

en consecuencia, llegue a realizarlo gracias a la mediumnidad de

su esposa. Observo, no obstante, que los tiempos actuales son

grandemente favorables a la comprensión de tales misterios

profundos inherentes al espíritu humano, misterios que hace dos

generaciones pasadas, habrían parecido hasta tal punto absurdos

e inconcebibles que nadie los tomaría en serio.

Y así observando, me refiero a la analogía muy sugestiva que

hoy nos proporciona la Radio, por cuyo intermedio hemos oído en

Roma una conferencia que se lleva a cabo en París, Berlín,

Londres o incluso allende el mar, y todo esto en el preciso

momento en que el orador habla a los oyentes. Ahora, también

este fenómeno es una percepción del pensamiento ajeno, a

distancias enormes, en todo análogo al que presupone el caso del

Rev. Tweedale. Y si se considera que el milagro de la Radio se

realiza por medio de ondas eléctricas que, aunque sutilísimas,

pertenecen aún al mundo físico, entonces se debería comprender

que el fenómeno de la transmisión del pensamiento debería ser

mucho más perfecto, porque se trata de vibraciones infinitamente

más sutiles y cualitativamente diversas como son las vibraciones

psíquicas.

Observo, finalmente, que, en uno como en otro caso, lo único

necesario para que el milagro se produzca es la existencia de una

relación entre dos estaciones comunicantes, en el primer caso, y

entre dos mentes comunicantes, en el segundo, relación esa que,

para las estaciones de Radio consiste en la sintonización entre las

ondas eléctricas de la estación emisora con la receptora, mientras

que, para la transmisión del pensamiento, entre personalidades

humanas encarnadas y desencarnadas, es necesaria la llamada

relación psíquica, consistente en el hecho de que las dos mentes

comunicantes deben haberse conocido previamente o, en otros

términos, que no deban ser extrañas la una a la otra. Ahora, en el

caso del Rev. Tweedale, tal condición de relación psíquica entre él

y las personalidades espirituales operantes existía en plena

eficiencia.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Y, una vez eliminada esa aparente perplejidad teórica, el

fenómeno de transporte supra citado reentra en el orden normal de

los fenómenos del género.

Caso IX – Lo extraigo de la interesantísima monografía de

Frederic W. H. Myers titulada La Conciencia Subliminal. Myers

declara no estar autorizado a dar los nombres de los protagonistas,

pero declara conocer personalmente al relator y personaje

principal, al cual fue presentado por el prof. Andrew Lang.

El relator, Sr. O., cuenta que, en el invierno de 1888/1889,

había empezado a estudiar los fenómenos espíritas juntamente con

dos hermanos y dos amigos suyos, uno de los cuales, de nombre

Andrew, se reveló dotado de óptimas facultades mediúmnicas.

Obtuvieron buenas pruebas de orden inteligente en demostración

de la interferencia de personalidades espirituales extrínsecas al

médium y a los presentes, entre las cuales la de haber el médium,

totalmente ignorante de las lenguas clásicas griega y latina, escrito

correctamente en una y otra. El narrador así continúa:

Más que nunca inexplicable fue la prueba proporcionada a un

escéptico conocido nuestro. Este señor pidió y obtuvo permiso para

asistir a una de nuestras sesiones, pero cuando se vio allí, asumió

una actitud que indicaba que él consideraba la cosa como un mero

pasatiempo, tanto es así que llevó consigo a otro escéptico de la

misma talla. Tan pronto el médium cayó en trance, la entidad

mediúmnica habitual empezó observando: Se encuentran

presentes personas extrañas. Tal observación pareció a nuestros

huéspedes poco concluyente y banal, por lo que uno de ellos pidió

jocosamente al espíritu que hiciese alguna cosa que lo

convenciese de su presencia real. La personalidad mediúmnica

entonces le preguntó cuál era la prueba que él deseaba y el otro,

siempre de manera bromista, dijo: Hela, pues. Tráeme una vela. La

idea probablemente le había venido a la cabeza por encontrarse a

oscuras. Nada más formulada la petición, una vela fue colocada

ante quien la había solicitado, con la exigencia de que se marchase

de allí enseguida.

Se verificó que la vela estaba caliente en la parte del pabilo, lo

cual se debía a que había sido utilizada, un momento antes, en el

cuarto contiguo. En efecto, mi hermano salió a continuación,

pidiendo a la dueña de la casa una vela y la buena señora se había

dirigido al lugar en que momentos antes había colocado el

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

candelabro, quedando estupefacta al descubrirlo en su lugar, sin la

vela. Entonces mi hermano le hizo ver la vela que tenía en las

manos y ella la reconoció como la que había utilizado poco antes.

Por otra parte, no podía haber dos opiniones al respecto, ya que no

había otra vela en toda la casa.

Ese fenómeno fue el más importante que obtuvimos hasta

aquel día y su importancia reside en lo siguiente, que puede ser

considerado como una prueba equivalente a la demostración del

hecho de haber un objeto sólido pasado a través de otra materia

sólida, visto que la vela había pasado de un cuarto para otro,

aunque las dos puertas permaneciesen cerradas con doble vuelta

de llave.

Este interesante episodio fue recogido e investigado por Myers.

Digo interesante por la inesperada modalidad con que fue

producido y esto en correspondencia con la actitud burlona

asumida por quien había formulado la petición de un transporte

especial. Y es de presumir que el experimentador escéptico no

haya vuelto a burlarse tras la tan inesperada como instantánea

ejecución de su irónica invitación, combinada con la lección que le

fue infligida con su inmediata exclusión del círculo.

Respecto del valor probatorio del fenómeno en sí, no me

parece ser el caso de observar que éste no admite dudas de

cualquier especie: fue obtenido bajo encargo y quien lo pidió fue un

incrédulo que, a título de burla, formuló una extraña petición. Por

otra parte, la vela transportada fue hallada con el pabilo aún

caliente y esto en correspondencia con el hecho de ser la única

vela existente en la casa, vela que había sido apagada, un poco

antes, por la persona que de ella se había servido en el otro cuarto

de la casa. Y me parece que basta.
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Caso IX –
Mensaje Publicado: Vie, 06 Ago 2010 1:34 pm    Asunto: Caso IX – Responder citando
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Caso IX – Lo extraigo de la interesantísima monografía de

Frederic W. H. Myers titulada La Conciencia Subliminal. Myers

declara no estar autorizado a dar los nombres de los protagonistas,

pero declara conocer personalmente al relator y personaje

principal, al cual fue presentado por el prof. Andrew Lang.

El relator, Sr. O., cuenta que, en el invierno de 1888/1889,

había empezado a estudiar los fenómenos espíritas juntamente con

dos hermanos y dos amigos suyos, uno de los cuales, de nombre

Andrew, se reveló dotado de óptimas facultades mediúmnicas.

Obtuvieron buenas pruebas de orden inteligente en demostración

de la interferencia de personalidades espirituales extrínsecas al

médium y a los presentes, entre las cuales la de haber el médium,

totalmente ignorante de las lenguas clásicas griega y latina, escrito

correctamente en una y otra. El narrador así continúa:

Más que nunca inexplicable fue la prueba proporcionada a un

escéptico conocido nuestro. Este señor pidió y obtuvo permiso para

asistir a una de nuestras sesiones, pero cuando se vio allí, asumió

una actitud que indicaba que él consideraba la cosa como un mero

pasatiempo, tanto es así que llevó consigo a otro escéptico de la

misma talla. Tan pronto el médium cayó en trance, la entidad

mediúmnica habitual empezó observando: Se encuentran

presentes personas extrañas. Tal observación pareció a nuestros

huéspedes poco concluyente y banal, por lo que uno de ellos pidió

jocosamente al espíritu que hiciese alguna cosa que lo

convenciese de su presencia real. La personalidad mediúmnica

entonces le preguntó cuál era la prueba que él deseaba y el otro,

siempre de manera bromista, dijo: Hela, pues. Tráeme una vela. La

idea probablemente le había venido a la cabeza por encontrarse a

oscuras. Nada más formulada la petición, una vela fue colocada

ante quien la había solicitado, con la exigencia de que se marchase

de allí enseguida.

Se verificó que la vela estaba caliente en la parte del pabilo, lo

cual se debía a que había sido utilizada, un momento antes, en el

cuarto contiguo. En efecto, mi hermano salió a continuación,

pidiendo a la dueña de la casa una vela y la buena señora se había

dirigido al lugar en que momentos antes había colocado el

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candelabro, quedando estupefacta al descubrirlo en su lugar, sin la

vela. Entonces mi hermano le hizo ver la vela que tenía en las

manos y ella la reconoció como la que había utilizado poco antes.

Por otra parte, no podía haber dos opiniones al respecto, ya que no

había otra vela en toda la casa.

Ese fenómeno fue el más importante que obtuvimos hasta

aquel día y su importancia reside en lo siguiente, que puede ser

considerado como una prueba equivalente a la demostración del

hecho de haber un objeto sólido pasado a través de otra materia

sólida, visto que la vela había pasado de un cuarto para otro,

aunque las dos puertas permaneciesen cerradas con doble vuelta

de llave.

Este interesante episodio fue recogido e investigado por Myers.

Digo interesante por la inesperada modalidad con que fue

producido y esto en correspondencia con la actitud burlona

asumida por quien había formulado la petición de un transporte

especial. Y es de presumir que el experimentador escéptico no

haya vuelto a burlarse tras la tan inesperada como instantánea

ejecución de su irónica invitación, combinada con la lección que le

fue infligida con su inmediata exclusión del círculo.

Respecto del valor probatorio del fenómeno en sí, no me

parece ser el caso de observar que éste no admite dudas de

cualquier especie: fue obtenido bajo encargo y quien lo pidió fue un

incrédulo que, a título de burla, formuló una extraña petición. Por

otra parte, la vela transportada fue hallada con el pabilo aún

caliente y esto en correspondencia con el hecho de ser la única

vela existente en la casa, vela que había sido apagada, un poco

antes, por la persona que de ella se había servido en el otro cuarto

de la casa. Y me parece que basta.

Caso X – Extraigo el siguiente caso de otra monografía de

Myers publicada en los Proceedings of the S.P.R., vol. VII, pág.

189.

El caso fue recogido e investigado por el prof. William Barreto,

sin embargo Myers declara, a su vez, conocer al narrador, Sr. C, y

al protagonista del caso, Sr. H. El narrador no quiso que fuesen

publicados los nombres de los experimentadores, tanto más porque

la salud del médium se resentía de la emoción soportada en las

circunstancias aquí consideradas. Myers así se expresa al

respecto:

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El asunto aún es hasta tal punto penoso para el Sr. H. que es

prudente no hablar de él en su presencia. He de añadir que es este

el único caso que conozco en que una sesión mediúmnica haya

causado consecuencias penosas y persistentes sobre la salud del

sensitivo, por cuanto, infaliblemente, el agotamiento o la

sobreexcitación que puede sufrir éste es temporal y de brevísima

duración. El Sr. H. se conserva robusto como era y ejerce con igual

eficiencia su profesión, no obstante, sus nervios no se han rehecho

todavía de la gran conmoción emocional que el extraño incidente le

ocasionó.

El Sr. C., el narrador, adelanta que algunos años antes habían

empezado a interesarse por las experiencias mediúmnicas,

obteniendo los acostumbrados fenómenos iniciales, tales como los

movimientos de mesa, las conversaciones tiptológicas y los raps en

la madera. Todo esto lo llevó a experimentar con médiums

profesionales y no tardó en convencerse de la realidad de ellos,

permaneciendo, no obstante, escéptico en cuanto a su origen

supra normal. Cierto día, hallándose en la ciudad de Lotivestoft con

su mujer, otra señora y un amigo íntimo, decidió que hiciesen

experiencias juntos. La mesita se agitó enseguida y,

tiptológicamente, dictó que el amigo, Sr. F., era un médium

poderoso. En efecto, poco después cayó en trance y se produjeron

fenómenos de transporte de objetos, levitaciones de mesa y

penetración de la materia a través de la materia. Cuando el Sr. F.

despertó, pidió disculpas por haberse quedado dormido, no

recordando nada y encontrándose perfectamente bien. Volvimos a

experimentar con la mesa, que dictó tiptológicamente lo siguiente:

Yo amaba a F. Se pidió el nombre de la entidad comunicante y dio

el nombre de Katie. Este nombre produjo impresión tan penosa

sobre F. que fue preciso suspender la sesión. La tercera vez que

retomamos nuestras experiencias, se verificaron otros fenómenos

de transporte; después, al débil claro de la luna, vimos el fantasma

fluídico de una señora vestida de negro, la cual, acercándose a la

esposa del narrador, le colocó las manos sobre los hombros. La

señora quedó impresionada y se puso a gritar en sobresalto, a la

vista de lo cual el Sr. C. encendió inmediatamente la luz. Cuando

recomenzamos la sesión, se verificaron entonces los inesperados

fenómenos que se sujetan al punto de la presente clasificación.

A petición mía, el Sr. F. solicitó a la personalidad mediúmnica

en cuestión que trajese flores para las señoras, y al momento dos

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puñados de flores de la sierra (era en octubre) fueron puestos

delante de él.

El Sr. F. se sentaba con los pies entrecruzados a las piernas

de la propia silla para impedir que lo arrastrasen hasta el suelo,

como había sucedido la noche anterior. Súbitamente exclamó: Me

quitan la chaqueta. Diciendo esto, fue arrastrado hasta el suelo;

pese a que mi esposa no había dejado un solo instante de sujetarlo

fuertemente por las manos, él fue despojado completamente de la

chaqueta. Añádase que sus botas altas fueron halladas encima de

un sofá, alejado diez metros, y su pañuelo fue encontrado en el

ángulo opuesto del cuarto, reducido a un montón de nudos.

Poco después recomenzamos la sesión y pedí que se me

trajese algún objeto de mi casa, pero se me contestó

negativamente. Entonces el Sr. F. pidió, a su vez, que le trajese un

objeto de casa de él. Nada más formulada la petición, se puso

agitado, después entró en profundo trance y ante él cayó la

fotografía de una joven. Un cuarto de hora más tarde, el Sr. F.

despertó y mi esposa le mostró el retrato, que él miró de soslayo,

se apresuró a ponerlo en el bolsillo y prorrumpió en llanto,

exclamando: No desearía que esto sucediese por todo el oro del

mundo.

Tal fotografía era la única copia existente del retrato de una

joven a quien el Sr. F. había profesado gran afecto. Se encontraba

en su casa en Bayswater, en un álbum dentro de un mueble

cerrado con llave. Cuando volvimos a la ciudad tuvimos ocasión de

verificar que la fotografía había desaparecido del álbum y la esposa

del Sr. F., que ignoraba nuestras experiencias, nos contó que, en la

noche y a la hora correspondientes a la producción del fenómeno

de transporte, había oído, en su propio cuarto de dormir, un

tremendo ruido que llevó a los varios miembros de la familia a

preguntarse qué había sucedido.

Mi esposa expresó el deseo de ver la fotografía y el Sr. F. llevó

la mano al bolsillo para recogerla, pero con gran consternación

suya, verificó que había desaparecido.

Decidimos acabar de una vez con nuestras experiencias, pero

como el Sr. F. hubiese quedado muy perturbado con la

desaparición de la fotografía, mi esposa sugirió que se realizase

aún otra sesión, con la esperanza de recuperarla.

Cuarta sesión – Soy fuertemente tocado en la cabeza por un

cojín del sofá. Un objeto roza nuestras manos para después

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atravesar la mesa y desaparecer; es delicado como una pluma. El

Sr. F. pide flores y frutas y pronto caen encima de la mesa muchas

flores y muchas manzanas, fruta de la estación, pero que no

teníamos en casa. La Sra. A. pide alguna cosa de su propiedad e

inmediatamente le es puesto en las manos un objeto suyo, que se

hallaba encima de otra mesa. También mi mujer pide algo para sí.

Luego el Sr. F. cae en trance, y se abate sobre la mesa la

fotografía desaparecida el día anterior.

Esta vez, en cambio, el médium F. no recuperó rápidamente

sus condiciones normales. Tuvo crisis alternadas de inconsciencia

y delirio, que duraron cinco horas. Después readquirió sus

facultades normales, pero quedó agotado. Al día siguiente pidió a

su esposa que quemase la fotografía, lo que fue llevado a cabo en

su presencia.

Extraigo además estos detalles de la respuesta proporcionada

por el relator a un cuestionario que le dirigió Myers:

Condiciones de luz – Se experimentaba bajo la llama del gas

rebajada, pero el aposento estaba suficientemente iluminado para

vernos distintamente los unos a los otros, así como para ver

cualquier objeto en él existente. Añádase que era el período de

luna llena y su claridad, esparcida por las dos ventanas, hubiera

sido suficiente para que cada cosa se hiciese visible. Además,

formábamos una cadena, tomándonos de las manos.

La sesión en que tuvo lugar el transporte de la fotografía llevó

desde las diez hasta las once de la noche, pero yo no dejé a mi

amigo F. hasta las tres de la mañana.

Al siguiente día, después de la cena, llegó una carta de la

esposa del Sr. F., en que describía el incidente del ruido que se

había escuchado en el cuarto de dormir, añadiendo que se había

oído en el vecindario. No hemos podido interrogarla

posteriormente, pues ella ignoraba nuestras experiencias, al tiempo

que, por orden del doctor, ninguno de nosotros debería hacer

referencia a lo sucedido en presencia de F., que se ponía muy

nervioso cuando oía mencionar el caso.

Me detengo aquí en las citas, aunque todavía haya detalles y

consideraciones importantes para notar.

Me acuerdo de haber citado antes (caso V) un episodio

literalmente análogo en especie al presente, y en que el

experimentador pidió el transporte de tarjetitas y cartas contenidas

en una cajita cerrada con llave, en su casa, y es enseguida

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satisfecho. La diferencia entre los dos episodios consiste en esto:

que el segundo transporte ocurrió también bajo encargo y fue, a su

vez, extraído de un mueble cerrado con llave, en casa del

experimentador, pero consistía en un objeto que él no hubiera

nunca deseado que le fuese traído, pues evidentemente le

despertaba recordaciones penosísimas. No se dice si la

personalidad mediúmnica de Katie, manifestada y materializada en

tal circunstancia, es la misma representada en la fotografía

transportada, pero la emoción experimentada por el médium, al

percibir aquel nombre y las palabras proferidas por la entidad

espiritual: Yo amaba a F., no dejan dudas al respecto.

De entre los detalles dignos de atención, noto el del ruido

escuchado en el cuarto en que se hallaba la fotografía transportada

y eso en el momento preciso en que el fenómeno del transporte

tenía lugar. Tal particularidad no es nueva y se repite en algún otro

episodio del género, pero no es fácil darle una explicación.

Precedentemente (caso VII) se hizo notar que, cuando las

personalidades mediúmnicas son interrogadas sobre los golpes y

ruidos fortísimos, que algunas veces ocurren en el momento justo

en que se verifica el transporte, explican que tales manifestaciones

ruidosas constituyen el expediente más rápido para librar el

ambiente de una abundancia nociva de fuerzas exteriorizadas. Esto

dicho, surge la cuestión: tal elucidación, plausible cuando se trata

de ruidos producidos en el ambiente en que se halla el médium,

¿deberá ser juzgada igualmente plausible cuando se producen a

muchas millas de distancia del médium, en el ambiente en que se

verifica la sustracción del objeto pedido?

Ninguna duda hay de que tal plausibilidad podrá sostenerse, y

no tengo intención alguna de contestarla, pero al mismo tiempo es

verosímil presumir que tales estampidos, escuchados por algunas

personas y comparados al estruendo que produciría un mueble que

se partiese en pedazos, tengan origen en el fenómeno instantáneo

de la desintegración y reintegración de la parte de madera del

mueble, desintegración hasta tal punto fulminante que determinase,

en menor grado, un ruido correspondiente al producido por un

explosivo, visto que el ruido producido por un explosivo se deriva, a

su vez, de un fenómeno de desintegración instantánea de un

preparado químico, que es materia sólida, como lo es la madera de

un mueble.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Desde otro punto de vista, noto además que el valor teórico y

el interés dramático inherentes al transporte de la fotografía tienden

a hacer olvidar los otros episodios del género ocurridos en la

sesión en aprecio, los cuales, por el contrario, son dignos de

atención, considerando que, a su vez, han sido obtenidos al tiempo

que el episodio de la chaqueta: pese a encontrarse sus manos

fuertemente fiscalizadas e inmovilizadas, es un notable ejemplo de

penetración de la materia a través de la materia, que por otra parte,

está lejos de ser el único en la casuística en examen.

Efectivamente, según mis clasificaciones, se anota la existencia de

una docena de episodios iguales, que por una parte, sirven para

fortalecer lo expuesto, haciéndolo menos inverosímil y, por otra,

muestra que los fenómenos de tal naturaleza son realmente muy

raros.

Caso XI – Hace algunos años, publicó el Dr. Schwab un libro

titulado Teleplasma und Telekinesis (Teleplasma y Telequinesis),

en el cual relató las experiencias por él mismo verificadas durante

dos años, con la médium particular Sra. María Volhart, cliente suya

y perteneciente a distinguida familia, médium de la que declara

conocer a fondo su naturaleza física y mental, circunstancia que le

ha permitido certificarse, con plena seguridad, de la legitimidad de

sus facultades mediúmnicas.

Por lo demás, las condiciones en que se desarrollaron las

sesiones, excluyen toda posibilidad de fraude y, pese a que se

experimentaba en la oscuridad, ésta no era completa y las

infiltraciones de la luz del día permitían distinguir constantemente

las sombras del cuerpo de la médium y de todos los asistentes.

Además, los fenómenos fueron algunas veces obtenidos bajo luz

roja e incluso a la luz del día. Añádase que la médium se sentaba

en el círculo con los demás y las manos de todos quedaban

siempre inmovilizadas por medio de rigurosa cadena.

El Dr. Schwab publicó numerosas fotografías de los

fenómenos, así como el testimonio de unas cincuenta personas

que habían asistido a ellos, todas ellas personas que ocupan

importantes posiciones, entre las cuales cierto número de médicos

y profesores universitarios.

No teniendo en mi poder el libro del Dr. Schwab, habré de

limitarme a narrar los fragmentos esenciales del amplio resumen

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que le dedicó René Sudre en la Revue Metapsychique, de julioagosto

de 1923. Escribe él:

Los transportes son producidos del siguiente modo: resuenan

algunos golpes en la tabla de la mesa y la médium se pone muy

agitada. A continuación cae encima de la mesa un objeto, o es

depositado suavemente sobre ella. Generalmente son piedras del

tamaño de una nuez o de un huevo de pata. Provienen, algunas

veces, de la propia casa, pero muchas veces de localidades

ignoradas. Fueron, además de esto, transportados libros y jarrones

con agua y flores. Un detalle notabilísimo, que sirve para excluir

cualquier sospecha de fraude es este: que su naturaleza está en

relación con el tema de conversación del momento. Así, por

ejemplo, en relación al tema de una conversación, se obtuvo el

transporte de ramitos de áspero, de 67 centímetros de largo,

dimensión ésta que basta por sí sola para excluir la sospecha de

que la médium hubiese podido tener los ramitos ocultos entre sus

vestiduras. Algunas veces ella elevaba las manos por encima de la

cabeza para recoger, al vuelo, los objetos, sin que para ello fuese

abandonado el control de sus manos. Otras veces, ella decía haber

sentido colocar sobre su propia cabeza una piedra o incluso una

herradura. Si en ese instante llevaba la mano a la cabeza, nada

encontraba, pero la fotografía revelaba, por el contrario, la

presencia del objeto designado. O se oía el choque de un objeto

arrojado encima de la mesa y, en consecuencia, se consideraba

que el transporte había llegado, cuando en realidad no era

encontrado allí sino algunos minutos más tarde, es decir, el tiempo

necesario para que se materializase. En fin, otras veces el objeto

transportado impresionaba la chapa fotográfica, si bien en la

realidad no fuese todavía visible.

Los objetos transportados, especialmente las piedras, estaban

calentísimos. Las plantas, por el contrario, parecían muy húmedas.

Una vez fue traída una flor de un ramillete a tres o cuatro

kilómetros de distancia y, todas las veces que se producía un

fenómeno semejante, ya estuviese próximo o alejado el ramillete,

sus flores eran encontradas en orden.

En otra sesión, cierto arco salió de un cuarto contiguo,

aprisionando a un tiempo los dos brazos de la médium y el brazo

izquierdo de uno de los controladores, sin que éste último jamás

hubiese abandonado el control de las manos de ella.

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Fenómenos de Transporte Ernesto Bozzano

Obtuvimos, además de esto, el transporte de una rama de

haya, salpicada de rocío, la cual, en la penumbra, se vio llegar por

encima de la cabeza de la médium, que liberó una de las manos

para recogerla en el aire. El día 25 de enero de 1923 obtuvimos el

extraordinario transporte de un terrón de tierra con una planta de

perejil, en cuyo interior fue hallado un gran gusano blanco que se

contorsionaba vivamente.

En la inminencia de un transporte, la médium María Volhart

entra lentamente en estado de trance. Sus movimientos

respiratorios pasan a ser de 40-45 por minuto y el pulso de 90-95

pulsaciones; la sobreexcitación es grande, las manos y

frecuentemente el cuerpo entero son sacudidos por un temblor

penoso y la frente se humedece de sudor. Después del fenómeno

sobreviene una fase de acentuado agotamiento y la médium pide

insistentemente algo de beber y se queja de un malestar general.

Se encuentran, en el caso expuesto, felizmente reunidas

numerosas características de los fenómenos de transporte ya por

mí anotadas y tratadas antes. Siendo así, atiéndase a la

circunstancia de que, cuando los objetos transportados eran de

piedra o de metal, se mostraban calentísimos y otro tanto en los

varios episodios de transporte de una rama de haya aún salpicada

de rocío, de jarros conteniendo líquidos, de un terrón de tierra

dentro del cual un gran gusano blanco se contorsionaba vivamente

o de un arco que se insinuó entre los brazos de la médium y de

quien le controlaba la mano derecha, sin que éste le abandonase el

control.

En las experiencias a examen, sin embargo, el detalle más

importante es el que los objetos son notados algunas veces por los

sentidos del tacto, de la audición o de la vista, ya de la médium, ya

de los asistentes, antes de hallarse presentes en la realidad, en

estado sólido, cuando el hecho de ser recogidos y fijados por la

placa fotográfica indicaba su presencia real in dato, en estado

fluídico.

Recuerdo a propósito que he relatado antes (caso II) un

episodio semejante, en que una joven sensitiva describió las

sombras de las flores que debían ser transportadas algunos

minutos más tarde y, al hacerlo, cayó en un error de interpretación

que se convirtió en una prueba más en demostración de la

objetividad real de cuanto había visto, pues habló de una magnífica

rosa roja cuyo tallo tenía tres hojas, cuando en realidad se trataba

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de una bella camelia roja, cuyo tallo traía efectivamente las tres

hojas señaladas.

Subrayo aún, que esas observaciones de los sensitivos son

bastante frecuentes, y que recientemente, con el famoso médium

austríaco Meltzer, se repitieron en circunstancias interesantes. Esto

sucedió en una serie de sesiones realizadas en Londres, en el año

de 1927, en la sede del British College of Psychical Research,

sesiones que fueron llevadas a cabo con luz roja suficiente como

para vigilar todo movimiento del médium.

El director de la asociación supra citada, Sr. Hetivatt Mac

Kenzie, relata, a propósito, lo que sigue:

La producción de los transportes de flores fue indubitablemente

la prueba más satisfactoria de la naturaleza supra normal de los

fenómenos. Muchas veces hemos visto las flores cuando se

materializaban en las manos del médium, extendidas y abiertas.

Los transportes determinaban casi siempre un estado de

trance en el médium y él veía las flores por clarividencia, antes de

que se materializasen; ocasionalmente, también algunos

asistentes, que nada sabían de tales facultades del médium,

anunciaban, a su vez, percibir en el aire las sombras de las flores

que poco después llegaban, circunstancia que como se sabe, ya ha

sido notada por otros médiums. En la sesión de 1º de noviembre,

dos experimentadores, ambos dotados de facultades mediúmnicas,

describieron, por separado, las sombras de las flores que veían

cerca de la ventana, a seis pies por encima de la cabeza del

médium y, poco después, al lado del gabinete, detrás del médium;

pero lo más extraño es esto: que, en la noche del 9 de noviembre,

cuando mi esposa y la Sra. Crosbie arreglaban la sala de las

sesiones, en espera del médium, y ejecutaban su trabajo en

presencia de la Sra. Barkel, que a su vez, también es médium, ésta

exclamó: ¡El Sr. Meltzer obtendrá esta noche, seguramente,

transportes de alhelíes! Le preguntaron ellas el motivo de tal

exclamación y contestó que distinguía la sombra de un montón de

alhelíes junto al cable de la luz eléctrica que pendía sobre la mesa

de las sesiones. Fueron anotadas las palabras de la médium y,

aquella misma noche, fueron transportados, en gran cantidad,

alhelíes con flores y hojas, hecho muy interesante, tanto más si lo

consideramos en relación con otras sombras idénticas, vistas por

numerosos clarividentes (Psychic Science, 1923, págs. 17 a 23).

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Respecto de esta última curiosa observación de sombras de

flores vistas en el ambiente de las sesiones, aun antes de estar

presente el médium, relato que una observación igual la hizo el

espíritu-guía de la médium Sra. D’Esperance a propósito del

famoso transporte de un lirio de siete pies de alto. Los

experimentadores preguntaron al espíritu-guía Walter lo siguiente:

-¿Podéis informarnos de qué manera fue transportada la

planta?

Walter – No sabría decirlo (el transporte lo había hecho

Yolanda). Sé tan solo que la planta ya estaba aquí, antes de que

llegaseis. Se hallaba aquí dispuesta para ser materializada, por lo

menos una hora antes de que la hubieseis visto.

-He entendido decir que ella ya estaba aquí antes de la sesión.

-Walter – Sí, antes de que asistieseis a la sesión. Yolanda me

dijo que la mantenía ya dispuesta y temía que condiciones poco

favorables le impidiesen materializarla. (E. D’Esperance,

Shadowland (En el país de las sombras), pág. 331).

Para completar, añado que no son raros los casos en que, en

lugar de percibirse las sombras de los objetos que deben llegar, se

nota, de repente, la fragancia de las flores que están para

materializarse, es decir sus perfumes, de modo a poder designar,

anticipadamente, la calidad de cada una de ellas.

Cualquiera puede ver la enorme importancia de tales

circunstancias en esos hechos, y esto porque concurren

eficazmente para demostrar que el fenómeno de la penetración de

un objeto cualquiera en un ambiente herméticamente cerrado, se

produce por obra de un proceso de desintegración molecular de la

materia de que se constituye el propio objeto, a lo cual sucede un

proceso de reintegración instantánea, pero nunca con el auxilio de

una fantástica cuarta dimensión del espacio que permitiría al objeto

penetrar en un espacio de tres dimensiones, herméticamente

cerrado. La sonámbula Louise decía a Henri Sacasse: Durante la

desmaterialización percibo la desintegración de las moléculas de

los objetos que, no obstante, conservan su respectiva posición. El

objeto asume, entonces, proporciones bastante mayores, pero su

forma inicial no se altera absolutamente.

No me extiendo en tratar, a continuación, sobre la solución

aquí propuesta para el gran enigma, porque habré de contemplarla

más extensamente dentro de poco, cuando cite el último caso de

esta primera categoría de los transportes.
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Casos XII, XIII, XIV, XV, XVI y XVII
Mensaje Publicado: Lun, 09 Ago 2010 12:10 pm    Asunto: Casos XII, XIII, XIV, XV, XVI y XVII Responder citando
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Casos XII, XIII, XIV, XV, XVI y XVII – Termino esta primera categoría, dedicada a los transportes obtenidos en la oscuridad, pero en los cuales se notan modalidades de producción que excluyen toda posibilidad de fraude, con la exposición de seis casos extraídos de mis investigaciones personales sobre los referidos fenómenos, investigaciones esas que se efectuaron en el decenio de 1894-1904, en parte con la mediumnidad de Eusapia Paladino, pero, sobre todo, con la de dos médiums particulares, apreciadísimos amigos nuestros: Luigi Poggi y Tito Aicardi, ambos fundadores, como yo, del Circolo Scientifico Minerva, de Génova, cuyo presidente era el conocido escritor y periodista Luigi Arnaldo Vassalo y al cual pertenecían los profesores Enrico Morselli y Francesco Porro, así como el doctor Giuseppe Venzano.

Los seis casos que voy a exponer han sido ya narrados por mí en amplios resúmenes: cuatro de ellos en mi libro Hipótesis Espírita (1902); y los otros dos, producidos después de la publicación del libro, fueron relatados resumidamente en Revistas italianas y extranjeras. Ahora, sin embargo, los reproduzco por extenso, tal como se encuentran registrados en las actas de las sesiones.

Se comprende que en aquel decenio de continuas experiencias, obtuvimos cientos de transportes de todas las especies; no obstante, deseando ceñirme a las reglas de selección que me son impuestas en el presente trabajo, habré de limitarme a los casos ya publicados, si bien entre los todavía inéditos, se anoten algunos más extraordinarios que otros publicados. Bien entendido que los esclarecimientos expuestos no significan absolutamente que en esas experiencias no hubiésemos procedido con las habituales e indispensables medidas de control. Anoto al respecto que el autor cerraba las puertas con doble vuelta de llaves y las guardaba en el bolsillo, mientras todos los presentes hacían rigurosamente la habitual cadena de manos, de modo que las manos del médium eran constantemente controladas. Dicho esto, añado que en lo que concierne a nuestro principal médium – el amigo Luigi Poggi – había una garantía particular en la circunstancia de que, con él, los fenómenos de transporte eran invariablemente anunciados con antelación por las crisis de convulsiones tónico-clónicas que lo acometían (crisis penosísimas para quienes las presenciaban, pero no tanto para el médium, inmerso en profundo trance), las cuales servían para avisarnos de

la inminencia de un fenómeno de transporte, de forma que aquellos de entre nosotros que controlaban al médium tenían todo el tiempo para aumentar su vigilancia.

Estas eran las condiciones en que se produjeron nuestros mejores fenómenos de transporte, condiciones que excluyen igualmente la objeción de una presumible preparación previa de los transportes; ello por la circunstancia añadida de que, cuando se trataba de objetos de piedra o de metal, éstos caían de lo alto con estrépito sobre los muebles o el suelo, y, cuando se trataba de flores o ramos, éstos eran colocados delicadamente en el regazo de las personas a quienes iban destinadas, actos estos que no podrían ser practicados por una persona fuertemente sujeta por las manos.

Como quiera que fuese, repito que faltando en los episodios en aprecio las circunstancias de producción que se exigen para la presente categoría, dejo, pues, de citarlos.

Empiezo por citar dos casos que se refieren a la mediumnidad de Eusapia Paladino. Yo no estuve presente en la sesión en que se verificó ese primer episodio, pero tuve ocasión de entretenerme largamente acerca de él al día siguiente, con las tres personas que sí lo presenciaron.

El Sr. Felice Avelino, deseando obtener manifiestaciones de carácter íntimo, de un pariente que se había materializado en la noche anterior gracias a Eusapia Paladino, había dispuesto tener una sesión especial con ella, en la propia residencia de él. Solo asistieron a tal sesión, él, una hermana suya y una joven rusa, también socia del Circolo Minerva. En el edificio no se hallaban otras personas, pues la familia del Sr. Avelino estaba en su casa de campo. Dicho esto, transcribo la parte del relato que concierne al fenómeno de transporte. Escribe el Sr. Avelino:

5 de septiembre de 1901 – La médium estaba controlada por mí a la derecha y por mi hermana a la izquierda.

Hacia el final de la sesión, cuando ya habíamos obtenido cuanto deseábamos en cuestión de fantasmas materializados, he aquí que se abate desde lo alto con ruidoso choque, en medio de la mesa, algo voluminoso y pesado. Extiendo el brazo y tiento la parte superior de la mesa para certificarme de lo que había pasado, y me apareció debajo de la mano un objeto que no tardo en identificar como un pan de cuatro puntas, llamado masa de soda.

Deseoso de ver y analizar mejor este curioso transporte, pido a John permiso para encender la luz, que me fue concedido; pero con sorpresa general, apenas encendida la luz, verificamos que nada más hay allí. Examinamos el interior de los muebles, y finalmente las dos señoras presentes inspeccionan a la médium: todo es inútil, y el pan no es hallado.

Solo me resta recurrir a John, a quien pregunté si por ventura no lo habría ocultado; y él, con un gran golpe descargado contra la mesa, me contestó afirmativamente. Ruego entonces vivamente a John que me lo restituya, pues deseo mostrarlo a mis amigos y parientes. He aquí la respuesta tiptológica de John: Pertenece a la panadería que está cerca de aquí. Si deseas quedarte con él, dame dos sueldos. Saqué enseguida del bolsillo los dos sueldos, invitando a John a recibirlos y él ordenó tiptológicamente: Apaga la luz. Así lo hice y, al mismo tiempo, volvimos a formar la cadena. Yo controlaba a Eusapia con la izquierda y, apretando entre los dedos de la mano derecha la moneda de dos sueldos, levanté el brazo en alto. Y he aquí que una mano bajó de lo alto y me escamoteó de entre los dedos la moneda. Transcurrieron tal vez veinte segundos y he aquí que se hace oír otro golpe ruidoso sobre la mesa, idéntico al que se había oído anteriormente. Encendida la luz, apareció ante nosotros el gran pan de masa de soda, desaparecido poco antes. En cuanto a la moneda de dos sueldos, esa desapareció completamente y no la hemos encontrado en parte alguna.

Como complemento de ese magnífico tríplice caso de transporte del mismo objeto, hubiera sido deseable que, llegado el día siguiente, se hubiese intentado la prueba de una indagación junto al panadero indicado por John, pero indubitablemente no pasó por la mente del amigo Avelino intentarla y esto porque le pareció ciertamente impracticable, tratándose de una casa muy surtida y cuyo propietario no hubiera echado de menos el pan, ni notado el exceso de dos sueldos en caja.

Pese a ello, ese tríplice fenómeno de transporte no deja de ser siempre muy interesante, y asimismo muy precavido contra cualquier presunción de fraude. A tal respecto es de notar el hecho de que se trataba de un pan grande, que no sería fácil de ocultar bajo las ropas de la médium y mucho menos podría escapar al registro a que la sometieron las dos señoras presentes, después de verificada la desaparición del objeto transportado. Y a propósito



conviene observar que la médium, si hubiese producido fraudulentamente el primer gran transporte, no se hubiera permitido el capricho de hacerlo desaparecer, corriendo el riesgo de ser registrada, como en verdad lo fue. Nótese además que, cuando el amigo Avelino elevó su brazo a lo alto, apretando la moneda entre los dedos, la notó arrancada por la mano que provenía de allí, gesto que no podría ser llevado a cabo por una persona sentada y sujeta por las manos.

Ha quedado por comentar el acto de honradez a toda prueba relativo al fenómeno de sustracción de un pan perteneciente a otros, acto de honradez patentado por la respuesta proporcionada por el espíritu-guía de Eusapia. Observo que tal corrección de conducta a propósito de una propiedad ajena se muestra, como regla general, en las personalidades mediúmnicas que dirigen los fenómenos de transportes y las modalidades con que se manifiesta la casuística, así como la particular especie de los objetos transportados lo demuestra de modo impresionante. Ocurre que, desde el punto de vista del origen presumible de buena parte de los fenómenos en aprecio, esa circunstancia de hecho asume tal importancia teórica que no se puede discutirla apresuradamente en un comentario, cosa que me reservo hacer ampliamente en las conclusiones.

*

Este es el segundo episodio ocurrido con la mediumnidad de Eusapia Paladino, el cual, como el anterior, se verificó en la residencia del amigo Felice Avelino (calle Caffaro, 31 – Génova).

Se trata de una sesión especial, con riguroso control científico, presidida por el profesor Enrico Morselli, siendo los otros experimentadores el Sr. Felice Avelino con su hermano y su padre, el Sr. Giuseppe Venzano y yo, redactor del acta. La sesión se llevó a cabo el día 9 de mayo de 1903 y, desde el punto de vista probatorio, el fenómeno más importante se produjo al comienzo, cuando experimentábamos a la luz de una espita de gas con camisa Auer. En tales circunstancias, las faldas de Eusapia funcionaban como gabinete oscuro y, toda vez que observábamos que se inflaban, súbitamente de allí emergía una manita de niño, perfectamente formada y bien visible a todos, que daba un tirón a nuestros pantalones y a menudo se aventuraba fuera de la sombra

de la mesa y, moviéndose rápidamente, tiraba también de los bigotes al prof. Morselli.

Cuando la luz fue apagada, notables fenómenos de materialización empezaron a producirse, pero sería fuera de propósito narrarlos aquí. Ya hacia el final de la sesión, se produjo el siguiente fenómeno de transporte por encargo. He aquí el fragmento de la relación que a él se refiere:

El tiempo está pésimo y llueve torrencialmente. El apartamento del amigo Avelino está situado en el 4º piso, sin embargo el edificio, en su parte trasera, está apoyado en un monte cortado en ese punto y resguardado por una alta muralla que tiene la altura del referido apartamento. Encima de la muralla hay un jardín con una larga hilera de plantas colocadas en macetas. Entre ellas, por la mañana, yo había notado una magnífica planta de clavel encarnado, en plena floración.

Me dirigí pues, a John, con las siguientes palabras: John, en el jardín frente a esta ventana, hay un bellísimo clavel en flor. Te quedaría muy agradecido si nos trajeses una flor de él.

Resonó sobre la mesa un fuerte golpe de asentimiento y poco después una mano colocó algunas flores encima de mi rodilla. Se encendió la luz, verificándose que, efectivamente, se trataba de los claveles encarnados, cortados, sin duda, de la planta indicada; pero el detalle más interesante del transporte fue este: como en ese momento llovía a cántaros, los claveles se hallaban encharcados de agua.

Ese fenómeno causó extraordinaria impresión al prof. Morselli que, aunque ya reconociese la realidad inobjetable de los fenómenos de materialización de fantasmas, no admitía aún la posibilidad científica y, por consiguiente, la genuinidad de los fenómenos de transporte.

Fue precisamente pensando en esto que se me ocurrió intentar la prueba de un transporte pedido, que no despertase las sospechas del profesor. La tentativa tuvo un éxito superior a la expectativa, ya que no tuve en mente otra prueba acerca de la realidad del fenómeno que la resultante del transporte, por encargo, de determinadas flores, por cuanto éstas llegaron revestidas de una contra-prueba de una autenticidad inesperada: la de estar mojadas porque fuera llovía.

Ya hice notar, en otras circunstancias, que los episodios de este género son bastante frecuentes en esta casuística,

conociéndose transportes de flores salpicadas por trozos de nieve. Añado que se conocen casos de transportes de conchas marinas goteando agua salada y otros de capullos de rosa con los tallos llenos de ácaros (pulgones de la rosa).

En fin, se debe inferir que los transportes llegaban en las precisas condiciones en que se hallaban en aquel momento, para demostrar el fenómeno de la desintegración del objeto y la cosa adherida al mismo objeto, no importando que ésta última sea extrínseca a él.

El siguiente episodio sucedió gracias a la mediumnidad del Sr. Tino Aicardi, cuyas facultades supra normales se revelaron de modo bastante curioso.

Él era un escéptico irreductible en materia de pesquisas mediúmnicas y lamentaba que nosotros, pobres espíritas, nos dejásemos engañar por una vulgar charlatana como Eusapia. Ocurrió pues que, cuando el caballero Peretti lo invitó a su casa a fin de asistir a una sesión con un médium privado, él aceptó la invitación con el propósito declarado de intentar abrir los ojos al amigo y convencerlo de que era víctima de trucos combinados con credulidad, sugestión, autosugestión y no sé cuántas cosas más.

Lo que, por el contrario, sucedió esa noche memorable fue muy otra cosa, pues, tan pronto como se hizo la oscuridad y se estableció la cadena entre los presentes, el recién llegado cayó en profundo trance, no tardando en producirse la manifestación de fenómenos de golpes fortísimos a distancia, de transportes de objetos pesadísimos y de luces mediúmnicas bellísimas, manifestaciones que no habíamos obtenido hasta aquella noche.

Cuando, finalmente, después de dos horas de sueño, el nuevo médium despertó, se apresuró a disculparse con las señoras por la inconveniencia cometida, de permanecer durmiendo como un cerdo durante la sesión. ¡Es fácil de imaginar la sorpresa del mismo, cuando se le contestó agradeciéndole por las magníficas manifestaciones obtenidas con el auxilio de su mediumnidad!

Paso a referir un fragmento del acta de la sesión realizada el día 10 de diciembre de 1889 en casa del caballero Peretti, funcionando como médium el Sr. Tito Aicardi, en la cual se menciona un interesante fenómeno de transporte.

Por boca del médium en trance se manifiesta la entidad habitual de un hindú que dice ser el espíritu de un yoghi desencarnado hacía pocos años; sin embargo, como éste se

expresa en una mezcla de italiano, inglés y sánscrito, casi enteramente incomprensible, el caballero Peretti pide a la entidad comunicante que produzca un fenómeno de transporte como ya había hecho otras veces. Por ejemplo: ¿No podría el espíritu del yoghi obsequiarle una flor campestre traída de los prados de la India?

La personalidad comunicante responde afirmativamente y abandona, rápido, al médium, que cae sobre el asiento, continuando dormido profundamente. Transcurridos unos 10 minutos, el médium se agita, sus manos aprietan convulsamente las de sus fiscalizadores, emite un profundo suspiro y murmura, en voz baja, las siguientes palabras: ¡Pronto! ¡Luz! Se enciende la luz y se encuentra, en la mesa, un ramito de una planta desconocida, de cerca de 20 centímetros, con hojas graciosamente coloridas, pero sin flores. El ramo se compone de cinco ramificaciones dispuestas en torno al tallo, de forma alternada, cada una terminada en cinco hojitas anchas. Estaba fresquísimo, tanto es así que, si se tocaba con un papel la extremidad del tallo cortado, quedaba en éste una mancha verde. Al día siguiente, con el fin de identificar la especie de planta a que pertenecía ese ramo, fuimos en busca de los principales floricultores de la ciudad, pero inútilmente, porque ninguno de ellos jamás había cultivado tal género de planta y no podía clasificarla porque nunca la había visto antes, estando, no obstante, todos de acuerdo en considerarla una exótica planta tropical, cultivada solamente en invernadero. Como ese ramito fue conservado, disecándolo con todo cuidado, algunos años más tarde fue presentado al Prof. Otto Penzig, catedrático de botánica de la Universidad de Génova, que reconoció en él un arbusto bastante común de la flora hindú, con los que se hacen sebes de división, al norte de la India.

He aquí los hechos. Cuando en 1902 publiqué este episodio en mi libro Teoría Espírita, apareció un crítico que, aunque admitiendo la autenticidad de ese transporte, se mostró sorprendido debido a la enorme distancia existente entre Génova y la India, y por ello propuso como explicación más verosímil, que el transporte hubiese sido retirado de un invernadero cualquiera, existente en los alrededores de Génova. Ninguna duda existe de que tal explicación es racional y aceptable, pero no quita el valor probatorio del fenómeno, obtenido bajo petición. No obstante, el prof. Penzig no se mostró de esa opinión, observando que el arbusto de que se



trata, aunque interesante, no tenía ninguna cualidad de belleza floral y ornamental para que fuese exportado y cultivado en un invernadero.

Siendo así, es más probable la versión de que el transporte nos llegó de su país de origen aunque esté muy lejano, a propósito de lo cual repito lo que antes dije, o sea, que en estos tiempos nuestros, en que asistimos a las maravillas de la Radio, con las cuales podemos escuchar en Roma el discurso que en el mismo momento pronuncia el presidente de los Estados Unidos de América, no es para asombrarse si una personalidad espiritual, que no depende de las limitaciones de la materia, se muestra capaz de hacer el viaje de Génova a la India con la misma rapidez con que anda la palabra transportada sobre las ondas etéreas.

Esa especie de escepticismo estaba más que justificado en los críticos de las dos generaciones pasadas, pero ya no lo está en nuestra época, y esta consideración debería enseñar mucho a mucha gente, especialmente acerca de otras formas análogas de escepticismos aparentemente justificados, los cuales están en relación con los misterios que aún envuelven a las manifestaciones mediúmnicas.

Si tenemos bastante paciencia para resignarnos a esperar, podremos estar seguros de que nuevos y asombrosos descubrimientos científicos vertientes sobre el universo oculto e inexplorado de las vibraciones físicas y psíquicas intervendrán a su tiempo para ayudarnos a comprender.
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FENÓMENOS DE LOS TRANSPOTES SIGUIENTE CASO
Mensaje Publicado: Mar, 10 Ago 2010 1:14 pm    Asunto: FENÓMENOS DE LOS TRANSPOTES SIGUIENTE CASO Responder citando
nedhel
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El siguiente episodio se produjo con la mediumnidad del amigo

Luigi Poggi en la sesión de 27 de febrero de 1901. Estaban

presentes los cónyuges Peretti, el Dr. Giuseppe Venzano, el Sr.

Adolfo Schmoltz y quien esto escribe. He aquí el relato de la sesión

tal como reza la referida acta:

Empieza la sesión a las 20,30 horas y los presentes forman la

cadena. Se hace la luz roja y, poco después, la completa

oscuridad. El médium cae en trance, casi inmediatamente. Está

inquieto y no tarda en manifestarse a su vez una personalidad

mediúmnica que se expresa con una voz ronca, de timbre

acentuadamente barítono. Habla en francés y en las frases que

profiere denota extraña imperiosidad. Se le pregunta el nombre a la



entidad comunicante y el médium toma el lápiz y escribe Conde de

la Gruyère, tras de lo cual muestra señales de viva agitación y

pierde el contacto de las manos de todos los asistentes. Sin romper

la cadena, todas las manos se juntan sobre las de él, que

empiezan enseguida, de modo curioso e ingenioso, a enlazar cada

dedo de sus manos con el dedo de cada mano de los presentes.

No tardan en verificarse las contracciones de costumbre y,

enseguida, se producen movimientos convulsivos tónico-clónicos y

luego un estado de abandono y relajación. Al mismo tiempo se oye

claramente un golpe seco en el suelo como de un cuerpo metálico

caído desde regular altura. Se comprende que se trata de un

transporte y se pide permiso para encender la luz. Las miradas de

todos los presentes se dirigen hacia el punto del piso donde se

había percibido la caída del objeto y allí se encuentra un grueso

clavo. Mide unos 10 centímetros de largo y su extremidad

puntiaguda muestra vestigios, hasta la mitad, de cal seca. El

descubrimiento del transporte y la naturaleza del objeto, que los

esposos Peretti afirman no pertenecer a su casa, despierta la

curiosidad de los presentes, que preguntan a la personalidad

comunicante de dónde lo había sacado, habiendo ésta contestado:

Lo he sacado de la terraza del vecino de arriba.

Al día siguiente, el Sr. Peretti buscó a sus vecinos, los Sres. E.,

y les preguntó si por casualidad reconocían el clavo que les

presentaba. La Sra. E. pareció reconocerlo y tomando dicho clavo

se dirigió, sin más, a la terraza anexa a su apartamento, a donde la

siguieron los demás. Llegados allí, notaron la falta de un clavo

grueso que sostenía la cuerda sobre la cual se solía tender la ropa

lavada para secar. Introducido el clavo en el agujero existente en la

pared, verificaron, con asombro, que éste era del mismo ancho del

clavo y su profundidad correspondía exactamente a la parte del

mismo en la cual habían quedado adheridos los vestigios de cal.

Era de notar también que los bordes del agujero no parecían

forzados, cosa imposible de conseguir si se pretendiese sacar un

clavo grueso sólidamente enclavado en la pared hasta la mitad de

su tamaño.

Todo esto sirve para demostrar, de modo irrefutable, que el

clavo transportado era el que faltaba en la terraza existente encima

de la sala de las sesiones. El Conde de la Gruyère había dicho la

verdad.

Los casos de transportes en que se logra identificar el lugar de

donde han sido sacados los objetos, están revestidos de un valor

probatorio muy notable, además de ser bastante frecuentes en la

casuística a examen. Observo al respecto que, entre los episodios

relatados anteriormente, figuran nueve con la identificación de los

lugares de donde han sido transportados. En cuanto a este décimo

caso, noto que, si bien no pueda ser considerado más importante

que los demás, sin embargo está extrañamente caracterizado por

las modalidades con que se ha logrado identificarlo, colocándolo en

el agujero en la pared de que había sido arrancado.

Notable también fue la excelencia de las condiciones

probatorias en que se verificó, si se considera que, en el momento

en que se percibió, en el suelo, el ruido metálico del objeto que

caía desde arriba, el médium no solamente tenía las manos bajo la

fiscalización de los presentes, sino que además, con el propósito

de poder extraer fuerza de los componentes del grupo, había

entrelazado los dedos de sus manos con los dedos de las manos

de todos los presentes, los cuales, en consecuencia, tenían en

aquel momento las manos inmovilizadas por el médium.

Nadie, por lo tanto, podría haber mistificado, arrojando por el

aire el falso transporte para simular su caída desde arriba, mientras

que las puertas, como siempre, permanecían cerradas con doble

vuelta de llave y las llaves en el bolsillo del caballero Peretti.

Este otro episodio, obtenido por encargo, se dio igualmente

con auxilio del mismo médium, Sr. Luigi Poggi:

Sesión de 5 de mayo de 1901 – Se hallan presentes los

esposos Peretti, el Dr. Giuseppe Venzano, el Sr. Adolfo Schmoltz y

el redactor de esta acta. A las 9 de la noche se apaga la luz blanca,

se enciende la roja y se forma la cadena. El médium cae enseguida

en trance, permaneciendo en ese estado algunos segundos, para

empezar luego a hablar con fluencia extraordinaria en una lengua

desconocida, con un acento áspero y bárbaro. Por el modo en

como el médium se sienta y la mímica característica con que

acompaña su hablar, se comprende enseguida que se trata de un

oriental. El caballero Peretti pide a la entidad comunicante que

mencione su país de origen, mediante algo que tenga relación con

el mismo. Una profunda inclinación, hecha por el médium, nos hace

saber que la personalidad mediúmnica ha comprendido y accede a

la petición. Se apaga la luz roja y el médium no tarda en pasar por

las habituales fases de contracción muscular, temblor convulsivo,



relajación final (no estando de más poner de manifiesto que los dos

experimentadores encargados de la fiscalización del médium, ante

esos signos precursores, han redoblado la vigilancia). Al mismo

tiempo cae, tintineando, desde lo alto, algo metálico que después

de caer rueda por el suelo.

Se vuelve a encender la luz, encontrándose una moneda de

cobre, de acuñación turca, con las dimensiones de una moneda

italiana de dos sueldos, de las de antes de la guerra. Con

referencia al idioma hablado por el médium, es oportuno hacer

notar que habíamos conseguido recoger y registrar fonéticamente

algunas frases pronunciadas por la entidad en correspondencia con

expresivos gestos especiales. Pues bien, esas frases fueron al día

siguiente sometidas a la interpretación de un oficial del acorazado

Turquía, que en aquella ocasión estaba atracado en el puerto de

Génova y, no obstante haber sido registradas fonéticamente, el

oficial las comprendió, por cuanto, dada la mímica que las había

acompañado, ya suponíamos lo que debían significar. No está de

más añadir que ni el médium ni ninguno de nosotros conocíamos la

lengua turca.

Tal es el interesante transporte obtenido por encargo. Mientras

transcribía este relato, tuve la idea de ir a buscar la moneda turca

de que habla el texto, moneda que debía ciertamente encontrarse

en el gran cofre donde guardo buena parte de los transportes

obtenidos en aquel decenio de pesquisas. Hacía muchos años que

yo no abría ese cofre y confieso que al abrirlo experimenté cierta

emoción al ver ante mis ojos tantos objetos, cada uno de los cuales

me hacía recordar vivamente su historia, mientras mi pensamiento

volvía, con añoranza, a nuestros compañeros de pesquisas, que ya

no pertenecían a este mundo: los cónyuges Peretti murieron, el Dr.

Giuseppe Venzano ha fallecido y la médium también murió. No

tardé en hallar, entre los objetos guardados en el cofre, la moneda

turca de dos sueldos, que tengo ahora sobre la mesa de mi

despacho. Está muy gastada por las dos caras. El millar aparece

nítidamente, pero no consigo ver los guarismos. De todos modos,

se ve que no se trata de una moneda nueva, sino tal vez de un

siglo atrás.

Observo que, en el caso a examen, la prueba de la genuinidad

del fenómeno de transporte no está fundada solamente sobre el

hecho de haber sido obtenido por encargo, sino que resulta

además del hecho de que el médium, incorporando una

personalidad espiritual turca, no solo transporta por encargo una

moneda turca, sino que se expresa en lengua turca.

Y, siendo así, se deberá racionalmente concluir que el

fenómeno de transporte logrado por nosotros, además de ser

auténticamente supra normal, es también positivamente espírita,

visto que, si el médium y todos los presentes ignoraban la lengua

turca, por cierto la entidad que se expresó en tal idioma no era,

ciertamente, una personalidad sonambúlica.

Paso ahora a relatar el fenómeno de transporte más

importante, teóricamente, obtenido por nosotros en el decenio de

nuestras experiencias, consistiendo su importancia en lo siguiente:

Se trata de un transporte que se quedó a medias, resultando de

ello un valor teórico incomparable, por cuanto esta circunstancia

sirve para resolver, sobre la base de los hechos, el problema

relacionado con las modalidades con que se realizan los

fenómenos de transportes. Bien entendido que tal solución no

significa aún que se haya logrado desvendar el enorme misterio.

De todos modos, ya es mucho si, con base en lo expuesto, se llega

a establecer, definitivamente, en provecho de los futuros

investigadores, un principio fundamental de tanta importancia para

la orientación de los estudiosos.

La sesión se llevó a cabo en casa del caballero Peretti (Plaza

del Carmine) en Génova, el día 19 de marzo de 1904. Este es el

fragmento de mi relato en el cual describí los hechos:

Están presentes los cónyuges Peretti, el Dr. Giuseppe

Venzano, el Sr. Adolfo Schmoltz y Ernesto Bozzano. Sirve de

médium el Sr. Luigi Poggi.

Se apaga la luz blanca, se enciende la roja y se forma la

cadena. Nada mas caer el médium en trance, se manifiesta su

propio padre anunciando que el hijo está bien dispuesto, que todos

los presentes se hallan fluídicamente armonizados con él, que hay

abundancia de fuerza y que obtendríamos buenas manifestaciones.

Y así sucedió, de hecho, pero no siendo el caso de dar cuenta

de toda la sesión, me limito a reproducir el episodio que siguió al

caso aquí considerado y es que se manifestó la madre del médium

que dijo, a título de prueba de identificación, que traería para su

hijo algo que le convenciese. Poco después caía, desde arriba, una

piedra oval del tamaño de un huevo de pava y la personalidad

comunicante nos informaba de que lo había sacado de la

construcción en rústica que ornamentaba su propio túmulo. Hago

notar que el túmulo de la madre del médium se halla en el

cementerio de una pequeña ciudad toscana, a una distancia

aproximada de 300 kilómetros. Cuando el hijo despertó del trance,

confirmó que sobre la sepultura de su progenitora se eleva una

construcción en rústica, formada por rocas de conglomerados de

aluvión que, como se sabe, se compone de piedras redondeadas y

arenas marinas amalgamadas y petrificadas juntas hace siglos.

Animado con el magnífico transporte obtenido, pregunto a la

personalidad mediúmnica comunicante si podría traerme un

pequeño bloque de pirita que se encuentra en mi despacho, a una

distancia aproximada de dos kilómetros. La entidad espiritual

observa: El transporte que has conseguido casi agotó la reserva de

fuerza, pero lo intentaré. Poco después el médium es tomado por

las contracciones espasmódicas que indican la llegada de un

transporte, pero cuando se deja caer sobre el asiento, no se

percibe ruido alguno de caída de objeto. Pido informaciones a la

personalidad comunicante y ésta responde: Me ha faltado la fuerza.

He logrado desmaterializar una parte de la pirita y traerla hasta

aquí, pero ahora me falta fuerza para volver a materializarla.

Encended la luz.

Se enciende la luz y, con enorme asombro de todos, se verifica

que la mesa, las ropas y los cabellos de los presentes, al igual que

la alfombra y los muebles cercanos, están cubiertos de una capa

finísima de un polvillo brillante de pirita y azufre. Terminada la

sesión y de regreso a mi casa, verifico en mi despacho que al

bloque de pirita le faltaba un grueso fragmento que se podía

calcular en la tercera parte del objeto, y se representaba por un

profundo tajo en el mismo.

Hasta aquí el relato de este caso excepcional, pero como

complemento al mismo, añado que nosotros recogimos,

pacientemente, con las puntas de los dedos, una gran parte de

aquel polvo impalpable esparcido sobre la mesa, sobre nuestros

vestidos y un poco en otras partes, y que la porción que recogí la

conservo celosamente en un tubo de vidrio.

A propósito, quiero referirme a una curiosa sorpresa que tuve

recientemente y es que, durante muchos años, no habiendo tenido

nunca ocasión de tocar ese tubito de vidrio, cuando se me ocurrió

hacerlo noté que el polvillo impalpable, por nosotros recogido con

las puntas de los dedos, ya no era impalpable y se mostraba bajo

una forma granulosa comparable a la menudísima munición de

caza. No podré decir cuando se ha verificado tal transformación

molecular, pero probablemente el fenómeno debe haberse

producido en seguida de la sesión, cuando el polvillo aún estaba

saturado de la fuerza que lo había desintegrado, fuerza que, en

parte, ya había iniciado su reintegración, visto que el estado de

polvo impalpable en que lo recogimos, indicaba ya un principio de

reintegración que, del estado fluídico, lo iba transformando en

materia sólida pulverizada.

Dije, al comienzo, que el gran valor teórico del fenómeno por

nosotros obtenido residía en la circunstancia de que por él se

revelaban, de forma incontestable, las modalidades con que se

producían los fenómenos de transporte, misterio éste en torno al

cual habían trabajado las mentes de muchos investigadores,

propugnando hipótesis explicativas diversas, entre las cuales la

muy absurda e inconcebible de que los objetos transportados

penetrarían en ambiente herméticamente cerrado pasando por una

cuarta dimensión del espacio, hipótesis puramente metafísica,

literalmente fantástica y nunca demostrable, lo cual equivale a decir

que a través de ella nada se explicará. He aquí entonces que se

produce un fenómeno positivamente comprobado que basta por sí

solo para destruir la hipótesis de la cuarta dimensión, colocando la

cuestión sobre bases experimentales seguras.

Hasta hace pocos meses yo suponía que ese fenómeno por

nosotros conseguido fuese el único del género existente en la

casuística mediúmnica, pero para gran satisfacción mía, encontré

en la Revista Luce e Ombra, de mayo de 1928 un artículo del

Guglielmo Civitelli, el cual, a propósito de la cita del caso en

aprecio, me recordaba que un fenómeno análogo ya había sido

obtenido con la mediumnidad de Eusapia Paladino y había sido

narrado a su tiempo por el Sr. Gaetano Miranda. El fenómeno se

había producido en Nápoles, en el palacio de la princesa

Piccolomini y, en tal circunstancia, se había pedido a John para

que transportase un dedalito de plata encerrado en un escriño

existente en otro aposento del palacio. Cuando se esperaba la

producción del fenómeno, una circunstancia imprevista hizo

interrumpir y suspender la sesión. Más tarde se fue a examinar el

referido escriño y se verificó que en el lugar del dedalito había una

pizca de polvo de plata impalpable.

Como se ve, también en este caso el fenómeno se quedó a

medias debido a la brusca interrupción de la sesión, y las

consecuencias resultantes de ello fueron absolutamente idénticas a

las del hecho supra citado, si bien el fenómeno se haya producido

con modalidad inversa, es decir, que el polvo impalpable de plata,

en vez de ser transportado hasta la sala de las sesiones, quedó

dentro de la caja donde estaba encerrado el dedalito. De cualquier

forma, se trata siempre de un objeto metálico reducido al estado de

polvo impalpable por la voluntad de la personalidad mediúmnica

operante. Y esto es lo que basta, por cuanto sirve para confirmar

que los fenómenos son producidos por fuerza de un proceso de

desintegración y reintegración molecular rapidísimo de los objetos

transportados, salvo una variante, que no cambia en modo alguno

los procesos, no obstante sean éstos aplicados en sentido inverso;

es decir, que la voluntad operante se sirve, a veces, de proceso

idéntico practicando un hoyo en las puertas, en las ventanas, en las

paredes, introduciendo por tal punto un objeto en un ambiente

herméticamente cerrado, sin desintegrarlo. Esta última variante del

fenómeno fue indicada por la misma personalidad mediúmnica con

la cual se obtuvo el transporte incompleto de que se trata. Nosotros

ya habíamos notado que, muchas veces, las piedras y los objetos

metálicos transportados se hallaban notablemente calientes y otras

veces se mostraban térmicamente normales.

Pregunté pues, a nuestro espíritu-guía por qué causas se

producían tales alternativas de condiciones térmicas contradictorias

y éste nos informó que, cuando los objetos estaban calientes, esto

sucedía porque ellos habían desintegrado fulminantemente la

materia constituyente del objeto transportado, provocando de tal

modo, una reacción térmica más o menos considerable, según la

constitución molecular de los objetos; y que, cuando, por el

contrario, éstos llegaban térmicamente normales, esto ocurría

porque, en lugar de desintegrar el objeto, ellos habían desintegrado

la madera de la puerta o de la ventana. Tal explicación desde luego

nos pareció enteramente satisfactoria, por la concordancia

admirable entre los efectos termodinámicos previstos por la ciencia

en la hipótesis de un agrupamiento instantáneo de átomos y esto

era lo que se verificaba en numerosos fenómenos de transporte.

A propósito de esto deseo poner de manifiesto la siguiente

notabilísima concordancia en las afirmaciones de dos de las

personalidades mediúmnicas que se manifestaron en nuestras

experiencias, con 25 años de intervalo entre ellas. Me refiero a las

recentísimas experiencias del Millesimo en que se interrogó al

espíritu-guía Cristo D’Ángelo sobre el mismo argumento,

obteniéndose las siguientes explicaciones, que se muestran

sustancialmente idénticas: Para los transportes pequeños, se

hacen desmaterialización y materialización de los objetos; para los

transportes grandes, se hace la desmaterialización de un punto en

puertas y paredes.

No está de más decir cuánto me satisfizo la respuesta de

Cristo D’Ángelo, la cual venía a confirmar de modo impresionante

la otra por nosotros obtenida hacía tantos años. Observo ahora que

las explicaciones no solo concuerdan entre sí, sino que concuerdan

igualmente con las que fueron proporcionadas a la Sra. E.

d’Esperance y a William Stainton Moses por los espíritus-guías

Yolanda y Rector.

Ahora bien, no habrá quién no vea cómo esta unanimidad de

informaciones explicativas proporcionadas reviste por sí misma un

alto valor teórico, ya que, si las personalidades mediúmnicas

concuerdan entre sí, a pesar de que cada una de ellas ignoraba las

explicaciones dadas por las demás, esto demuestra que las

referidas personalidades alcanzaron sus conocimientos por una

experiencia común. Y, como tampoco pueden los adversarios más

intransigentes de la hipótesis espírita eximirse de reconocer

inteligencia y raciocinio a las personalidades mediúmnicas

operantes, resulta que habrán de reconocer que las mismas

entidades deben saber cómo hacen para desarrollar los fenómenos

que producen. Y, siendo así, evidente absurdo es negar crédito a

las explicaciones proporcionadas de manera concordante respecto

de las condiciones que determinan los fenómenos de transporte.

Observo además que los lectores encontrarán, en la segunda

parte de la presente obra, incidentes de transportes obtenidos a

plena luz, en los cuales los experimentadores han visto la

desintegración y la reintegración de los objetos ante sus ojos

atónitos.

Añado finalmente, que los notabilísimos episodios narrados en

el caso XI, en los cuales el médium y los experimentadores

percibieron las sombras de los objetos materializándose, confirman

aún más la tesis aquí propugnada.

Y me parece que basta para considerarnos científicamente

autorizados para declarar teóricamente resuelta, sobre la base de

los hechos, la cuestión vertiente sobre las modalidades con que se

producen los fenómenos de transporte, es decir, que los



fenómenos se producen por un acto de la voluntad de las

personalidades mediúmnicas operantes (no importa, por ahora, si

subconsciente o extrínseca), acto de voluntad que tendría el poder

de desintegrar y reducir, instantáneamente, al estado fluídico, la

materia constituyente de un determinado objeto, de ahí poder

introducirla, a través de puertas y paredes, en ambientes

herméticamente cerrados, y allí reintegrarla mediante un proceso

igualmente instantáneo; o bien conservar la integridad del mismo e

introducirlo en ambientes herméticamente cerrados desintegrando

una parte cualquiera de las puertas, de las ventanas, de las

paredes, lo que equivale a decir que se obtiene un resultado

idéntico con proceso diverso.
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transportes observados a plena luz.
Mensaje Publicado: Mie, 11 Ago 2010 12:20 pm    Asunto: transportes observados a plena luz. Responder citando
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transportes observados a plena luz.

Caso XIX – En otro de mis libros tuve ocasión de citar el caso

(1845-1847) que no puedo dejar de reproducir y en el cual traté de

la sonámbula del Dr. Larkin, médico norteamericano que ejercía su

profesión en la ciudad de Wrentham (Estado de Massachussets).

Éste no tenía otro objetivo al consultar con la sonámbula que el

beneficio de sus enfermos, pero muchos fenómenos no provocados

se produjeron, y pronto suscitaron las más feroces hostilidades por

parte del elemento clerical de la región.

Resultó de eso increíbles persecuciones contra el doctor Larkin

y la infeliz muchacha sonámbula, persecuciones que empezaron

con el envío de dos personas a casa del Dr. Larkin con fines de

investigación de los hechos.

Fue frente a los representantes de la segunda comisión de

investigación cuando se realizó el fenómeno de transporte que voy

a relatar, fenómeno que tuvo como consecuencia la convicción del

ministro de la iglesia anglicana encargado de la investigación,

sobre el origen supra normal de los hechos, lo cual no impidió, con

todo, que el Dr. Larkin fuese expulsado de la sociedad civil y

religiosa y la infeliz joven condenada a prisión por necromancia.

Lo extraigo de la historia de la Sra. Emma Hardinge-Britten,

Modern American Spiritualism, observando que esta autora conoció

personalmente al Dr. Larkin, y oyó de su propia boca la penosa

historia de las inauditas persecuciones de que había sido víctima,

que lo llevaron a una completa ruina profesional y económica.

Después de la primera comisión de investigación que había

inútilmente torturado, durante un mes, a la joven sonámbula, sin

llegar a un resultado, las autoridades eclesiásticas superiores

enviaron a una segunda, constituida por el Rev. Thatcher y su

esposa.

Ese prelado pertenecía a la comisión religiosa y se había

mostrado convencido de las prácticas tenebrosas de Larkin.

Antes de entrar en argumentos, preciso es decir antes que, por

intermedio de Mary Jane, la sonámbula del Dr. Larkin, se

manifestaban dos personalidades mediúmnicas, una de las cuales

– Katy – parecía de orden muy elevado y era quien diagnosticaba

las enfermedades y prescribía las recetas; la otra entidad decía

haber sido en la vida terrena un grumete, y se expresaba en

términos rudos, intercalados con dichos triviales. Era ese grumete

quien producía fenómenos físicos de toda especie, entre los cuales

los de transporte. No era malo, sino vulgar e inconveniente como

un auténtico chiquillo.

Aclarado esto, vuelvo al Rev. Thatcher y a lo que tuvo ocasión

de presenciar.

Escribe la Sra. Hardinge-Britten:

En la primera noche de su llegada, el Rev. Thatcher propuso

recogerse todos a orar en torno al lecho de la sonámbula y, cuando

hacia sus evocaciones rituales, ésta cayó en trance y ofreció a Dios

oraciones con tal fervor de sentimiento y con tanta elevación de

pensamiento que los ojos del pastor y de todos los presentes se

humedecieron de lágrimas. Había empezado la investigación bajo

los mejores auspicios.

Y durante la semana de su permanencia, tanto el Reverendo

como su señora tuvieron oportunidades de observar toda suerte de

manifestaciones, por lo que declararon al Dr. Larkin que se iban

plenamente convencidos de la sinceridad y pureza de sus

intenciones y de su familia, como también de la autenticidad de los

fenómenos sobrenaturales que se producían por medio de la joven

sonámbula.

Así prosigue:

Un día en que el Rev. Thatcher com su esposa y el Sr. y la Sra.

Larkin se mantenían cerca del lecho de Mary Jane, que se hallaba

en estado sonámbulo y respondía a sus preguntas, el Reverendo

sacó el pañuelo del bolsillo para sonarse la nariz, pero una fuerza

desconocida le agarró las manos y el pañuelo desapareció

repentinamente.

De los que allí se encontraban ninguno había salido de su lugar

y la mirada del ministro se hallaba vuelta, en ese instante, hacia la

joven sonámbula, con lo cual no dejaría pasar desapercibido

ningún movimiento de ésta. En esas condiciones, el Rev. Thatcher

juzgó que ese incidente dependía, seguramente, de una causa

sobrenatural y que, si la causa pudiese ser verificada, de cierta

manera tendría importancia decisiva bajo el punto de vista de la

investigación de que estaba encargado. Propuso entonces al Dr.

Larkin retirarse ambos a otro aposento, dejando a las dos señoras

encargadas de buscar el pañuelo, examinando con atención a la

muchacha, su cama, sus ropas, en fin, todo el cuarto. La búsqueda

se llevó a cabo, con resultado negativo. Después de esto, las dos

señoras transportaron a la muchacha para otro cuarto, y los Sres.

Thatcher y Larkin iniciaron, por su cuenta, una segunda búsqueda

más minuciosa en el cuarto, después de haberlo cerrado con llave.

Cuando estuvieron bien seguros de que el pañuelo había

desaparecido por una causa sobrenatural, se reunieron todos

nuevamente en torno al lecho de la sonámbula que, en ese

momento, se hallaba bajo la acción del grumete. Éste expresó

ruidosamente su satisfacción por la confusión de todos, diciendo

que el pañuelo él lo había transportado a su tierra natal, Alemania.

El Dr. Larkin evocó entonces el espíritu de Katy, que venía

siempre a restablecer el orden en los apuros de las

manifestaciones. Katy se manifestó, pero cuando le preguntaron

por el pañuelo desaparecido, dijo no saber nada al respecto y que,

si deseasen recobrar el pañuelo, a título de complemento de

prueba, debían dirigirse directamente al espíritu que había

producido el fenómeno.

El Rev. Thatcher estaba muy interesado en el acontecimiento y

propuso seguir el consejo de Katy. Se evocó entonces nuevamente

al espíritu del grumete, que, después de haberse divertido a costa

del encargado de la investigación y de haberse hecho de rogar

mucho, prometió traer el pañuelo a la una y media de la mañana.

Por lo que se ve, la hora fijada por el grumete era incómoda para la

restitución del pañuelo desaparecido y bueno es recordar que,

cuando él prometía algo, cumplía escrupulosamente su palabra,

pero gustaba de fijar horas incómodas para los experimentadores,

alegrándose como un chiquillo que se burla del prójimo.

Desde el momento en que se hizo la promesa hasta la hora de

su cumplimiento, la muchacha no se volvió a dejar sola y, por un

exceso de precaución, la examinaron nuevamente, al igual que su

cama. En seguida, los experimentadores se sentaron alrededor de

la cama, despertándose alternativamente, durante las horas de

sueño.

Cerca de la una de la madrugada, el espíritu de Katy se

manifestó para prevenir de que todos debían permanecer

despiertos hasta que los espíritus cumpliesen la promesa de

restituir el pañuelo. Entonces las señoras hicieron a la sonámbula

sentarse en la cama y le extendieron los brazos y las manos sobre

las sábanas; a continuación le ligaron los brazos a las barras del

lecho con dos servilletas, a fin de inmovilizarlos. Todos

permanecieron de pie en torno a la sonámbula y el Rev. Thatcher

se mantuvo al lado de los pies de la misma, para observarla de

frente.

En determinado momento, él le dirigió una pregunta, y al

hacerlo, extendió la mano un poco abierta, en la cual le apareció el

pañuelo que le había sido arrebatado. Simultáneamente, se oyó la

voz del espíritu del grumete que, riendo ruidosamente, apostrofó al

Reverendo con las siguientes palabras: Le devuelvo ese harapo de

paño que le agrada tanto.

Esto fue cuestión de un segundo: un momento antes la mano

del Reverendo estaba vacía, un instante después tenía él su

pañuelo en la palma de la mano. Nadie lo había visto llegar, puesto

que se había materializado en la propia mano del Sr. Thatcher.

Éste extrajo el reloj del bolsillo y verificó la hora; era precisamente

la una y media de la mañana.

Algunos días más tarde, el Reverendo enviaba una circular a

todos los pastores protestantes del contorno, describiendo los

fenómenos a que había asistido y en ella expresaba,

solemnemente, la certidumbre de que tenían origen sobrenatural.

Declaraba él que el Dr. Larkin y familia no eran culpables de

fraude, embuste o connivencia alguna, y que los fenómenos que se

producían en su casa eran para una investigación científica seria y

profunda. Añadía que todo investigador tenía el deber de iniciarse

en las nuevas experiencias con un espíritu de gran serenidad,

despojándose de cualquier prevención y prejuicio, y pedía que se

reuniese, sin demora, una comisión de estudio entre los ministros

del culto.

Sabias palabras de un hombre consciente y valeroso, que no

se arredró de testimoniar el propio error, en homenaje a la Verdad;

pero aquellos a quienes se dirigió eran bastante diferentes. A los

ministros del culto no interesaba saber la verdad, pues su fin era el

de sofocar, en su nacimiento, la chocante novedad de orden

espiritual, lo cual exigía a todo trance la ruina del desdichado

médico, y lo consiguieron.

Pasando a considerar el transporte referido, observo que sería

difícil encontrar un caso que se haya producido con mayores

garantías de fiscalización.

Verdaderamente, este consiste en doble fenómeno de

transporte obtenido a plena luz y con la sonámbula sujeta por los

brazos a las barras de su propia cama.

¿Quién, entonces, depositó en la palma de la mano del

Reverendo Thatcher – que se encontraba junto a la cama – el

pañuelo transportado?

Noto que, en este caso, como en el precedente, nadie ha visto

la llegada del objeto transportado, lo cual demuestra que ha sido

materializado en la palma de la mano del encargado de la

investigación, al igual que en el caso del Dr. Billot, en que la planta

de Tomillo de Creta fue materializada en el regazo de la señora

consultante.

Tal prodigio, si bien inconcebible para nuestros conocimientos

científicos actuales, parecerá menos inverosímil cuando se

considera lo que escribí en mi obra titulada Pensamiento y

Voluntad, fuerzas plasmadoras y organizadoras, de la cual

sobresalen, apoyados en la base de los hechos, que el

pensamiento y la voluntad son también fuerzas creadoras del

espíritu encarnado.

Es un misterio formidable, pero una verdad hoy ya

incontestablemente demostrada, que no tardará en ser

científicamente confirmada, visto que hechos son hechos y acaban

siempre por triunfar frente al misoneísmo humano.

Caso XX – Me decido a citar también el famoso caso dúplice

de transporte de una mesita mediúmnica, sucedido con el prof.

Zollner, visto que el caso, aunque ocurrido en condiciones

probatorias inobjetables, pareció increíble en su época y no fue

tenido en cuenta como merecen ser siempre tales casos. Hoy, en

cambio, no se podría sostener lo mismo, por cuanto casos

análogos al aludido se han multiplicado por todas partes.

El prof. Zollner se refiere a él en los siguientes términos:

A las once y media horas aproximadamente, a plena luz solar

(día 6 de mayo de 1877), fui espectador de un fenómeno tan

extraordinario cuan inesperado.

Como de costumbre, yo me había sentado al lado de Slade, en

torno a una mesa de juego de 45 kilos de peso. Ante mí, junto a

dicha mesa, había una mesita de madera de abedul cuya altura era

de 77 cm y el diámetro del disco de 46. Pasado un minuto

aproximadamente, de habernos instalado en torno a la mesa

grande, con las manos en cadena sobre ella, vimos moverse, con

lenta oscilación, la mesita mediúmnica. Podíamos verla

perfectamente, pues su disco era más alto que el de la mesa

grande. Sus movimientos aumentaron rápidamente y luego se

acercó a la mesa grande e, inclinándose lentamente, se introdujo

debajo de ella, poniendo los tres pies en dirección a mí. Durante

otro minuto nada más ocurrió, porque Slade y yo no teníamos idea

alguna acerca del desarrollo del fenómeno, tanto es así que Slade



se disponía a tomar de una pizarra y un lápiz para preguntar a los

espíritus-guías si debía esperar otras manifestaciones, cuando tuve

la idea de mirar debajo de la mesa para observar con exactitud la

posición en que se hallaba la mesita mediúmnica. Con

indescriptible asombro de ambos, vi que bajo la mesa no había

nada: la mesita mediúmnica había desaparecido, no encontrándose

en lugar alguno del aposento, pese a haberla visto un minuto antes.

En espera de que retornase, Slade y yo nos sentamos

nuevamente en frente a la mesa grande, uno al lado del otro, del

mismo lado de la mesa y frente al mismo punto en que se hallaba

un momento antes la mesita mediúmnica.

Habíamos estado unos cinco o seis minutos en ansiosa espera

de lo que pudiese suceder, cuando repentinamente Slade anunció

percibir en lo alto unas luminosidades. Sin bien yo nunca había

logrado percibir nada en materia de luces, seguí con la mirada la

dirección señalada por Slade, mientras que nuestras manos

permanecían constantemente apoyadas sobre la mesa grande,

unidas en cadena.

Hago observar que, sin intención alguna por mi parte, sino a

causa de nuestra proximidad, estaba en contacto con el hombro

derecho de Slade. Éste miraba, más que nunca sorprendido, hacia

varios puntos del techo y, en esto, me preguntó otra vez si yo

percibía la gran luminosidad que invadía el ambiente. Respondí

negativamente, si bien estaba mirando siempre y me había dado la

vuelta para observar un punto en el techo detrás de nosotros,

cuando percibí, a cinco pies de altura, la mesita desaparecida, que

descendía rápidamente, con las patas hacia arriba, viniendo a caer

sobre la mesa grande. Instintivamente, tanto Slade como yo nos

alejamos, uno hacia la derecha y el otro hacia la izquierda, a fin de

evitar un posible golpe, pero no lo hicimos a tiempo y ambos fuimos

golpeados en la cabeza: yo muy fuertemente en una témpora, tanto

como para sentir, aún al cabo de cuatro horas, el dolor que me

ocasionó el porrazo.

Tal es la narración del prof. Zollner acerca del extraordinario

fenómeno que él mismo presenció.

Como muy bien observa el Sr. Masse, el carácter inesperado y

extraordinario del fenómeno es de naturaleza tal que no deja a los

escépticos otro recurso que la hipótesis de una alucinación

colectiva o un embuste. Y, efectivamente, el doble transporte de

una mesita, a plena luz del día, en un cuarto herméticamente

cerrado, en presencia de dos experimentadores que se mantienen

unidos por las manos, excluye absolutamente todas las variedades

de hipótesis de fraude. Y, además, si el fenómeno de transporte ya

se muestra inexplicable por la hipótesis en referencia, cómo

explicar el hecho de que la mesita bajase oblicuamente desde

arriba, a cinco pies de distancia de los experimentadores: ¿Quién,

pues, la arrojó desde lo alto, imprimiéndole una trayectoria que,

desde una esquina del techo, se dirigía hacia la mesa del centro?

¿Y dónde hubiera podido esconderse, antes, una mesita de 77

centímetros de alto?

Basta; parecería absurdo seguir discutiendo respecto de la

hipótesis de fraude, al igual que sería absurdo comentar la

hipótesis alucinatoria, visto que ambos experimentadores

resultaron contusionados, muy fuertemente, con la caída brusca de

la mesita mediúmnica, lo cual demuestra que cayó de lo alto algo

bastante pesado como para lastimar a los dos, aunque se hayan

apartado en el momento. No restará, por tanto, a los escépticos

sino el recurso de refugiarse en la mentira, pero no se han atrevido

a mencionarla y todos han preferido, como siempre, salir del apuro

ignorando el fenómeno. Entre las modalidades con que se produjo

este fenómeno destaca la circunstancia de que la mesita

mediúmnica, antes de ser transportada, fue colocada debajo de la

mesa grande; esto quiere decir que la personalidad espiritual

operante, antes de proceder a la desintegración molecular de la

mesita, trató de atenuar el obstáculo neutralizante de la luz del día,

aprovechando la sombra moderada de la mesa mayor y,

probablemente, trató también de evitar los efectos de la mirada

humana.

Otra circunstancia a destacar reside en el hecho de que, en el

momento en que se esperaba el retorno de la mesa menor, es

decir, la rematerialización de la misma, el médium Slade vio, en lo

alto, una intensa luminosidad difusa que, presumiblemente,

representaba el primer proceso de condensación de la materia

fluídica de que estaba constituida la mesita desintegrada.

Finalmente, con referencia al caso expuesto, resta aún

preguntarse si se ha verificado un fenómeno auténtico de

transporte doble de la mesita mediúmnica, o si por el contrario, ésta

fue desintegrada y reintegrada en el sitio, sin transportar la materia

a otro lugar, o sea, con la exclusión de la característica especial de

los verdaderos transportes que es el fenómeno del paso de la

materia a través de la materia; y todo concurre para hacer presumir

que esta segunda interpretación de los hechos sea la verdadera.

Casos XXI, XXII, XXIII – Relato ahora tres casos semejantes al

anterior por su aspecto, con la diferencia única de que estos son

auténticos fenómenos de transporte que se produjeron con el paso

de la materia a través de la materia.

Extraigo los episodios del libro del Rev. Charles titulado La

Supervivencia del Hombre Después de la Muerte, por mí antes

citado (caso VIII), en el cual narra las manifestaciones

mediúmnicas, en parte espontáneas, que se produjeron en su

propia vicaría, con el auxilio de la mediumnidad de su esposa. No

está de más añadir que el Reverendo no es tan solo un ilustre

ministro de la iglesia anglicana y teólogo eminente, sino además un

hombre de ciencia y astrónomo de renombre, miembro del Instituto

Real de Ciencias de Londres.

Este primer incidente se produjo en ausencia del Reverendo y

en presencia de una hija suya y de una sirvienta. Escribe él:

El día 11 de noviembre de 1913, mi hija Marjorie y una sirvienta

se encontraban en el comedor, debajo de la lámpara central,

cuando vieron salir, lentamente, del techo, un largo bastón de tres

pies, que cayó sobre la mesa sin dejar en el techo signo alguno de

su paso.

Este otro episodio sucedió en el cuarto de dormir del

Reverendo, estando presentes él y su esposa médium:

El 29 de enero de 1911, cuando en pleno día mi señora y yo

nos encontrábamos en el dormitorio, un pesado objeto de toilette

penetró en el cuarto a través del techo y bajó lentamente encima

de las almohadas.

No será inútil añadir que los objetos de que se trata quedaron

en sus lugares y al examinarlos fueron hallados reales,

sustanciales, objetivos.

Este tercer episodio, descrito con más amplios detalles, parece

por demás notabilísimo bajo sus múltiples aspectos. Escribe su

narrador:

A las 21 horas 20 minutos; mi madre tenía una pequeña herida

en el cuero cabelludo. En el comedor nos encontrábamos mi

esposa y mi progenitora, todos en apretado grupo, pues la tercera

estaba sentada en una butaca, mientras mi esposa le apartaba el

cabello con la mano a fin de examinar la herida y yo, junto a ella,

observaba. Se me ocurrió, no sé cómo, levantar los ojos y vi algo

saliente que parecía brotar de un punto en el techo, en el ángulo

del cuarto, cerca de la ventana, a cierta distancia de mi esposa –

que estaba de espaldas a aquel punto – como tres yardas y cuarto,

y cerca de cuatro yardas de mí, que me encontraba frente a ella. Y

he aquí que sale un objeto de aquella parte del techo, el cual vuela

a través del referido aposento, siempre junto al techo, toca en la

pared donde estaba arrimado el piano, cae encima de él haciendo

resonar sus cuerdas, y de ahí al suelo, donde rodó durante cierto

tiempo.

Me apresuré a recogerlo y verifiqué, con sorpresa, que se

trataba de un frasquito de ungüento para la cura de la herida,

frasquito ese que me madre tenía guardado bajo llave en su

armario. La intención del transporte era evidente: el ungüento había

sido transportado para que con él untasen la herida que mi madre

tenía en la cabeza.

He aquí los tres casos ocurridos a plena luz, en los cuales los

objetos transportados penetran en el aposento a través del techo y

lo hacen con modalidades que permiten una observación precisa

del hecho, visto que, en la primera vez, el objeto sale lentamente

del interior del techo, en la segunda vez desciende

despaciosamente sobre las almohadas y en la tercera, el

observador ve salir del techo algo prominente que pronto se

muestra como un objeto que cae encima del piano.

También a estos tres casos, como al de Zollner, son aplicables

las observaciones de Massey: Para los escépticos a todo trance,

no existen hipótesis con que explicarlos, exceptuada la presunción

de embuste y esta es una presunción más absurda e inverosímil

todavía que todas las demás hipótesis inaplicables al caso, tanto

más si se considera que el Reverendo, para las manifestaciones

más extraordinarias contenidas en su libro, tuvo el cuidado de

presentar las declaraciones juradas de todos sus familiares que las

presenciaron, inclusive las de los sirvientes. Se deberá, por tanto,

alejar la presunción de un embuste colectivo con base en perjurios.

Dejando de lado esta tan absurda como gratuita e injuriosa

hipótesis, observo que, en el transporte del frasquito de ungüento,

se debe tener en cuenta la circunstancia de que dicho frasco

estaba encerrado en un mueble de la madre del Reverendo,

presumiéndose, pues, un auténtico fenómeno de transporte del

objeto a través de la madera de ese mueble y esto combinado con



la intención de la personalidad mediúmnica operante, que

transportó el ungüento para que con él se untase la herida en la

cabeza de la progenitora del Reverendo.

Los lectores no iniciados en los misterios perturbadores de las

manifestaciones metapsíquicas, se asombrarán sobre todo con el

caso del bastón que apareció bajando del techo y con el del

frasquito que cayó con fuerza desde el mismo, pero ¿qué hacer?

Los hechos son los hechos y nuestros asombros, por más

justificados que estén, no harán que los hechos dejen de ser

hechos.

Por más que se quiera procurar comprender hasta donde sea

posible y, basándose en cuanto se puede conocer al respecto, se

deberá presumir que, en las circunstancias expuestas, se verificó

una de las siguientes eventualidades fenoménicas: o bien la

personalidad mediúmnica operante, por un acto de la voluntad,

desintegró dos lugares del techo para dar paso al bastón y al

frasquito, o entonces desmaterializó los objetos transportados de

modo a dejar filtrar su materia, reducida al estado fluídico, a través

de los innumerables intersticios atómicos de la materia del enlucido

para reintegrarla instantáneamente, a medida que iban saliendo del

techo, por lo cual, tanto en uno como en otro caso, los

espectadores tuvieron la impresión de que los objetos fuesen, por

decirlo así, impelidos a viva fuerza a través del techo, trabajo que,

naturalmente, sería imposible hacer sin dejar en el enlucido

ninguna traza de su paso.

Caso XXIV – Recojo también un episodio en el libro del Rev.

Tweedale, ya que se trata de una obra muy seria y bastante

importante. Escribe él:

El día 28 de noviembre de 1910, hacia el mediodía,

desapareció imprevista y misteriosamente del bolso de mi madre

un manojo de llaves; no obstante nuestras diligentes búsquedas,

no lo encontramos en parte alguna.

Sobre las seis de la tarde, estábamos mi esposa, mi madre y

yo, reunidos alrededor del hogar de leña en el comedor, no

habiendo otras personas en el aposento, que estaba bien

iluminado. Mi madre estaba sentada en medio, mi mujer de pie a su

izquierda, y yo me encontraba también de pie, a la derecha de mi

madre y frente a mi esposa. Hablábamos acerca de la misteriosa

desaparición del manojo de llaves.

Inesperadamente percibí que, desde el ángulo del techo

opuesto a la puerta, es decir, en el lado del cuarto donde no había

puerta, ni ventana, ni agujeros en la pared, bajaba oblicua y

velozmente algo brillante en dirección a mi mujer y la golpeaba en

la nuca con gran ímpetu, para rebotar hacia atrás y caer a una

distancia de casi tres yardas y media del punto en que ella se

hallaba. Mi mujer profirió un grito agudísimo, causado por el

garrotazo y por la sorpresa, pero sin sentir dolor alguno a causa de

la gran cantidad de cabello allí enrollado. Traté de recoger

enseguida el objeto llegado de esa forma y, con gran asombro

nuestro, verificamos tratarse del manojo de llaves desaparecido del

bolso de mi madre seis horas antes, sobre el cual hablábamos en

el momento justo en que fue proyectado desde el techo.

Declaro, con referencia a las llaves lanzadas sobre mi esposa

desde un rincón de un aposento en que no había nadie, que estoy

tan seguro de ello como de cualquier otro punto importante de mi

vida y que estoy dispuesto a jurarlo ante cualquier notario. (Ídem,

págs. 467/Fresco.

Así, en este caso como en la mesita del prof. Zollner, se repite

la circunstancia probatoria de que el objeto transportado fue visto

descender oblicua y velozmente desde lo alto de la esquina de un

aposento donde no había persona alguna, lo cual sirve para excluir

cualquier posibilidad de práctica fraudulenta.

En el caso a examen, es evidente la intención con que fue

producido el fenómeno, sobre todo porque se verificó en el preciso

momento en que hablábamos sobre la misteriosa desaparición de

aquel mismo manojo de llaves transportado; después, porque fue

arrojado con fuerza encima de la médium, pero justamente contra

la parte de la nuca en que un moño en el cabello impedía que le

fuese causado cualquier mal.

En cuanto al fenómeno inicial del transporte del mazo de llaves

del bolso en que se hallaba, es posible considerarlo como de

origen no supra normal, por cuanto el mazo podía haberse

extraviado naturalmente, sin cualquier intervención; pero el otro

caso, es decir, el del transporte de las llaves desaparecidas,

demuestra que el primer fenómeno se liga al segundo, de modo

que debe ser también considerado de orden supra normal.

Resta por responder la siguiente pregunta: ¿dónde se hallaba

el mazo de llaves o la materia de las llaves, reducida a estado

fluídico, durante las horas transcurridas entre el fenómeno de

asport y el de apport? En los comentarios al caso X se encuentra

bien desarrollada la declaración del médium y de los

experimentadores, que vieron muchas veces la sombra de los

objetos transportados antes de que éstos apareciesen

materialmente en el aposento, mientras que algunas

personalidades mediúmnicas, entre las cuales Walter, guía de la

señora D’Espèrance, afirmó en varias ocasiones que la materia

fluídica del objeto transportado quedaba provisionalmente

acumulada en el ambiente en que éste debería ser materializado.

Considerando tales aclaraciones, se debe inferir, muy

presumiblemente, que la materia fluídica de que estaba compuesto

el mazo de llaves debía encontrarse en el ambiente en que fue

materializado y, si así fuese, entonces el caso es igual al de la

mesita de Zollner, además por el hecho de no tratarse de un

fenómeno de transporte propiamente dicho (por cuanto ha faltado

la circunstancia fundamental del paso de la materia a través de la

materia), sino de un fenómeno de desintegración y reintegración

instantánea de un objeto en el lugar, lo cual no deja de demostrar

su importancia teórica.
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FENÓMENOS OBTENIDOS A PLENA LUZ CASO XXV
Mensaje Publicado: Jue, 12 Ago 2010 12:23 pm    Asunto: FENÓMENOS OBTENIDOS A PLENA LUZ CASO XXV Responder citando
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FENÓMENOS OBTENIDOS A PLENA LUZ CASO XXV



Caso XXV – Lo extraigo de los Anales des Sciences

Psychiques (1911, págs. 119/124). Se trata de un caso de

poltergeist, es decir, de manifestaciones físicas espontáneas de

embrujamiento, que se produjeron durante algunas semanas en

presencia de un muchachito de 14 años, manifestaciones en que

se verificaron frecuentemente casos de asport, con restitución de

los objetos en el espacio de algunos días.

El caso fue rigurosamente investigado por el conocido

magnetizador y ocultista Hector Durville que mantuvo al médium en

su residencia durante todo el tiempo en que duró su transitoria

facultad mediúmnica.

Escribe Durville:

El médium inconsciente, en torno al cual se produjeron tales

fenómenos, es un muchachito de nombre Raymond Charrier,

nacido el 20 de julio de 1897 en París…

Viernes, 23 de diciembre de 1910, encontrándose él en la

escuela, se arrojaron piedrecitas y habichuelas contra la puerta del

aposento en que se hallaba. A partir de tal día los fenómenos se

volvieron frecuentes e inquietantes. Un vaso se elevó en el aire y,

cayendo al suelo, se partió en pedazos. Los cubiertos cambiaban

de lugar en la mesa puesta: cuchillos, tenedores y cucharas eran

proyectados desde todas partes por manos invisibles. Objetos de

toda especie desaparecían de casa para caer de lo alto algunos

días más tarde.

Útiles de trabajo eran arrojados sobre el muchachito, que

recibía, además de eso, puñetazos formidables, era sacudido y

maltratado, siendo cierta vez arrancado violentamente de la cama.

Otra vez, yendo para la escuela, le desaparecieron los zapatos, los

zuecos, la chaqueta y el abrigo, solo quedándole los calcetines, los

pantalones y la camisa. El domingo le fue devuelta la chaqueta,

algunos días más tarde le fue restituido el abrigo y a continuación

también los zapatos, pero los zuecos todavía no habían vuelto

cuando, ocho días más tarde, el muchachito dejó la región de Saint

Sauveur.

El padre hizo que Raymond fuese visitado por el doctor

Berillon, que se contentó con manifestar que él no creía

absolutamente en los fenómenos de que se le hablaba. Entonces el

padre acudió a mí, y yo decidí traer a Raymond a mi casa a fin de

no perderlo de vista un solo momento. El sábado 28 de enero partí

con el jovencito para Montmorency, localidad en que yo poseía una

pequeña residencia y ello con el propósito de observar, en la más

completa tranquilidad, los fenómenos que podían producirse…

Coloqué una cama para él en mi propio cuarto, para fiscalizarlo

mejor.

A partir de tal momento yo garantizo la autenticidad de los

fenómenos que me dispongo a exponer, fenómenos

extraordinarios, inverosímiles, inadmisibles en el sentido actual de

nuestros conocimientos científicos…

En este punto el Sr. Durville relata una larga serie de las

habituales manifestaciones de poltergeist: golpes fortísimos por

todas partes, transportes y rotura de vajillas, colchones

violentamente arrancados de las camas, cenizas de fogón

esparcidas abundantemente sobre personas y muebles. Todo ello

a plena luz del día, o bien iluminado por lámparas eléctricas que se

encendían y apagaban por sí solas. Añádanse las violencias

personales contra el médium, alcanzado por puñetazos misteriosos

y formidables, mientras Durville lo sujeta por las manos y siente el

rimbombar de los golpes en la espalda del aterrorizado muchachito

que llega a doblarse con el impacto de un único porrazo. Me limito

a narrar algunos de los fenómenos de asport que Durville tuvo

ocasión de presenciar:

Lunes, 30 de enero – Entre aquella granizada de pequeños

objetos que caían de todas partes: terrones de azúcar, castañas,

patatas, etc. – acabamos por sentirnos cansados y, en cuanto

tuvimos una pequeña tregua, el muchachito y yo decidimos salir.

Calzo los zapatos y Raymond se dispone a hacer lo mismo. Toma

sus propios zapatos, los coloca al lado de la cama y después

extiende la mano para recoger uno de ellos: ambos zapatos habían

desaparecido. Teniendo, aún así, deseo de salir, digo a Raymond

que me espere en su lugar, y llevo de vuelta mis zapatos, que

coloco al lado de la silla en que se encuentra Raymond sentado. Él

extiende la mano para recogerlos: sólo estaba uno de ellos.

Observo espantado, en silencio. En ese momento, Raymond se

levanta. Cuando miro nuevamente para el lugar, verifico que

también el otro zapato desapareció. Registro todos los rincones del

cuarto, busco por arriba, inspecciono la cocina, el gabinete, los

otros dos cuartos, pero los zapatos desaparecidos no se

encuentran en parte alguna. Mientras tanto el bombardeo continúa

y yo quiero salir, de cualquier modo. Raymond calza los zuecos

que le habían quedado, pone el capote y recoge el bonete.

Extiendo la mano para recoger el sombrero y el bastón que yo

había colocado en el perchero cerca de la ventana: ¡el sombrero y

el bastón se habían esfumado! Confieso sinceramente que,

después de haber durante tanto tiempo deseado presenciar

manifestaciones de esa especie, yo, fuerte, sano, robusto,

equilibrado en lo físico y lo moral, y que nunca temblé frente al

peligro, confieso francamente que me siento tomado por un

desasosiego penoso. Experimento la impresión de constricción

angustiosa en la región epigástrica como la que sigue a una

violenta conmoción: siento que el miedo se apodera de mí… Presa

de fuerte emoción, llamo a Raymond y salimos inmediatamente…

Sábado, 4 de febrero – a las 7:30 de la mañana suenan golpes

en la cama de Raymond y después en la pared por detrás de él. A

las 7:45 algunos folletos, puestos en el pequeño estante, son

lanzados contra la ventana, pasando por encima de mi lecho. Con

el ruido que hacen en el aire, Raymond despierta… Algunos

minutos más tarde mi atención se ve atraída nuevamente hacia la

ventana y veo a uno de mis zapatos, desaparecido el viernes, caer

lentamente a lo largo de la ventana y depositarse en el suelo.

Almorzamos a escape, mientras desde todas partes caían

objetos en el cuarto. Nos vestimos para salir. Raymond ya está listo

y yo le mando ir delante. Cuando iba por el pasillo, mi bastón,

desaparecido hace días con el sombrero, cae por detrás de él,

produciendo un ruido igual al de la caída de un grueso leño que se

hubiese despeñado desde cuatro metros de altura.

Raymond ya salió y yo vuelvo sobre mis pasos a fin de recoger

el sombrero encima de la mesa. Cuando me hallo a un metro de la

puerta del cuarto, veo el colchón levantarse, dar la vuelta y caer al

suelo juntamente con el sombrero. Lo pongo en su lugar, recojo el

sombrero, no me cuido de cepillarlo, lo pongo en la cabeza, tomo el

bastón y abandono más que deprisa la casa embrujada.

Domingo, 12 de febrero – Estos tres fenómenos se produjeron

uno tras otro, en 8 o 10 minutos (colchones atados fuertemente con

cuerdas, que se soltaron e igualmente cayeron al suelo). Digo a

Raymond que se levante rápido. Almorzamos con gran prisa y en

condiciones no agradables, ya que un bombardeo formidable surge

de todas partes: son folletos, son libros, son utensilios de cocina y

objetos de toda especie que vienen proyectados desde todas las

direcciones.

Los fenómenos se suceden con tal rapidez que me es

absolutamente imposible tomar nota de ellos.

Pongo de relieve tan solo lo siguiente: Raymond toma las

chaquetas y yo le pido que lo haga rápido, puesto que deseo huir

de esa cosa terrorífica. Cuando él da el primer paso, extiendo la

mano para recoger el sombrero y el bastón colgados del perchero

cerca de la ventana y oigo a Raymond exclamar: ¡Sujétalo que

sube! ¡Oh, sube, sube!, señalando mi sombrero que,

verdaderamente, desaparece a pocos centímetros de mi mano. Y

ya no lo vemos en parte alguna. Digo a Raymond que salgamos

deprisa. Él sale y, cuando se encuentra en el pasillo, mi bastón,

que yo había dejado colgado del perchero, es violentamente

proyectado en su dirección y cae detrás de él, con enorme ruido.

Cierro la puerta y bajo precipitadamente. Raymond está

esperándome. Partimos inmediatamente para París.

Al domingo siguiente, el sombrero desaparecido ante mis ojos,

fue devuelto por mi hijo Andrés, que lo encontró sobre una pila de

periódicos en el estante del comedor…

He aquí una muestra de las manifestaciones de embrujamiento

observadas por Hector Duville en su propia casa, casi siempre con

el muchachito médium. No será inútil poner de manifiesto que,

entre las citadas manifestaciones, hay un buen número de ellas

que excluyen, de modo absoluto, cualquier forma de prácticas

fraudulentas. Pensemos en los golpes dados en las paredes

cuando Raymond se hallaba durmiendo en la cama, vigilado por el

narrador. Pensemos que, en las mismas circunstancias, algunos

folletos, colocados en el pequeño estante, fueron arrojados contra

la ventana, pasando por encima de la cama en que se hallaba el

relator y que, tan solo con el ruido de la caída llega el médium a

despertar de su sueño. Recordemos que, algunos momentos

después, en idénticas condiciones, el narrador ve uno de sus

propios zapatos aparecer después de algunos días, bajar

lentamente a lo largo de la ventana y depositarse en el suelo.

Recordemos, finalmente, el colchón levantándose por sí solo y

resbalando para el suelo en presencia del relator y en ausencia del

médium, que se hallaba fuera. Y me parece que basta.

En las consideraciones que Durville hace seguir a su relato,

resalto dos observaciones perfectamente concordantes con otras

formuladas, en todos los tiempos, por numerosos observadores de

los fenómenos en cuestión, una de las cuales se refiere a la

circunstancia de que nunca ellos llegaron a sorprender un

fenómeno en el momento preciso en que comenzaba y la otra de

que muchas veces el ruido que producían los objetos cayendo era

muchísimo mayor o inferior al que debían producir normalmente.

A propósito de la primera observación, escribe él en estos

términos:

Nunca he visto un fenómeno desarrollarse por entero ante mis

ojos. Las lámparas eléctricas se encendían continuamente por sí

solas, circunstancia en que los conmutadores giraban

regularmente.

Mientras tal suerte de manifestaciones se producía en

sucesión, yo miraba, con insistente atención, para el conmutador

que entonces no giraba y la lámpara no se encendía; sin embargo,

si yo me distraía por un instante sin mirar, el conmutador

súbitamente giraba y se encendía la lámpara. Siendo así, nunca he

visto un objeto elevarse en el aire desde el lugar en que me

hallaba. Lo veía solamente caer y todo a más de metro y medio del

lugar donde se desplomaba.

A tales observaciones del narrador se puede añadir la

circunstancia de los calzados y sombreros que desaparecían

siempre cuando los espectadores distraían por un momento su

atención.

En mi volumen sobre los Fenómenos y Manifestaciones

registré diversas observaciones semejantes. Por ejemplo ésta, que

extraigo del caso XXIII. El relator del acontecimiento así escribe al

Sr. Myers:

Nadie ha visto nunca un proyectil en el momento en que partía

ni pudo percibir si había recorrido primeramente al menos quince

centímetros desde el punto inicial, lo cual lleva a considerar otro de

los lados del misterio y es que los proyectiles solo se movían

cuando nadie los miraba y cuando no se esperaba por ellos… A

veces uno de nosotros vigilaba atentamente un trozo de madera

durante unos buenos minutos y éste no se movía, pero si el

observador se distraía por un momento, ese trozo saltaba sobre

nosotros… Nunca hemos podido verificar si los trozos de madera

empezaban su vuelo de modo visible o si por el contrario,

aprovechaban un segundo de distracción por nuestra parte.

Noto que observaciones análogas ya se han hecho desde los

principios de las investigaciones metapsíquicas. En los famosos

relatos del Sr. F. Livermore sobre sus propias experiencias, en que

se materializaba su esposa Estela (1860-1865), resalto lo siguiente,

relativo a un episodio en que la mano materializada de Estela

escribió, a plena luz, un largo mensaje:

Se procuró no observar con mucha insistencia el fenómeno y sí

durante breves instantes y ello para no perturbar con nuestras

miradas la fuerza en acción. Como el fenómeno duró casi una hora,

tal circunstancia no impidió nuestras observaciones.

De ello queda claro por qué las personalidades mediúmnicas

operantes son llevadas a producir los fenómenos en el momento en

que la mirada humana se distrae también por un mínimo tiempo.

Ya se sabía que la mirada humana irradia una fuerza, por lo que se

debe inferir que tal fuerza actúa en contraste con la otra fuerza

exteriorizada en las manifestaciones a examen, inferencia que

hodiernamente no debe asombrar a nadie después del

descubrimiento de la telegrafía sin hilo y de la radio, que tanto

enseñaron al hombre sobre el universo inexplorado de las

radiaciones eléctricas, magnéticas, psíquicas, que, en todas partes,

señalaron nuestra ignorancia, pero que hoy han llegado ya a ser

apreciadas, sirviéndonos de ellas para nuestros fines. Del mismo

modo el hecho notable de una voluntad operante que llega a

marcar, con tan infalible exactitud, el instante fugacísimo en que la

mirada humana se distrae de un determinado objeto, nos deja en

verdad estupefactos, y nos lleva a preguntar de qué naturaleza

puede ser la voluntad que así se comporta: ¿extrínseca o

subconsciente? La hipótesis espírita no tiene necesidad de los

fenómenos de poltergeist para ser confirmada, pero, de cualquier

modo, las observaciones expuestas aconsejan no apresurarse a

generalizar, ni siquiera en materia de fenómenos de poltergeist.

A propósito de la otra observación acerca de los objetos que

caían produciendo un rumor enormemente mayor o extrañamente

inferior al que deberían producir normalmente, Durville se expresa

en los siguientes términos:

Cuando algunos objetos caían, producían un ruido formidable.

Dos libritos se desplomaron encima de mi cama y mi bastón cayó

por detrás de mí ocasionando estruendos completamente

espantosos. Por el contrario, algunos objetos bastante pesados,

como por ejemplo, uno de los desaparecidos zapatos de Raymond,

cuando cayó de lo alto, junto a la cabecera de mi cama, no produjo

más ruido del que hubiera podido hacer un bastón.

Nótese que, en mi libro al respecto (Fenómenos de

Embrujamiento), uno de los narradores de las manifestaciones de

poltergeist (caso XXVI) observa:

Poco tiempo después, objetos que había en el cuarto, incluso

las chinelas y las pantuflas, se pusieron a volar en todas las

direcciones, batiéndose contra el techo y las paredes, algunas

veces silbando en el aire, pero lo más extraño es esto, que cuando

ellos caían sobre la gruesa alfombra extendida en el suelo,

producían un ruido que no estaba en relación con la causa, y así,

un trozo de guata, retirado de la cama, cayó produciendo un

choque semejante al de un cuerpo sólido muy pesado, y al revés,

un pesado cuerpo sólido cayó sin ruido…

Las concordancias de tal naturaleza, referentes a

circunstancias de manifestaciones tan contrarias a la normalidad,

concurren admirablemente para demostrar la autenticidad supra

normal de los fenómenos de que se trata, lo cual no se muestra

superfluo.

En cuanto a la interpretación del extraño fenómeno, la empresa

no es fácil. Todo cuanto se puede destacar a propósito, es esto:

que del fenómeno, que es contrario a las leyes de la acústica

combinadas con las leyes de la gravedad, se debe discernir una

manifestación intencionalmente deseada por la personalidad

mediúmnica operante, tal vez incluso para demostrar a los vivos,

de forma incontestable, la naturaleza supra normal de los

fenómenos que producían.

La naturaleza teóricamente interesante de la modalidad con

que se producen los fenómenos de poltergeist aquí considerados,

me hace casi olvidar que yo los citaba a causa de los episodios de

poltergeist que contenían. De cualquier forma, las consideraciones

expuestas se refieren tanto a los fenómenos de poltergeist en

general como a los fenómenos de asport realizados en las

circunstancias expuestas, los cuales no fueron vistos en el

momento en que se producían y cuando los objetos transportados

eran restituidos, cayendo de lo alto y produciendo ruidos que no se

correspondían con la causa.
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Caso XXVI
Mensaje Publicado: Vie, 13 Ago 2010 1:21 pm    Asunto: Caso XXVI Responder citando
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Caso XXVI – No puedo dejar d

interesantes aunque desordenados fenómenos de transporte

obtenidos, contra su propia voluntad, por el prof. Ochorowicz,

durante sus experiencias con la médium Stanislas Tomczyk. Digo

contra su propia voluntad, porque es sabido que el citado profesor

se hallaba de tal modo absorbido en el estudio de los entonces

llamados rayos rígidos o filamentos fluídicos que se producían con

la médium, en correspondencia con movimientos de objetos sin

contacto, que se puso tenaz y firmemente a investigarlos y no quiso

ocuparse de manifestaciones de orden superior.

La consecuencia fue que, con excepción de tres únicos

episodios, los fenómenos de transporte obtenidos por él, a su

pesar, no presentan gran valor probatorio y esto debido a que, visto

que él no los deseaba, necesariamente debían darse en desorden

y por sorpresa, y asimismo, aunque se hubiesen producido casi

siempre a plena o a media luz, el elemento sorpresa les restaba

toda importancia científica. De todos modos, son auténticos y solo

debemos lamentar la obstinación del prof. Ochorowicz en

repudiarlos.

Hago notar que también declaraba haber obtenido fenómenos

de desintegración y reintegración de la materia, reservándose

hablar de ellos oportunamente, pero en ese intermedio él falleció y,

en consecuencia, se perdió preciosa oportunidad para una

investigación rigurosamente científica de los fenómenos en

cuestión.

A fecha de 11 de enero de 1909 escribe él:

La Srta. Stanislas regresó fuerte y bien dispuesta, después de

una breve estancia en el campo y sus disposiciones parecen

excelentes. Me propongo medir su potencialidad con el

dinamómetro; sin embargo, antes de que ella subiese al cuarto del

primer piso y encontrándose todavía en el aposento de la planta

baja, un trozo de madera se precipita por las escaleras, fenómeno

inútil y fatigante, a consecuencia del cual el dinamómetro solo

marca una fuerza muscular de 20 y 20.

Además, ella acusa un poco de dolor en la frente y su

sensibilidad está desviada hacia la izquierda. La pequeña Stasia,

es decir, la personalidad mediúmnica operante, como si quisiera

resarcirse del tiempo perdido, produce un fenómeno tras otro, pero

en forma caótica, y se muestra más indomable que nunca. Varios

objetos son transportados desde una habitación de la planta baja;

un puñado de nieve cae sobre la mesa, un sonido metálico se

produce en mi bolsillo; un pedazo de carbón, proveniente de una

estufa a tres metros de distancia, nos es arrojado encima; un reloj

grande, suspendido en la pared, se abre y cierra por sí solo; un

timbre eléctrico se pone en marcha. Ya se comprende que la

médium fue minuciosamente examinada por mí, luego del primer

transporte, no obstante la mayor parte de los fenómenos se produjo

de improviso, y en consecuencia, a pesar de encontrarnos a plena

luz, no podemos considerarlos detenidamente controlados.

17 de enero de 1909 – Después del almuerzo se produjo un

fenómeno inesperado y fue el transporte de un cenicero de madera

que se hallaba en mi cuarto del primer piso y que llegó en el

momento exacto en que yo iba a encender un cigarrillo. La

producción del fenómeno determinó la auto-hipnosis de la médium

que, al principio, pareció más penosa, pero después ella se

calmó… De él me aproveché para iniciar mis experiencias (Ídem,

pág. 67).

19 de enero de 1909 (A la luz del día) – Se empieza con el

transporte de un manubrio de gimnasia, con un peso de dos libras,

desde una distancia de tres metros, lo cual no fatigó a la médium. A

continuación, por encargo, es transportado un puñado de nieve,

desde fuera de la casa, a través de puertas y ventanas bien

cerradas. Todo esto lo voy consignando de paso, pues el fenómeno



capital que me propongo investigar es el del movimiento a distancia

de un mecanismo desconocido por la médium.

28 de septiembre de 1912 – Stasia perturba mis experiencias,

pero eso se debe al hecho de que, sintiéndose incapaz de producir

los fenómenos que le pido y no pudiendo expresarse con palabras,

trata de compensarme de cualquier forma y fue así como

transportó mi sombrero, colocándolo en mi cabeza (Ídem, pág.

208/9).

Cuando la pequeña Stasia pudo comunicarse por medio de la

escritura automática, el prof. Ochorowicz le preguntó:

-¿Cómo has hecho para transportar mi sombrero a través de

dos puertas cerradas?

-Stasia: Lo reduje primero a estado fluídico. Pienso que mis

juegos no os enojan. –No, pero para otra vez trata de proceder con

cordura, pues cansas inútilmente a la médium, produciendo

fenómenos sin un control suficiente.

3 de agosto de 1912 – Cosa extraña: Durante estos dos

meses, caracterizados por un agotamiento general de la médium,

algunas experiencias, de entre las más difíciles, dieron óptimos

resultados y ello por haber seguido las instrucciones impartidas por

el duplo (es decir, por Stasia). Me refiero a los interesantes

fenómenos de desintegración y reintegración de la materia.

Para ser breve, no citaré otros casos. Entre los fenómenos

enumerados algunos hay muy importantes también desde el punto

de vista probatorio: el primero es el transporte de un cenicero

desde el cuarto del profesor en el preciso momento en que éste se

disponía a encender un cigarrillo, lo cual sirve para demostrar con

qué instantaneidad se producen esas manifestaciones, por cuanto

presuponen un fenómeno de desintegración y reintegración de la

materia que constituye el objeto transportado; el segundo es el

transporte del sombrero del profesor, siempre a través de puertas

bien cerradas; el tercero, más importante que los otros, es el

transporte, por encargo, de un puñado de nieve, desde fuera de la

casa.

Observo que esos tres magníficos transportes bastan para

demostrar a qué interesantes resultados científicos se hubiera

podido llegar si la gran capacidad investigadora del prof.

Ochorowicz se hubiese orientado en el sentido de los transportes y

no de los fenómenos, mucho menos importantes, de los

movimientos de objetos sin contacto.



Noto, a propósito, que el profesor decía siempre a la

personalidad mediúmnica operante que él no sabía qué pensar de

los fenómenos desordenados de transportes que ella producía y,

haciendo así, tenía aparentemente razón, si bien solo

aparentemente, pues, en realidad, si los fenómenos de esa

naturaleza se producían de forma desordenada, la culpa era

ciertamente de él, por cuanto pedía a la personalidad mediúmnica

manifestaciones inferiores que ella producía con dificultad, y por el

contrario, dejaba de secundarla en un orden de manifestaciones

que ella misma era apta para producir.

Nadie puede negar que un experimentador que se proponga

obtener la máxima producción fenoménica de su médium, está en

la obligación de secundar la voluntad de la entidad mediúmnica

operante, visto que solo ésta puede saber de qué fluidos dispone y,

por consiguiente, qué categoría de fenómenos puede producir. Por

el contrario, el prof. Ochorowicz exigía de Stasia la producción de

fenómenos que ella difícilmente conseguía producir, y además eran

mucho menos importantes que los otros que la misma entidad

lograba producir con facilidad.

Resultó de ahí que la pequeña Stasia, a fin de servirse de los

fluidos de que disponía, se halló en la contingencia de producir

fenómenos de transporte fuera del programa, es decir, inesperados

y en desorden.

Repito que si esto sucedía era por culpa del profesor y no de la

personalidad mediúmnica, lo cual ha quedado después confirmado

por otro pasaje de su narración, donde él observa que, a pesar del

agotamiento general que desde hacía dos meses padecía la

médium, había obtenido fenómenos de entre los más difíciles, de

desintegración y reintegración de la materia y esto por haber

secundado las instrucciones impartidas por el duplo (es decir, por

Stasia).

No se podría desear prueba más elocuente de demostración y,

si él hubiese seguido siempre las instrucciones del duplo, en lugar

de contrariarlas sistemáticamente, hubiera obtenido lo máximo de

lo que podría producir su médium, en vez de reducirse a obtener lo

mínimo. Si así hubiese actuado, su rara pericia en la disposición de

las experiencias combinada con su gran autoridad científica,

hubiera aportado una contribución preciosa de cogniciones

esclarecedoras al servicio de esta rama de las pesquisas de la

Metapsíquica.

Caso XXVII – Paso a referir una serie de episodios análogos al

ocurrido con la sonámbula del Dr. Larkin (caso XIX) en el cual el

transporte se concretizó, a plena luz y a la vista de todos, en la

palma de la mano de un espectador. En los casos que siguen, por

el contrario, los transportes se concretizaron en la palma de la

mano de los médiums o encima de la mesita mediúmnica y en

algunos de ellos se llegó a observar la fase de la condensación

fluídica bajo la forma de una densa nebulosa.

Se trata de las notables experiencias de los doctores Dusart y

Broquet, con la señorita Marie M., prima del doctor Broquet, a quien

éste trataba de violentos accesos de crisis histéricas, que se

calmaron como por encanto cuando el doctor Broquet tuvo la idea

de asegurarse de si en la enferma había indicios de facultades

supra normales, y acabó por descubrir en ella una médium

notabilísima, con la cual obtuvieron manifestaciones físicas e

inteligentes de toda especie; con todo su mediumnidad no tardó en

dar señales de agotamiento y después de dos años desapareció

completamente.

Entre los fenómenos físicos obtenidos con ella se incluyen

transportes variadísimos que el doctor Dusart resume en estos

términos en su relación enviada a dicho Congreso:

Estando presente Marie se produjeron en gran número los

transportes y muchas veces en las más deseables condiciones de

control. Durante nuestras experiencias, ella se colocó entre el

doctor Broquet y yo, frente a dos ventanas que iluminaban el local.

Se hallaba, por tanto, situada a plena luz del día y tenía las palmas

de las manos puestas sobre la mesa. Con un movimiento rápido,

levantaba automáticamente una de ellas y la colocaba cerca del

hombro con la palma de la mano dirigida hacia lo alto. Por nuestra

parte, seguíamos atentamente tal movimiento y a continuación

veíamos depositársele en la mano, en el extremo, en el borde o en

su concavidad, pequeños objetos de naturaleza variadísima:

terrones de azúcar, balas de plomo, cajitas, etc. Simultáneamente

María tuerce la cabeza hacia atrás bajo la influencia de un trance

fugacísimo que duraba tan solo el tiempo necesario para los

transportes. Otras veces eran transportadas bolitas de madera de

cinco centímetros de diámetro, de las que se emplean para el juego

de Crosse muy difundido en todo el norte de Francia. Parecían

pasar a través del techo, caían en sentido oblicuo y venían del

espacio directamente a la médium. Se precipitaban sobre la mesa

o en torno a nosotros, sin que las manos de la médium, abiertas

sobre la mesa, hiciesen el menor movimiento. Las hemos visto

también arrojadas por delante y por detrás de ella, en el momento

en que llevaba a la boca una tajada de fruta, también cuando sus

manos estaban ocupadas en un trabajo de cocina y finalmente

cuando llevaba en la mano derecha un objeto y daba la izquierda a

una niña. Hemos visto caer hasta catorce de ellas en el espacio de

tres horas. En las experiencias de la noche, Marie extendía las

manos abiertas algunos centímetros por debajo del candelabro

encendido o de la lámpara eléctrica y, en la concavidad de sus

manos, veíamos caer cuescos u otros objetos pequeños, así como

ramitos de flores. Cierta noche, Marie, sintiéndose muy cansada,

se tumbó vestida en la cama. A su alrededor se hallaban su padre,

el doctor Broquet y una amiga de la familia. Inesperadamente ella

cayó en trance, levantó los brazos verticalmente por encima de la

cabeza, con las palmas de las manos abiertas, viniendo a

depositarse en ellas sucesivamente un utensilio de jardín, un fajo

de cartas, un peso de madera de un metro de largo, diversos

objetos de ropas, en suma, en total doce objetos diversos. Mal se

retiraba uno, aparecía otro.

En otra circunstancia en que Marie cayó en trance en la casa

del doctor Broquet en Valenciennes, se manifestó la personalidad

mediúmnica Aline, que dijo ver a la madre de Marie, a trece

kilómetros de distancia, la cual, en aquel momento, había recogido

un ramillete de violetas gruesas. Anunció que iba a escamotear el

ramo a la madre de ella, para traerlo a Valenciennes, lo que llevó a

cabo en el mismo momento.

El domingo, el doctor Broquet preguntó a la madre de Marie y

supo que ella había recogido el tal ramillete y que los chiquillos del

vecindario se lo habían hurtado, aprovechándose de su breve

ausencia de casa, pues ya no lo halló en la mesa donde lo había

colocado…

Así escribe el doctor Dusart y es caso patente para llegar a la

conclusión de que, en las condiciones en que se produjeron los

transportes, se debe excluir, de modo absoluto, toda posibilidad de

prácticas fraudulentas, considerándose, sobre todo, la

circunstancia de que muchas veces los transportes no eran únicos,

sino que se sucedían uno tras otro, sin solución de continuidad,

circunstancia que vale para eliminar el elemento de la sorpresa,

visto que, durante un período de muchos minutos, los

experimentadores tuvieron ocasión propicia para vigilar, a plena

luz, las manos, los pies y el cuerpo de la médium.

Establecido esto, resalta una modalidad, en la realización de

los fenómenos, que parece bastante inexplicable y es la de que los

experimentadores veían los objetos depositarse en la concavidad

de la mano de la médium sin observar, en la menor ocasión, la fase

de condensación fluídica. Parecería, por el contrario, que la

reintegración de un objeto transportado, aun siendo instantánea, no

podría escapar a una mirada que observa el fenómeno y, de hecho,

en los otros casos que me dispongo a citar, los experimentadores

verificaron tal fase de condensación fluídica. De esto saco la

conclusión de que, presumiblemente, la causa de la perplejidad a

examen tiene su origen en una imperfecta descripción del relator,

que narra que, en la concavidad de la mano de la médium, se

veían caer o eran depositados los objetos transportados,

olvidándose de explicar si los mismos aparecían en el cuenco de la

mano como por encanto o si, por el contrario, eran vistos caer de lo

alto, como ocurrió con las bolitas del juego de Crosse. En este

último caso todo se explicaría, ya que, si la fase de condensación

del objeto transportado se verificaba fuera de la restricta zona de

observación, era natural que las miradas no la observasen.

Caso XXVII – Extraigo los siguientes episodios del pequeño

volumen de Henri Sausse, apóstol del magnetismo curador y

valiente hipnotizador.

Él magnetizaba o, si se quiere, hipnotizaba a una joven de

nombre Louise con el fin de obtener diagnósticos y pronósticos

para consultantes y, como suele suceder en tales casos, la

sonámbula empezó a hablar en nombre de personalidades

espirituales a que llamaba guías, los cuales producían fenómenos

de orden mediúmnico, inclusive innumerables transportes a plena

luz, cuyo inicio describe el narrador de la siguiente manera:

Durante el sueño sonámbulo, Louise me decía frecuentemente

que sus guías la llevaban a jardines espléndidos, donde se

respiraba delicioso aroma de flores. En la noche de 18 de enero de

1884, la induje al estado sonámbulo y ella me dijo que veía flores

más bellas de las que había visto nunca. El ambiente estaba harto

iluminado y yo me hallaba cerca de ella y la saturaba de fluidos

magnéticos. De súbito, ella exclamó: Oh, qué linda flor. Los guías

me dicen que la han traído para vos. Yo dije: entonces cogedla. Y

ella añadió: Hela aquí. Tomadla. Diciendo esto extendió hacia mí la

mano derecha abierta y, ante mis ojos, a plena luz y a una

distancia aproximada de 30 centímetros, vi formarse y

materializarse, en la palma de su mano, una soberbia rosa de té.

Ese fenómeno, absolutamente inesperado, nos llenó a todos

de alegría y esperanza, por lo cual decidimos resueltamente

proseguir en nuestras experiencias.

Debo añadir que, en el momento en que la sonámbula dijo:

“Hela aquí. Tomadla”, sentí violentas contracciones en el pecho y

cuando quise tomar la rosa de su mano, tuve que esperar a que

cesase la catalepsia de la mano, cuyos dedos se habían

endurecido.

El fenómeno se repitió el día 9 de febrero, día en que me

fueron transportadas tres rosas de té. Sus tallos parecían frescos,

como si hubiesen sido cortados en aquel mismo instante. Además

las flores y las hojas estaban humedecidas de rocío, cuyas gotitas

brillaban como diamantes a la luz de la lámpara. Esta vez, la

disposición de los fluidos había sido mayor y todo el cuerpo de la

sonámbula quedó rígido por efecto de la catalepsia.

Pregunté a la sonámbula: ¿Cuál es la causa que provoca ese

estado cataléptico en ti? – Ella me respondió: La dispersión de los

fluidos vitales necesarios para el trabajo de rematerialización.

Cuanta más cantidad pierdo bruscamente, tanto más general se

hace la contracción y si vos no intervinieseis para restablecer en mí

el equilibrio fluídico, yo no podría por mí sola obtener resultados

apreciables, o bien mi salud se resentiría gravemente. Para llegar a

la producción de estos fenómenos, no solo es preciso el

desprendimiento de una gran cantidad de fluidos míos, sino que

además he de hacer uso abundante de los vuestros, cuando me

magnetizáis, o entonces los sustraigo de vos y de los presentes en

el momento mismo en que se produce el fenómeno de

materialización de objetos transportados. Se trata de un fenómeno

muy delicado y bastante complejo, del cual yo misma me doy

cuenta vagamente, por lo cual no estoy en situación de poder

explicar sus modalidades. Es un proceso por demás interesante,

pero por ahora, es bastante saber que yo sin vos y vos sin mí nada

podremos conseguir.

En otra circunstancia referida por Henri Sausse en La Revue,

la misma sonámbula logró proporcionar importantes datos acerca



de las modalidades con que se verifican los fenómenos de

transporte. Informa ella:

Durante la desmaterialización, veo las moléculas del objeto

desintegrarse y separarse singularmente, aunque conservando

cada una su respectiva posición. Adquieren, en tal forma,

dimensiones mucho mayores, pero la forma inicial del objeto no

varía. En ese nuevo estado fluídico, los objetos no están sometidos

a las leyes de la gravedad y de la impenetrabilidad. Pueden

atravesar la materia sin dejar signo alguno de su paso, como

pueden también mantenerse indefinidamente en el nuevo estado,

sin alteraciones. Para la rematerialización, se produce el fenómeno

inverso; las moléculas que constituyen el objeto vuelven a tomar su

lugar primitivo, pero ese proceso se cumple bruscamente y

requiere del médium un gasto de fuerza psíquica que a veces es

muy grande. Debido al dispendio hecho, la catalepsia resulta

parcial o total, pero de todos modos, todo fenómeno se produce en

detrimento de las fuerzas del médium, cuya salud podría resentirse

si el gasto de fuerza se repitiese con mucha frecuencia.

He aquí otro episodio semejante a los anteriores y sucedido

tras largo período de interrupción de las experiencias, debido al

estado de salud de la médium. Escribe Henri Sausse:

El 28 de febrero de 1886 pregunté a Louise, en estado

sonámbulo: ¿Ves aún a nuestros guías? – Sí, respondió ella. –

Entonces les pido que nos transporten un objeto cualquiera y esto

a fin de que tú readquieras la confianza en ti misma que has

perdido, y para que nos demuestren, una vez más, que todavía y

siempre nos asisten. A estas palabras la sonámbula extendió la

mano abierta, bajo la luz brillante de la lámpara del centro, y

exclamó: ¡Mirad! Sin que su mano hiciese el menor movimiento, sin

que nuestras miradas dejasen por un solo momento de observarla,

vimos transformarse, en la cavidad de aquella mano, una

minúscula nubecita del tamaño de un huevo, nubecita que se fue

rápidamente condensando para luego transformarse en una violeta

de Parma, cuyo delicioso perfume se hizo sentir enseguida. El

fenómeno fue producido en ideales condiciones de observación.

El primero y el tercero de los fenómenos referidos constituyen

dos admirables ejemplos de fenómenos de transporte, en los

cuales los experimentadores pudieron asistir, a plena luz, a la

condensación fluídica de los objetos transportados. En el segundo

episodio, el relator nada dice respecto de ese detalle, pero, en



cambio, dice que las flores transportadas estaban humedecidas de

rocío cuyas gotas brillaban como diamantes, bajo la luz de la

lámpara, lo que proporciona otra buena prueba para la

demostración de la genuinidad de los hechos, mientras que la

rigidez cataléptica, en que caía la sonámbula, sirve para

confirmarla luego.

Al mismo tiempo, es evidente que los episodios en que los

asistentes ven, a plena luz, los objetos transportados, excluyen, de

forma categórica, toda posibilidad de fraude.

Eliminada ésta, la otra hipótesis, la de las alucinaciones

colectivas, no podría ser presentada contra la realidad de los

hechos, porque los objetos, materializados bajo las miradas de los

experimentadores, permanecieron en sus lugares, al paso que la

hipótesis extrema del embuste general por parte de los narradores

y de los experimentadores (hago notar que muchos relatos del

género llevan las firmas de todos los asistentes) no es seria, ni

sostenible, y no merece ser tomada en consideración, pues no es

lógicamente posible dudar del testimonio de tantas personas

honestas.

Caso XXIX – Lo extraigo del notable libro del Sr. Clive

Chapman, titulado The Blue Room (pág. 44), libro en que narra sus

propias experiencias de voz directa a plena luz con el auxilio de la

mediumnidad de su propia sobrina, la Srta. Pearl Judd. Ésta, antes

de llegar a la nueva fase de su mediumnidad, produjo

manifestaciones físicas de todas las especies, entre las que se

incluyen fenómenos de asport y de apport, que casi siempre el Sr.

Chapman pedía y obtenía cuando los miembros de su familia se

hallaban reunidos para refacción. En una de tales veces, tuvo un

episodio en el cual ya fue posible observar, a plena luz, la fase de

reintegración del objeto transportado. El Sr. Chapman lo relata en

los siguientes términos:

Dije que me arriesgaba a perder un billete de diez chelines…

Diciendo esto, lo doblé varias veces, reduciéndolo a un cuadradito

y lo coloqué encima de la mesa, cubriéndolo con un libro. Algún

tiempo más tarde, levanté el libro y lo vi aún. Empezaba a dudar

del éxito de la experiencia, pero mirando por segunda vez, vi que el

billete había desaparecido de debajo de él. Cuando hice tal

descubrimiento, entró la mesa en vivísima vibración, lo cual en el

código mediúmnico convencional quería expresar hilaridad por

parte de la entidad espiritual. Terminada la refacción, se empezó a

vaciar la mesa inmediatamente y, cuando mi sobrina estaba

colocando algunas piezas de la vajilla en el anaquel, fuera del

aposento, frente a la puerta y, en consecuencia, estaba de

espaldas a nosotros, lancé la mirada a la mesa y vislumbré una

especie de nubecita del tamaño de algunos centímetros, que se

hallaba a cerca de un pie del borde de la mesa. A través de la

misma, divisé el diseño de la alfombra, pero ella pronto se movió,

se condensó, solidificándose. Llamé la atención de todos para el

fenómeno y, momentos más tarde, estaba aquella nubecita

convertida en mi billete de diez chelines, doblado tal y como yo lo

había doblado. Y esta fue la única vez que nos fue dado asistir a la

materialización de un transporte ante nuestros ojos atónitos.

El episodio mencionado fue observado en condiciones de

manifestación inobjetables, notándose que, en el momento en que

se producía, la médium se hallaba lejos de la mesa y colocando la

vajilla en el anaquel, dando la espalda al punto en que se verificaba

el fenómeno.

Como ya tuve ocasión de decir bastantes veces, en las

modalidades con que se producen los fenómenos de transporte se

notan muchas veces particularidades que asombran a los profanos,

de modo que quedan perplejos e incrédulos, incluso cuando se

encuentran en la imposibilidad lógica de negarlos. Y, en el caso

expuesto, hay el detalle de que un billete de diez chelines, doblado

por el experimentador en un pequeño cuadrado, surge de la nube

fluídica en la misma forma en que él lo había reducido.

Respecto de la posibilidad de tales restituciones supra

normales de objetos en condiciones absolutamente idénticas a la

precedente, conviene repetir las explicaciones proporcionadas por

la sonámbula del Sr. Sausse, que así se explicó:

Durante la materialización, veo las moléculas del objeto

desintegrarse y separarse singularmente, aunque conservando

cada una su respectiva posición. Adquieren, en tal manera,

dimensiones mucho mayores, pero la forma inicial del objeto no

cambia. Para la rematerialización, se produce el fenómeno inverso:

las moléculas, que constituyen el objeto, vuelven a tomar su lugar

primitivo…

Este es el esclarecimiento de la sonámbula, el cual debe ser

racionalmente aceptado, ya que no solo se muestra conforme con

cuanto han explicado numerosas otras personalidades

mediúmnicas, sino que completa, admirablemente, la explicación

de éstas últimas, añadiendo el detalle de las moléculas que,

disociándose, conserva cada una la respectiva posición que

ocupaban en la formación del objeto, haciendo posible, con esto, el

fenómeno de la reintegración perfecta del mismo objeto.

Y, siendo así, se muestra entonces razonable y también

inevitable que un billete, con varios dobleces, se haya

rematerializado en las mismas condiciones a que había sido

reducido antes de la experiencia.

Caso XXX – Recojo el siguiente episodio en una narración

enviada a la Revista francesa por el Sr. A. Collas, que la completó

con una larga serie de informes ilustrativos, proporcionados en

respuesta a un cuestionario presentado por la dirección de la

Revista. Esclarece él:

Marie Louise, la médium, es hija de operarios. Por ocasión de

nuestra experiencia, podría tener entre 25 y 26 años y era

empleada de un negocio. Su inteligencia es común, la instrucción

limitada y el temperamento impulsivo. Después de conocerla de

cerca, se tiene la impresión de estar ante un ser cuyo físico no se

combina con el psíquico. Noto, además, ligera tendencia a la idea

fija bajo la forma de enfermedad imaginaria u otras preocupaciones

semejantes…

Nuestras experiencias se prolongaron durante dos años y

medio, con dos sesiones semanales, un cuarto de las cuales

resultaron negativas.

Desde el punto de vista teórico, no he podido obtener prueba

concreta de identificación espirítica, por eso dejo de pronunciarme

en relación al origen presumible de los fenómenos…

Tras esta narración, donde hay aclaraciones respecto de la

médium y del modo en cómo se desarrollaron las experiencias,

paso, sin más dilaciones, a relatar el episodio en aprecio.

Explica el relator que, cierta vez, la médium se portó de

manera extraña durante la refacción, lo cual indicaba haber caído

espontáneamente en estado de sonambulismo y entonces la mesa

se elevó enseguida, la luz exuberante del candelabro fue

amortiguada y empezó la sesión. Después de lo cual, así prosigue:

La médium salió lentamente del estado cataléptico, se levantó

y se dirigió al candelabro, junto al cual yo me encontraba y la

observaba, a plena luz, a una distancia máxima de 50 centímetros.

Colocó las manos una frente a otra y procedió como si manipulase

cualquier cosa. De hecho, alternadamente, sus manos se

separaban hasta unos 50 o 60 centímetros, después volvían a unos

12 o 15, mientras no cesaba de manipular cualquier cosa invisible.

Poco a poco, sin embargo, empezó a vérsele por entre las manos

una nebulosidad opalescente, después un delicado velo de

fumosidad blancuzca y trémula, que se formaba a la izquierda, y se

extinguía para volver por la derecha. Aparecieron después

filamentos tenues como de telaraña, que se hicieron más espesos

y consistentes, tomando el aspecto de un tejido que, con rapidez

fulmínea, variaba de densidad y forma. De repente, todos nosotros

vimos, en sus manos, un trozo de paño, de cerca de medio metro

cuadrado, de color amarillo brillante, semejante a la seda. Pudimos

acompañar, en casi todas las fases, el proceso de materialización y

desmaterialización. Terminado el fenómeno, los miembros de la

médium se quedaron lasos y ella cayó por tierra como un cuerpo

muerto.

Podíamos darnos por más que satisfechos, ya que raramente

es posible asistir a un espectáculo semejante, no obstante, nos

esperaba otro más, que fue algo así como la apoteosis de nuestras

experiencias…

Por tercera vez la médium cayó al suelo y hemos podido asistir

a una escena inolvidable. Sus facciones se volvieron cadavéricas,

impresionantes, pues parecía efectivamente muerta. Pero

simultáneamente su cuerpo quedó sumergido en flores: rosas,

violetas, claveles, todas empañadas del nocturno rocío y exhalando

delicioso perfume. ¡Qué enorme misterio! Éramos seis y cada uno

de nosotros se llevó a casa un ramo de aquellas flores.

En la respuesta al cuestionario que le presentó el director de la

Revista, el relator, volviendo al fenómeno de materialización del

trozo de tela, observó:

Se diría que la materia generada, o regenerada, se condensa

por líneas de fuerza, que un ocultista definiría como la trama astral

del tejido producido, que tendría por centro de condensación las

manos de la médium. En nuestras experiencias, después de cierto

número de alternativas preparatorias, parecía que la totalidad de

las moléculas que constituían el objeto transportado, se

precipitaban repentinamente sobre una especie de trama que

vagamente conseguíamos vislumbrar.

Esta última importantísima observación del relator es bastante

oportuna para completar la elucidación sugerida para el caso

precedente, en relación con la modalidad con que se determina la

desintegración y la reintegración de las moléculas que constituyen

los objetos transportados. Se vio, consonante los resultados

obtenidos que, en tal circunstancia, era obligado inferir que las

moléculas disociadas conservaban en el espacio su respectiva

posición. Y ahora, con la observación complementaria de este otro

experimentador, según la cual parecía que la totalidad de las

moléculas que constituían el objeto transportado se precipitaban

instantáneamente sobre una especie de trama que los

experimentadores vagamente lograban descortinar, hace despuntar

en la mente la idea de que los experimentadores habían tenido la

visión del duplo etéreo, primitivo e inalcanzable, que hacía el papel

de trama, sobre la cual vendrían a precipitarse, condensarse y

materializarse, por la ley de la afinidad, las moléculas disociadas

que, en nuestro caso, constituían el cuerpo del objeto transportado.

De ahí se saca la conclusión de que, si es así, será preciso

lógicamente generalizar, de forma bastante más amplia y fecunda,

tal principio o ley de la naturaleza.

Observo, a propósito, que las consideraciones expuestas

coinciden indisolublemente con lo que expuse en otro trabajo mío

titulado Pensamiento y Voluntad – Fuerzas Plásticas y

Organizadoras, en el cual cité cuatro ejemplos altamente

sugerentes en demostración de la existencia de un hecho biológico

ignorado: el de la circunstancia de que el desarrollo y la

organización de los seres vivos, animales y vegetales parece

producirse por efecto de una trama fluídica preexistente, sobre la

cual vendrían a fijarse, por un proceso lento y continuo, las

moléculas orgánicas proporcionadas por la sangre, en los seres

vivos y por la linfa, en los vegetales. Parece por tanto que, en los

fenómenos de transporte, se asiste a la exteriorización del mismo

principio, pues, en este caso especial, la precipitación molecular se

verificaba tanto de forma rápida como lenta y continuada.

Como refuerzo ulterior a la tesis propugnada, recuerdo una

frase del Dr. Schwab en el relato de la experiencia por él realizada

con la Sra. Marie Volhart (caso XI). Escribe él: Algunas veces la

médium declaraba haber sentido sobre su cabeza una piedra o una

herradura. Se colocaba, en aquel momento, la mano sobre la

cabeza de ella, nada se sentía, pero la fotografía revelaba, no

obstante, la presencia del objeto designado… Observo que, s