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VISIÓN ESPÍRITA
DEL CREACCIONISMO
La idea del creacionismo, establece que todo el universo es el resultado de una causa creadora. Esa causa creadora, por el hecho de ser el universo una obra inteligente, no puede ser una causa ciega, sino también inteligente, a la que en nuestra cultura se le dio en nombre de Dios. El hombre, desde los comienzos de la humanidad, y en el mismo momento que desarrollo la inteligencia suficiente como para poder pensar en relación al entorno que le rodeaba, así como en el desarrollo de su conciencia existencial, descubrió que él no se hizo a si mismo, como tampoco hizo el mundo en el que se encontraba, y en consecuencia de esto, pensó que debía existir un creador de todo. Esta idea, a prevalecido en el pensamiento de los hombres desde épocas inmemoriales, y aún sigue estando vigente en la cultura actual. Aún así, el concepto de un creador de todo, sufrió, a lo largo de la historia de la humanidad, diversas modificaciones en torno de su naturaleza, y dependiendo de la cultura de los pueblos, se le atribuía unas cualidades u otras. Por eso, encontramos que poco a poco, la idea de un creador, se fue relacionando con los procesos religiosos de adoración, veneración, ritual, en la idea, de que este creador, además de haber hecho todo lo existente, lo dirigía, y por lo tanto, el hombre tenía el deber de adorarlo para tenerlo contento. De esta creencia, (que expresamos muy brevemente y sin entrar en consideraciones), surgen distintas religiones que intentan explicar cómo Dios creo el mundo, ofreciendo una visión de la Génesis, que obviamente, por estar basada en conceptos muy primitivos del conocimiento, carece de lógica. Por ejemplo, en nuestra cultura, influenciados por la religión católica, el concepto del creacionismo es el que está establecido en la Biblia, el cual afirma que Dios hizo todo el seis días, incluso se presenta el orden en el que Dios creó las cosas. Haciendo un rápido repaso, no muy minucioso, tenemos que Dios, en el primer día, creó el Cielo y la tierra, y posteriormente, la luz. -El segundo día, el firmamento. -El Tercer día, aparecen las aguas, por lo que el elemento árido aparece como también el mar. También las plantas. -El Cuarto día, el sol, la luna y las estrellas. -El Quinto día, los peces y los pájaros. -El Sexto día, los animales terrestres. El hombre. Esta visión de la creación, está, lógicamente, subordinada a la capacidad racional de las personas de la época en la que fue dada, por que un simple análisis basta, para darse cuenta que ella carece de fallos. Por ejemplo, (y sin pretender aquí rebatir la idea del Génesis de la Biblia), encontramos que en el cuarto día, Dios creo el Sol, la luna y las estrellas, mientras que en el primero la luz. ¿Cómo había luz, si no había estrellas?. Por otro lado, la época en que la Biblia fija el momento de la Creación, está en unos 4000 años antes de Cristo, mientras que un estudio de los fósiles, y bajo la prueba del Carbono 14, se puede comprobar que el mundo existe desde un periodo muy anterior a el establecido por el Génesis. El proceso del desarrollo de la inteligencia, y con ella, de la aptitud de razonar, ha propiciado que el ser humano haya hecho una revisión de los conceptos que tenía en relación a las cosas, y el progreso ha ido cambiando aquellos conceptos equivocados que se tenían, sustituyéndolas por otras ideas mas acordes con el nivel intelectual de las épocas. Aún así, estas nociones nuevas, por no ser definitivas, sufrirán el mismo destino que sus precedentes, y así el hombre va poco a poco teniendo un mayor conocimiento de la realidad, sin nunca, o por lo menos, en mucho tiempo, tener una visión total y completa de las cosas. En la actualidad, la ciencia moderna, ha intentando también dar una explicación del surgimiento del universo, y esta, prescindiendo de la presencia de un creador. Para la ciencia moderna, el universo surgiría como resultado de una gran explosión, (Big Bang). Según esta idea, todo el universo se encontraría concentrado e una partícula subatómica, de naturaleza cuántica, que por una razón desconocida explosionaría, generando así las cuatro fuerzas existentes, (fuerza mayor, menor, gravitatoria y electromagnética), como también toda la materia del universo, que estaría en expansión. Esta propuesta, pese a tener el respaldo de la comunidad científica, no resolvería el principio de las cosas, ya que había que preguntarse cual es el origen primero de esa partícula tan especial, que poseería una densidad infinita, y actuaría dentro de las leyes de la mecánica cuántica, por lo tanto, imposible de determinar su posición en un momento preciso. La postura espírita delante de estas dos manifestaciones tan opuestas, es una postura de equilibrio. No negamos la presencia de un creador, una inteligencia actuante y creadora del universo, pero que consideremos la existencia de Dios, no implica que pensemos que la creación fue obra de un proceso milagroso, ajeno a las leyes universales que podemos observar. Nosotros, los espíritas, pensamos que debe haber una inteligencia suprema, que sea a la vez, la causa primera de todas las cosas, no importa como le llamemos, en nuestra cultura se le llama Dios, y por eso adoptamos ese nombre. ¿Por qué razón pensamos en la posibilidad de una inteligencia creadora?, por el axioma de que todo efecto tiene su causa, como también, todo efecto inteligente, tiene una causa inteligente. Así pues, basta con observar el universo, y podemos encontrar la precisión, las leyes que lo gobiernan, el surgimiento de la vida, de la inteligencia, obedeciendo todo, a leyes perfectamente coordinadas, perfectamente marcadas, que no pueden ser obra del azar. Sin embargo, no pensamos que la ciencia pueda estar del todo equivocado en sus conclusiones. Ya que aún suponiendo, (aunque no afirmando), que el universo fuera el resultado del llamado Big Bang, esto no implicaría que no existe Dios, pues esta partícula, ya sería un efecto, y como todo efecto, procedente de una causa. Así pues, procurando hacer un paralelismo entre el concepto de Dios, (Creacionista) y aquello que la ciencia valla descubriendo, podremos encontrar, como decía Buda, el camino del medio, ofreciendo respuestas mas completas, aunque no definitivas, de la realidad en la que nos encontramos.
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