DEMAGOGIA ESPÍRITA

 

Estimados compañeros-as del ideal espiritista, de este y otros países; paz, luz y trabajo para todos...

 

Haciendo un poco de autocrítica que nunca viene mal y que, además, enraíza , en este caso, con la propuesta mayor de nuestra doctrina: la auto reforma., consideramos desde nuestra opinión librepensadora, que, efectivamente, existe (desafortunadamente) una demagogia espírita. Esta, no es oriunda de esta doctrina de crecimiento, saber y humildad, pero sí fruto de la debilidad humana y, obviamente, el Movimiento espírita está constituido de personas, y por lo mismo, falibles...

 

La demagogia es hermana del pragmatismo mas radical, y este a su vez, consecuencia del orgullo, que campea a sus anchas en estos tiempos de relativismo ideológico tan de moda. Defender la unidad doctrinaria e intentar ser coherentes al máximo con la Codificación kardecista, es un deber moral para todo aquel que se llame espírita., y más aún en nuestra época, con tantos “vendedores del Templo” y tanta confusión pseudo-mística. Pero esto debe realizarse sin caer en el fanatismo (denostado por el mismo Espiritismo, no olvidemos).

 

En ocasiones, vemos como alguien más o menos neófito, lee determinado libro de contenido espírita que le termina gustando o le llama particularmente la atención., y al comentárselo a algún compañero con más experiencia en la labor kardecista, este exclama: “Hmmm...este libro no es muy fiable!” .. Y bueno, estaría bien, partiendo de la base de que la persona está utilizando un buen criterio, alejado de preferencias personales, pero de todas formas, y aceptando que ciertamente ese libro presenta alguna “falla” doctrinaria, esto puede señalarse de otra manera, apartando el trigo de la paja y quedándonos con lo que realmente importa.

 

Decimos esto porque no todas las personas se acercan a la doctrina a través de los libros de Allan Kardec (la guía segura y más completa, indiscutiblemente). Muchos compañeros que terminan adhiriéndose al ideal espírita, llegan en una primera toma de contacto a través de libros, podríamos decir menores, o con otro tipo de formato como pueden ser los “romances” espíritas, publicaciones de alcance más local, etc, etc.

 

Lo que desde luego no es muy doctrinario, si se estudia a fondo el asunto, es la opinión una veces desafortunada (nos puede pasar a cualquiera) u otras abiertamente personalística o fruto de una más que rigurosa demagogia, que resulta no tanto de que tal o cual libro no se ajuste exactamente a las propuestas espíritas, sino de que esa obra en cuestión no pertenezca a determinada editorial o esté avalada por determinada federación, por ejemplo. Es lógico que hay instituciones que se han ganado sobradamente el aprecio y la consideración de todos por su larga y digna labor en la divulgación espírita, pero, al mismo tiempo, no debemos olvidar que la comunicabilidad y transparencia de los Espíritus no es tanto cuestión de editoriales como de dignidad del canal elegido.

 

Sabemos que el Mundo espiritual se utiliza de incontables canales, biológicos y psíquicos, y cada uno cumple su función exacta. Si no prestamos atención a algunos tipos de observaciones y comentarios que podemos hacer, aparte de sembrar (seguramente sin pretenderlo) desilusión, podemos llegar a pecar de intolerantes o pragmáticos. Si actuamos a la ligera o sin el tacto necesario, podemos terminar simplificando la cuestión de esta manera: si determinado mensaje de importancia tiene que ser dado por los Espíritus benefactores, “sólo” se hará mediante tal Federación o tal editorial en exclusiva, y esto tampoco es ser del todo coherentes.

 

Juanma.