Algunas consideraciones sobre la obsesión

 

 

1.- Definiciones

 

La enciclopedia la define como idea o preocupación que no se puede alejar de la mente.

 

Para los espiritas es el imperio que algunos espíritus saben tomar sobre ciertas personas.

 

Por otro lado, la mediumnidad es la facultad por intermedio de la cual una persona sirve de intermediario para la comunicación de los espíritus. A las personas que tienen esta facultad se les llama médiums. Esta calificación se aplica solo a aquellas personas cuya facultad medianímica está claramente caracterizada por efectos patentes de cierta intensidad. La facultad medianímica no se revela en todos de la misma manera. Los médiums tienen generalmente, una aptitud especial para tal o cual orden de fenómenos y es por esto que hay tantas variedades como clases de manifestaciones.

 

La mediumnidad de inspiración está presente en mayor o menor medida en todas las personas.

 

2.- Tipos de obsesión

 

La obsesión es uno de los mayores escollos que presenta la mediumnidad.

 

Allan Kardec, el codificador de la doctrina espírita clasificó la obsesión en tres tipos, obsesión simple, fascinación y subyugación.

 

En la obsesión simple el espíritu perturbador engaña al médium, sustituye la influencia de los buenos espíritus y se mezcla con ella. El médium sabe que tiene que habérselas con un espíritu mentiroso y éste no oculta sus malas intenciones. En esta categoría se puede colocar la obsesión física que consiste en las manifestaciones físicas ruidosas y obstinadas (se oyen espontáneamente golpes y otros ruidos).

 

La fascinación tiene consecuencias más graves. Es una ilusión producida por la acción directa del espíritu sobre el pensamiento del médium y que de algún modo paraliza su juicio respecto a las comunicaciones. El médium fascinado no se cree engañado. La ilusión puede ir hasta hacerle ver lo sublime en el lenguaje más ridículo. El espíritu que provoca este tipo de obsesión es hábil, vivo e hipócrita porque para hacerse aceptar adopta un falso semblante de virtud. Teme a cualquier persona que ve demasiado claro por lo que si táctica es inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pueda abrirle los ojos. Podríamos decir que en la fascinación, el espíritu domina la razón del médium.

 

 

La subyugación es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo. La subyugación puede ser moral o corporal. La subyugación moral consiste en que el subyugado toma muchas veces determinaciones absurdas o comprometidas que cree sensatas, es una especie de fascinación. En el segundo caso el espíritu obra sobre los órganos materiales del médium y provoca movimientos involuntarios. Un ejemplo puede ser un hombre que sentía en las espaldas y en las piernas una presión enérgica que le forzaba contra su voluntad a ponerse de rodillas y besar el suelo de los parajes públicos. Este hombre pasaba por loco aunque él tenía el pleno convencimiento del ridículo.

Sería un error creer que los espíritus ejercen su influencia solo en las comunicaciones mediúmnicas. Esta influencia se da en todos los instantes, y aquellos que no se ocupan de los espíritus y que ni creen en ellos están expuestos como los otros. Sin el conocimiento de estos fenómenos el espíritu obra en la oscuridad y a favor de su invisibilidad puede hacer y en realidad hace mucho mal.

 

3.- Motivos

 

Los motivos de la obsesión varían según el carácter del espíritu, muchas veces es una venganza que ejerce sobre un individuo de quien ha tenido que quejarse durante su vida o en otra existencia. Otras veces es el deseo de hacer mal, como sufre, quiere hacer sufrir a los demás. De este modo, la impaciencia que se le demuestra le excita porque este es su objeto.

 

4.- Medios de combatirla.

 

Los medios de combatir la obsesión varían según el carácter que reviste. El peligro realmente no existe cuando el médium está bien convencido que tiene que habérselas con un espíritu mentiroso. Todo lo contrario sucede en la fascinación, porque entonces el imperio que toma el espíritu sobre aquel de quien se apodera no tiene límites. Lo único que puede hacerse con él es procurar convencerle de que está supeditado y hacer que su obsesión venga a ser simple (el obcecado sabe que lo está), pero esto no siempre es fácil y a veces es imposible.

 

La subyugación corporal quita a menudo al obcecado la energía necesaria para dominar al obsesor y es necesaria la intervención de una tercera persona que tenga ascendencia moral sobre el espíritu obsesor, al que se impone y el que se ve forzado a inclinarse ante él.

 

Estos consejos son generales, porque no hay ningún proceder material, ninguna fórmula, ni menos ninguna palabra sacramental que tenga poder de echar a los espíritus obsesores.

 

Las imperfecciones morales del obcecado son a menudo un obstáculo para su libertad, porque estas son las que atraen a los espíritus inferiores, por el contrario, la práctica del bien atrae a los buenos y su sola presencia basta para alejar a los obsesores.

 

El problema de la obsesión se muy común en la sociedad. Invitamos a toda persona que quiera profundizar sobre el tema al estudio de la Doctrina Espírita.